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nov 20, 2006

Charles Stanley “La alabanza a Dios en medio del dolor”

Por qué a mi, Señor?
La alabanza a Dios en medio del dolor
Por Charles Stanley

Alabar a Dios es fácil cuando la vida es maravillosa. ¿Pero sabía usted que Él quiere que le demos gracias en todo, incluso en las circunstancias más difíciles?

Es fácil dar gracias cuando la vida está llena de bendiciones, como cuando recibimos un ascenso en el trabajo, intercambiamos votos matrimoniales, encontramos la casa de nuestros sueños, o tenemos nuestro primer hijo. Durante estos períodos de gozo, nuestra línea de comunicación con Dios puede rebosar de alabanza y acción de gracias.

Pero, ¿qué sucede cuando vienen sufrimientos a la vida, cuando perdemos nuestro empleo, sufrimos la muerte de un ser querido, o recibimos un diagnóstico médico traumatizante y ominoso? ¿Cómo reaccionamos en esos momentos inciertos, incluso trágicos, de nuestra vida?

Si alguien supo de tragedias, padecimientos y privaciones, ése fue el apóstol Pablo. Pero, a pesar de sus sufrimientos, mantuvo a Dios en primer plano: “Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Ts. 5:16-18). Santiago dice, además: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Stg. 1:2, 3).

Para la mayoría de nosotros, ésta es una tarea muy difícil, e incluso absurda. ¿Cómo podemos dar gracias a Dios en medio de las situaciones amargas y angustiosas que soportamos?

Un ejemplo de gratitud en medio de circunstancias horribles, es el de Gracia Burnham. Rehén de terroristas musulmanes por más de un año, y obligada a ver morir a su marido, Burnham experimentó el máximo dolor físico y emocional. Cuando volvió a los Estados Unidos, Gracia enfrentó todo tipo de preguntas.

Dijo que una de las más frecuentes era: “¿Se ha hecho usted alguna vez la pregunta ‘Por qué a mi, Señor?’” A esa pregunta, ella responde:

¿Saben una cosa? Yo tengo ese pensamiento todo el tiempo. Pero es: “¿Por qué me elegiste a mí para que naciera en los Estados Unidos, donde oigo de ti, donde tengo una familia que me ama, donde tenemos abundancia de comida, donde puedo elegir una carrera? ¿Por qué tengo unos hijos hermosos y saludables? ¿Por qué tengo un lugar donde vivir, cuando hay personas en otras partes que viven en casas de cartón? Si escribo las cosas malas que me han sucedido en la vida, son muy, muy pocas. Una de ellas duró bastante tiempo. Pero cuando escribo las cosas buenas que el Señor me ha dado, ¡Dios mío! Son innumerables. Uno puede llenar páginas y páginas. Eso es lo que les digo a las personas. “¿Por qué a mí, Señor? ¿Por qué me has bendecido tanto?”

Piense en las circunstancias difíciles de su vida. Independientemente de que se parezcan o no a la situación de Burnham, ¿de qué manera puede ver lo bueno en todo lo que le sucede? ¿De qué manera puede dar gracias a Dios por sus dificultades, como también por sus bendiciones? Recuerde: Dios tiene un plan perfecto para su vida. Los reveses temporales no deben jamás destruir nuestra confianza de que Él será suficiente.

Aun en las situaciones más terribles, todos tenemos algo por lo cual estar agradecidos: nuestros hijos, la familia, el trabajo, o una almohada donde recostar la cabeza. Y siempre podemos dar gracias a Cristo por el sacrificio que Él hizo por nosotros. La vida misma es un regalo de Dios.

Es importante que, al igual que Gracia Burnham, enfrentemos y sobrellevemos los retos que Dios pone delante de nosotros. Cuando buscamos una salida rápida, nos privamos de lo que Dios quiere hacer en nuestras vidas. Además, privamos a los demás de un ejemplo de aliento y esperanza.

A medida que se acercan las fiestas de fin de año, con el Día de Acción Gracias ya sobre nosotros, dejemos que nuestra luz ilumine a los demás por medio de nuestra alabanza a Dios en todas las circunstancias. Es fácil darle gracias por la familia y una mesa llena de comida, pero recuerde, conforme este año llega gradualmente a su fin y comienza uno nuevo, tener siempre presente en su mente la alabanza a Dios.

¿Significa esto que hay que estar gritando hacia el cielo todo el día? Claro que no. El salmo 92 da un modelo de alabanza cuando dice que debemos “anunciar por la mañana [Su] misericordia [de Dios] y [Su] fidelidad cada noche” (v. 2). Comience cada día con alabanzas a Dios, y llene después cada momento del mismo con mayor sumisión a Su voluntad.

Esmérese en este Día a dar gracias a Dios por Su gracia y provisión. Usted descubrirá pronto que Él le guiará en medio de las circunstancias más difíciles de la vida.