Peque y me siento Mal
…porque no es la primera vez que lo hago.
Ya le he pedido perdón a Dios y muchas veces le he prometido que voy a alejarme de esa tentación. Pero me cuesta demasiado, y simplemente vuelvo a caer. Yo se que está mal; ya no quiero pecar. Lo peor es que cada vez que sucede me siento muy mal, me da mucha vergüenza y ya no se qué hacer.
Dejame alegrarme por un momento y decirte que es una excelente noticia el que estés sintiéndote mal por haber pecado. Claro, no deseo que te sintás así, ¡pero me parece que esto es mejor que pecar y sentirse bien! Esto me dice que tenés una conciencia todavía sensible al pecado, y que seguramente, el Espíritu de Dios está hablando a tu vida. Sentir culpa o vergüenza es normal, y sobre todo positivo, si te lleva al arrepentimiento y al cambio. De no ser así, es probable que te dejés dominar por tus emociones hasta un punto de autoconmiseración (decir “no sirvo para nada, no valgo nada”) de donde va a ser mucho más difícil salir. ¡Hoy necesitás escuchar las buenas noticias para los cristianos que pecan! Dios no desea que pequemos. Por nuestro propio bien, y porque es desagradable a El, debemos mantener una vida de santidad. Cuando pequemos, es importante que inmediatamente recordemos 5 verdades que Dios dice al respecto.
1. Seguir en el pecado te lleva al fracaso: Proverbios 28:13.
El pecado busca entorpecer nuestra relación con Dios y destruir la felicidad en nuestra vida. Ninguna desobediencia lleva a la vida abundante y verdadera que Dios desea que experimentemos. Por tal razón, es importante que tomés hoy una decisión valiente y esforzada por hacer un cambio. Si realmente deseas crecer en tu relación con Dios y dejar que él te use para su gloria, es tiempo de desenmascarar el pecado; es tiempo de ponerte a cuentas con Dios.
2. Para ser limpio(a), necesitás confesar primero: I Juan 1:9.
Confesar significa estar de acuerdo con Dios, y ser muy específicos, al llamar pecado lo que es pecado. Es reconocer delante de él nuestra desobediencia; es no poner excusas, no intentar justificarnos. Es ser sinceros, honestos, transparentes. Lo emocionante es que al tomar esta postura con humildad, sabemos que entonces seremos limpios. Siempre podemos confiar en él para ser lavados de toda clase de maldad (no hay pecado tan feo, tan sucio, tan vergonzoso, tan humillante, tan esclavizante, tan arraigado, tangrande, que él no pueda limpiar).
3. No huyas de Dios, más bien acercate: Hebreos 4:16.
Nuestra tendencia es generalmente escondernos de Dios cuando hemos desobedecido. Desde el inicio, esta fue la reacción de Adán y Eva ante el pecado. Desde pequeños, es lo que por instinto hacemos cuando hemos desobedecido en casa. No hemos aprendido a venir con nuestra falta delante de la persona a quien hemos ofendido. Le tememos a la ira, al castigo. Esto es normal, pero no espiritual. Dios es la única persona quien, en momentos de angustia, de dolor, de humillación, de vergüenza, de tristeza, de decepción, de muerte por el pecado puede darnos socorro, auxilio y gracia. ¿Por qué huir de él entonces? Si la Biblia dijera “acerquémonos confiadamente al trono del castigo” seguramente no me convencería ni motivaría mucho. El trono de Dios es de gracia; es el lugar donde recibimos, en efecto, lo que no merecemos.
4. La gracia no te quita la responsabilidad de ser santo(a), más bien te da una nueva oportunidad: Juan 8:12.
Equivocadamente algunas personas han pensado que, puesto que existe la gracia, tenemos ahora “licencia para pecar”. ¡La verdad es que la libertad para pecar siempre ha estado allí! Eso no es nada nuevo (preguntale a Adán y a Eva). Pensar “como hay gracia entonces pequemos” es tan estúpido como decir “como hay medicina entonces enfermémonos” (intenta recordar esto la próxima vez que te contagiés de una gripe o sufras con diarrea). La gracia más bien te provee una nueva oportunidad de vivir libre del desastre del pecado; la gracia te brinda una salida cuando no había otra opción; la gracia te recuerda que no te conviene pecar. La gracia te acerca a tu Dios.
5. Buscá el apoyo de otros creyentes maduros: Gálatas 6:1,2.
La vida cristiana exitosa no se vive en soledad, se desarrolla en comunidad. La iglesia debe ser esa familia donde encontramos apoyo espiritual (y recordemos que los que necesitamos aliento y fuerzas somos los débiles y heridos). Por tal razón, es de suma importancia que contés con un(a) confidente que camine a tu lado en tu crecimiento espiritual. Encontrá a alguien espiritualmente maduro(a) con quien podás hablar acerca de tus luchas, de tus tentaciones, de tus pecados, y con quien juntos puedan orar para vivir en santidad. ¡Gracias a Dios no tenemos que vivir derrotados por el pecado! Hay esperanza para los cristianos que pecan. Para mantenerte en santidad, fortalecete por medio de la oración (Mateo 26:41), del estudio de la Palabra (Salmos 119:9) y del apoyo de un(a) confidente (Eclesiastés 4:9-12).
Finalmente, te recomiendo la lectura de “En busca de paz” por Charles Stanley (publicado por Betania). Además, si tienes otras preguntas, no dejes de visitar nuestro sitio, www.elbunker.net. “Solamente los que se hacen preguntas hallarán respuestas”.
Por Ing. Howard Andruejol
Via | El Bunker





Hay que seguir peleando la batalla
de la fe,
hay que continuar la carrera…
Cristo ya vencio a la muerte,
y satanas estara pronto bajo nuestros pies.
La vida es luchar teniendo en mente
que Jesus ya nos dio
la victoria! Aleluya!