Mirar como Jesús miró a las personas
Tomado del libro: “Busquemos a Dios, sirvamos al hombre” de Tommy Tenney, Editorial Unilit.
Mirar como Jesús miró a las personas
¿Por qué no es como yo?
¿Alguna vez se llevarán bien María y Marta?
Cada año ministro en cientos de iglesias y conferencias en América del Norte y alrededor del mundo. He notado una cosa que parece que nunca varía de una reunión a otra, o incluso de una cultura a otra, y es que las personas ven las cosas de manera diferente.
Cuando hablo a las personas acerca de lo que pasó en una reunión, siempre me asombro de las diferentes percepciones que me comentan. ¡Muy a menudo escucho informes completamente distintos de dos personas que se sentaron una junto a la otra en el mismo servicio!
Una persona quizá diga: “Este fue el peor servicio al que alguna vez he asistido. No entendí ni una cosa de las que dijeron, y todos deseaban permanecer de pie por horas y cantar canciones que no conozco y que no me importa aprender. Solo lloraron y hablaron con Dios la noche entera, y nadie habló conmigo. Parecían que bendecían a todos los demás, pero no hacían nada por mí”.
Si habla con alguien que estaba sentado a la derecha de esa persona durante el mismo culto, tal vez sonría de oreja a oreja y diga: “¡Ese fue el culto más increíble al que alguna vez he asistido! La presencia de Dios era tan evidente en la habitación que uno podía sentirla. No recuerdo que antes haya llorado tan fuerte. Lo mejor de todo, me sentí una nueva persona cuando todo terminó”.
Hay tal dicotomía entre dos testigos que uno tiene que preguntarse si en verdad hablaban de la misma reunión o de dos actividades distintas por completo. ¿Cómo puede ser?
Ambas personas asistieron a la misma reunión, pero la percibieron desde dos puntos de vista radicalmente diferentes.
María y Marta de Betania ofrecen el modelo perfecto para esos puntos de vista. Lo más importante para Marta era lo práctico y lo menos importante era lo espiritual. María parece centrada casi exclusivamente en el campo espiritual mientras minimiza, o por poco pasa por alto los detalles prácticos de la vida y el servicio cristiano.
Analicemos la dicotomía entre María y Marta
Uno de los mayores problemas que enfrentamos en la iglesia es que nuestras Marías y Martas no parece que se lleven bien. Sin embargo, antes que podamos proponer soluciones al problema, debemos analizar la dicotomía entre María y Marta. La sabiduría para cada problema viene a través de la oración, el pensamiento diligente y la debida aplicación de los principios de Dios en la vida.
Por lo general, encontramos Marías de rodillas ante el Señor. Su principal señal distintiva es la posición de su corazón. En la casa de Marta vemos una reveladora postura de reverencia y adoración a los pies de Jesús. Lo mismo pasa después durante la cena llevada a cabo en la casa de Simón el leproso en Betania. En cada ocasión soportó la crítica y la protesta para dar por sentado su posición y derramar su regalo al Señor.
¿Qué me dice de Marta? Muchas personas leen acerca del servicio de Marta en la cocina y anuncian con gran autoridad: “Pues bien, a Jesús en realidad no le caía bien Marta; solo le simpatizaba María”. Si examina las Escrituras, descubrirá que esto no es cierto. Juan nos narra inmediatamente después que Jesús recibió un mensaje de que Lázaro estaba enfermo: “Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro” . En ese momento de crisis, el pensamiento de Jesús estaba en Marta. A María ni siquiera la mencionaron por nombre en esta oración.
Muchos estudiantes y maestros de la Biblia critican el empecinamiento de Marta con los “platos sucios” y las estrechas prioridades de la cocina. Por razones similares, a muchas madres hoy les advierten con el proverbio moderno: “Los platos sucios pueden lavarse después, pero no pueden tenerse por mucho tiempo a los hijos pequeños”. Sin embargo, el problema mayor de Marta no era una cocina sucia, ni vegetales sin lavar ni la interrupción en las preparaciones de la comida, era su actitud hacía María.
¿A quién necesitamos más: a la espiritual o a la práctica?
María y Marta tenían dificultades para llevarse bien, porque veían el mundo desde lugares totalmente diferentes. María es espiritual y Marta es planificadora y pone en práctica las cosas. María es la eterna idealista y Marta es la terrenal realista. Con franqueza, necesitamos las dos unciones para construir una casa adecuada para la eterna habitación divina. Si duda de esto, hágase esta pregunta: “¿A quién necesito más: a la espiritual o a la práctica?”
No importa a quién escoja; ningún proyecto, sueño o visión sucederá sin la total operación y cooperación de las personas de ambos “lados” del proceso.
Usted le contó a un contratista que quería una casa de tres pisos y luego le dijo: “Esto es lo que quiero. Ahora bien, le tengo asignado solamente los recursos suficientes para un arquitecto o un albañil. Escoja a quién quiere y después me dice cuánto tiempo hará falta para terminar la construcción”. Es probable que en ese momento el contratista mueva su cabeza y le diga adiós.
Nuestro reto es seguir los pasos de Jesús y ayudar a Marta para que comprenda la posición de María –y viceversa–. Tal parece que Jesús les recordaba constantemente a los discípulos, los fariseos y los escribas, y a personas comunes y corrientes como María y Marta: “Sí, tú eres mi hijo, pero este es también mi hijo, aunque sea diferente a ti”.
María y Marta son diferentes, pero las necesitamos a las dos
María se inclinó hacia el lugar de adoración y fe; Marta tenía una natural preferencia por el lugar de servicio o trabajos de fe. Sí, María y Marta son diferentes, pero las necesitamos a las dos. La Palabra dice: “La fe sin obras es muerta”. Por instinto, Marta trabajaría para vestir al desnudo, pero sospechamos que María habría estado tentada a solo orar por el desnudo –y cerrar sus ojos para evitar que la distrajera su desnudez–.
El Señor me ayudó a ver otra diferencia entre María y Marta durante un viaje ministerial a Senegal, en el África Occidental. Senegal está situada en una región desértica muy árida que linda con el desierto de Sahara. Uno de mis anfitriones misioneros dijo: “Hemos programado nuestros bautismos porque tenemos que traer el agua. Nunca hay suficiente agua en una aldea para gastar en el bautismo”.
Cuando llegó el momento de celebrar los bautismos en agua, pusieron un tanque de unos doscientos litros de agua en la parte trasera de una camioneta y condujeron hasta las aldeas. Alguien que quisiera bautizarse debía saltar dentro del tanque y cuando llegara el momento el amable ministro lo empujaría debajo de la superficie, y saltaría hacia atrás como una caja de sorpresa.
Comencé a pensar en el contexto de María y Marta y llegué a algunas conclusiones interesantes. Si usted es una María moderna, tomaría el agua de las aldeas exactamente como los misioneros lo hacen hoy. Por supuesto, no habría ninguna agua adicional disponible para que ellos beban, sino que el bautismo en el Señor es, al fin y al cabo, el foco principal.
Si usted es una Marta moderna, es probable que se preocuparía más de la transportación del agua pura a esas aldeas a fin de que las personas tengan un poco más de agua en esa árida tierra.
Organice un matrimonio de María y los planes de Marta
Decidí que si me era posible, arreglaría un matrimonio de María y los planes de Marta. Parecía lógico conducir esa camioneta a la aldea con un tanque de doscientos litros lleno de agua. Después que todo el mundo se bautizara y la última persona apareciera de repente en la superficie, haría que las personas tomaran el tanque de cincuenta y cinco galones e hicieran una fogata debajo de él. Después que el agua hirviera el tiempo suficiente para purificarse, se vaciaría a través de una tela limpia y estéril dentro de pequeños envases y se distribuiría como agua de beber. De esta manera, la iglesia sería bendecida en obediencia a la ordenanza de Dios del bautismo en agua y, al mismo tiempo, se convertiría en una bendición para la humanidad.
Hay una cierta tensión dinámica entre Marta y Marta, y la lista de “contrarios” que compilaríamos es al parecer interminable. Sin embargo, estoy convencido de que Jesús siempre se reúne con nosotros en el centro de esa relación dinámica. María y Marta no siempre se llevan bien, pero Dios se niega a dejarlas de esa manera. Se siente feliz cuando María y Marta están en la casa y trabajan juntas en armonía, y unen sus diferencias a sus pies.
Tomado del libro: “Busquemos a Dios, sirvamos al hombre” de Tommy Tenney, Editorial Unilit.
Visto | La Corriente del Espiritu




