Archive for August, 2009

Video Uncion Tropical y Mas


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Monday, August 31st, 2009 Videos No Comments

Pastor Cash Luna – Recoge tu cosecha

Honra a Dios al sembrar y cosechar porque Él es quien te provee de la semilla y además te dará recompensa cuando recojas el fruto de tu esfuerzo.

Joel 3:10 dice: Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces; diga el débil: Fuerte soy.

Cosechar es un asunto de transformación. Los instrumentos y temperamentos deben cambiar y prepararse para recoger el fruto. El débil se hace fuerte y el azadón se hace espada. Todo lo que podemos recibir de Dios requiere un cambio de nuestra parte. Si sembraste  Palabra en tu familia y peleaste por su conversión, prepárate porque vendrá el tiempo de ver los resultados.

La siembra y la cosecha es una ley poderosa que desperdiciamos o mal interpretamos. Le damos una connotación negativa porque la utilizamos para reprender faltas pero no para festejar logros. Cuando un hijo se equivoca le decimos: “estás cosechando lo que sembraste”, pero eso también se aplica en los momentos de triunfo. Refuerza positivamente y recuérdale a tus seres queridos que lo bueno también es fruto de la siembra oportuna.

Renueva tu mente porque pensar en una siembra desinteresada es una mentira que te impide cosechar.  Debemos reconocer que todo lo hacemos esperando retribución. Amas para ser amado, pagas los estudios de tus hijos esperando que aprovechen la oportunidad y obtengan buenos resultados. En casa saben que quien lleva malas notas necesitará de la protección divina y de todos los ángeles para librarse de la ira de este padre exigente.  Incluso inconscientemente somos generosos esperando recompensa, porque la Palabra dice que “el que al pobre da a Dios le presta” y sabemos que Él no se queda con nada. Entonces compartimos de lo que tenemos con la esperanza de que el Señor reconozca en nosotros personas generosas capaces de recibir Sus promesas.  Podrás recoger la cosecha cuando saques de tu mente la falsa humildad y seas transformado.

Para cosechar hay que sembrar

Proverbios 10:4-5 recuerda: La mano negligente empobrece; Mas la mano de los diligentes enriquece. El que recoge en el verano es hombre entendido; El que duerme en el tiempo de la siega es hijo que avergüenza.

De tu compromiso y entusiasmo depende si quieres ser rico o pobre. No puedes pedir que Dios te prospere si no eres buen trabajador. Ten cuidado de pretender comprar el favor divino, estás cometiendo un error si ofrendas y diezmas pidiendo que soporten tu negligencia. Solamente cosecha quien se esfuerza sembrando bien y cuida la semilla para que de buen fruto. Además, recuerda que si ya sembraste debes cosechar porque de esa forma enalteces a tu Padre.

Somos frutos de la cosecha de Cristo

1ra. Corintios 15: 20-23 confirma: Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo, en su venida.

Nuestro Señor Jesucristo es la primicia de la cosecha de nuestra resurrección. Él inició el proceso y nos involucró como frutos de Su sacrificio. No importa cuándo sea el rapto, lo importante es que estés preparado para ese momento y puedas presentar ante el Señor los frutos de tu trabajo como buen cosechador para Su reino.

1ra. de Corintios 15:35-38 cuenta:  Pero dirá alguno: ¿Cómo resucitarán los muertos? ¿Con qué cuerpo vendrán? Necio, lo que tú siembras no se vivifica, si no muere antes. Y lo que siembras no es el cuerpo que ha de salir, sino el grano desnudo, ya sea de trigo o de otro grano. Pero Dios le da el cuerpo como Él quiso, y a cada semilla su propio cuerpo.

Él es el grano de trigo que cayó al suelo y con su resurrección dio el fruto de tu salvación. Es imposible negar el principio de siembra y cosecha cuando nosotros mismos somos un resultado de aplicarlo. Nacimos a la vida eterna por una siembra.

La cosecha gloriosa

1ra. de Corintios 15:42-45 continúa: Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual. Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante.

La corrupción, deshonra y debilidad de la siembra se transforman en poder y gloria durante la cosecha. Todo el cansancio que implica sembrar y cuidar de la semilla se ve recompensado cuando tenemos el fruto ante nuestros ojos. El pueblo de Israel festejaba la cosecha porque era la culminación de un proceso largo y tedioso. Así nosotros debemos aprovechar nuestros talentos, sembrar y celebrar lo que obtengamos de ellos para beneficio nuestro y gloria del Padre.

1ra. de  Corintios 15:40-41 confirma: Y hay cuerpos celestiales, y cuerpos terrenales; pero una es la gloria de los celestiales, y otra la de los terrenales. Una es la gloria del sol, otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria.
Hay diferente glorias según la cosecha que obtengamos y no debemos desperdiciarlo por prejuicios que ni siquiera están sustentados en la Palabra del Señor.  El que no cosecha no recibe gloria y avergüenza al proveedor de la semilla.

Cosecha honesta y justa

Gálatas 6: 6-7 dice: El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye. No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.

Tratar de burlarse de Dios está asociado directamente a la ley de la siembra y la cosecha. No te engañes o intentes burlarte de Dios diciendo que te importa poco el fruto. Aléjate de dos grandes burlas: intentar cosechar sin sembrar o desperdiciar el tiempo de la cosecha por negligencia o indiferencia.

Lo que siembres recibirás. Pablo dijo que sembraba en lo espiritual para cosechar en lo material. Era próspero y no lo negó, incluso podemos leerlo en su carta a los filipenses cuando dice que tiene abundancia gracias a lo que recibió. Muchos me critican por lo que tengo pero no se fijan en lo que doy. La calidad de la siembra define la calidad de la cosecha. Los buenos frutos son bendiciones ante los ojos del Señor.

En 2da. de Corintios 9:8-10 leemos: Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia.

Dios es justo y le da a cada quien según merece. No todos ganan lo mismo en una oficina como tampoco todos los alumnos obtienen las mismas calificaciones en la escuela. Cada quien recibe lo que por justicia ha sembrado y cosechado. Dios le dio a todo el pueblo de Israel lo mismo pero aún así había gente pobre porque no todos aprovecharon la ley de siembra y cosecha. El oro de los egipcios, el maná del cielo, el agua de la peña, la tierra prometida fueron repartidos con justicia pero el que se negó a esforzarse recibió justo pago por su negligencia. Evita ser malagradecido, imita a quienes toman la semilla y trabajan por la cosecha.

Juan 4: 35-37 nos habla: ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega. Porque en esto es verdadero el dicho: Uno es el que siembra, y otro es el que siega. Yo os he enviado a segar lo que vosotros no labrasteis; otros labraron, y vosotros habéis entrado en sus labores.

Ninguno de los discípulos era agricultor, todos eran pescadores pero Jesús los envió a cosechar. La Palabra siempre da fruto. Lo vemos en la Biblia desde el Génesis. En este pasaje sucede lo mismo, la naturaleza se doblega ante Su poder y los milagros tienen lugar porque se obtuvo la cosecha en el tiempo del Señor.

La gran promesa es que recibirás salario además del fruto de tu siembra. Es parecida a la recompensa que un padre le da a un hijo cuando finalmente se gradúa de la universidad. Si el hijo aprovechó la semilla, estudió y obtuvo su título, entonces el padre podrá darle el dinero para que inicie su vida profesional. Dios te da la semilla para que siembres, te da la oportunidad de cosechar el fruto y además desea pagarte por hacerlo. Esa es una oferta que no puedes  rechazar. No lo avergüences negándote a recoger la cosecha. Hónralo con tu esfuerzo y deja que te transforme en un cosechador que se sujeta a Su palabra y sabe multiplicar las bendiciones que recibe.

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Monday, August 31st, 2009 Articulo, Predica 1 Comment

Como vivir tu Liderazgo al máximo, en el ministerio Juvenil

Por Paolo Lacota

Con pasos cortos se acercaba. Era una mujer de baja estatura y muy delgada que llegaba a Calcuta (India) cuando los agentes de migración, requiriendo sus documentos de identidad, le preguntaron: “¿Cuál es su nombre?”. Ella respondió: “Soy Teresa”. “¿Y cuál es el propósito de su viaje?”, indagaron. Ella dijo con mucha firmeza: “Vengo a ayudar a India”. El hombre la miró fijamente, replicando: “¿Tiene dinero?”. Ella tomó su bolso y dijo: “¡¡¡Tengo tres monedas y tengo a Jesús, puedo hacer cualquier cosa!!!”.
En una cultura como aquella, una mujer no tenía lugar en la sociedad, mucho no podía hacer. Pero aún así la dejaron pasar. Tal vez por las tres monedas más que por lo que podía aportar a la sociedad. Además, era una simple desconocida nacida en Skopje, Albania. Nada alteraría el curso de la historia.
Pero con el transcurrir de los años, antes que ella muriera, cada presidente o ministro en todo el mundo, sabía quién era ella. La que con tres simples monedas y Jesús afectó el mundo entero, porque decidió ser fiel a Dios y ayudar a ese pueblo.
Cuando decides tomar lo que Dios te dio para servir a otros, ocurren cosas que ni imaginaste.

No necesitas ser un súper dotado para servir. Ni siquiera necesitas saber leer, escribir o tener una certificación con las mejores calificaciones para hacerlo. No necesitas llegar hasta un postgrado en tus estudios para ayudar a la gente que está a tu alrededor.
Martin Luther King, Jr. Lo dijo de esta manera:
“Todos pueden ser grandes…
…Porque todos pueden servir.
No tienes que tener un diploma para servir
No tienes que saber gramática para servir
Sólo necesitas un oído lleno de gracia y un alma impulsada por el amor”

Servir es un estilo de vida, que te llevará a experimentar los momentos más gratificantes de tu vida si lo haces con la motivación correcta. De ahí la importancia que como Líder juvenil conozcas el potencial que Dios te ha dado y empieces a buscar oportunidades para desarrollarlo y así vivir tu vida al máximo. Para ello, considera lo siguiente:

Ten un propósito por el que valga la pena vivir.

Jack Morrison, bombero de vocación, lucha arduamente por abrirse camino entre llamaradas de fuego y explosiones dentro de un gran almacén. Su objetivo es rescatar a un ciudadano atrapado por el intenso fuego. Ingresa al almacén y en el empeño de seguir avanzando para salvar a la víctima, un derrumbe lo sorprende dejándolo atrapado entre escombros y metales de las estructuras caídas.
Desde afuera, el capitán Mike Kennedy -mentor, amigo y jefe de bomberos de Jack- hace todo lo posible por rescatarlo con vida.

Hay camiones cisternas de la unidad de bomberos, luces, sirenas, helicópteros, gigantescas llamas y columnas enormes de humo subiendo del gran almacén. Adentro de aquel edificio ardiente, Jack Morrison está inmóvil en el suelo, atorado por los escombros y pedazos de edificación que hace instantes habían caído sobre él. Es en ese instante que empieza a recordar y a visualizar en su mente escenas pasadas de su vida. Entre ellas, el momento en que conoció al Capitán Kennedy, sus inicios y el descubrimiento de su pasión, profesión y vocación: ser un rescatista y salvar vidas, enfrentando todo tipo de peligro, obstáculos y dificultades; poniendo en riesgo su propia vida a favor de personas que ni siquiera conoce, hasta el trágico momento en el cual se encuentra atrapado.

Cada recuerdo denota la desinteresada motivación de cumplir con su deber. Esas historias vividas asoman pensamientos que le hacen suponer que cumpliendo y desarrollando su vocación fue que Jack encontró a sus más cercanas amistades, conoció al amor de su vida, experimentó la realización de sus sueños y entendió que las verdaderas recompensas a su labor son los rescates logrados a lo largo de su carrera.

Mientras Jack se encuentra caído, aguardando ahora su propio rescate, afuera de aquel edificio sus amigos y compañeros de vocación trabajan arduamente por salvarlo de una tragedia de la cual parece imposible salir con vida.
Quizá hasta aquí no se había dado cuenta, pero Jack había descubierto su propósito en la vida sirviendo a otros.

Dos grandes interrogantes surgen de aquel filme titulado “Brigada 49”:

¿Qué lleva a un hombre a entrar a un edificio en llamas cuando todo el resto está corriendo hacia fuera? ¿Por qué los bomberos dejan a sus familias todas las mañanas para arriesgar sus vidas por extraños?

La palabra clave que responde a ambas interrogantes es: “Propósito”.
Lo hacen porque es el motivo de sus vidas. Lo hacen porque lo llevan adentro, porque es la razón de sus existencias, y aunque tienen la posibilidad de estar haciendo cualquier otra cosa, saben que no sería lo mismo.
La valentía, la audacia, el coraje y la lealtad afloran en ellos, desde el día en que descubrieron que esa es su vocación y su propósito.

Al reflexionar sobre nuestro propósito en la vida, recuerdo las palabras de Henry Ford, pionero de la industria automotriz, quien dijo: “Todo el secreto de una vida exitosa es descubrir qué estamos destinados a hacer, y luego hacerlo”.

En primer lugar tienes que entender y asumir que tú eres el capitán de tu vida y la persona a quien Dios coloco para guiar a tus jóvenes. y que tienes la responsabilidad de llevar tu vida hasta el destino que Dios trazó para ti y también de ayudar a tus chicos a que puedan los propósitos de Dios para ellos.
No tendrás la oportunidad de culpar a otros de dónde y en qué situación te encontrarás en 5 o 10 años. A esa altura estarás viviendo las consecuencias de tus decisiones de hoy. Es tu responsabilidad averiguar cuáles son los caminos que tienes que recorrer y utilizar todos los recursos que Dios te da para encaminarte hacia aquello que Él tiene preparado para ti. De esta manera puedes trazarte metas que te acercarán a la misión que tienes en esta vida. Sólo tú puedes descubrir el propósito que Dios tuvo al crearte. Sólo recuerda que sea cual fuere ese propósito siempre apuntará a servir a tu generación, a dejar una huella en la vida de los que te rodean.

“Los sueños de Dios, no caben en tus sueños, pero tus sueños si caben en los sueños de Dios… sueña en grande, pero asegúrate que en tus sueños estén incluidos los sueños de tus jóvenes, y ten por seguro que entonces sí será un sueño de Dios”.

Busca oportunidades para servir, no para sobresalir.

A veces pensamos que a través del servicio podremos escalar posiciones y llegar a sitiales o metas que nos hemos propuesto, otras veces usamos el servicio como una excusa para alcanzar ciertos privilegios, pero debemos corregir esta errada motivación y entender que el poder servir a otros en sí ya es un privilegio, un honor y una recompensa. Debemos canalizar nuestras motivaciones a través del amor y del agradecimiento. Debemos servir porque entendemos que es parte de los privilegios que Dios nos permite hacer, y porque entendemos la grandeza y el honor de ser parte de de este gran operativo de rescate, de un mundo perdido que necesita con extrema urgencia experimentar el amor incondicional de Dios a través de nuestras vidas.

Un gran ejemplo de canalizar nuestros talentos como una oportunidad para servir a otros y no solamente para sobresalir o destacarnos en algo, fue Eric Liddell, uno de los misioneros que más ha impactado mi vida, él fue hijo de una pareja de misioneros que había entregado su vida a servir en la China. Desde muy pequeños Eric y sus hermanos vieron a sus padres dedicarse con una pasión inconmovible al pueblo chino. En 1920 se inscribió en la Universidad de Edimburgo, donde descubrió sus aptitudes y desarrolló sus dotes atléticos, ganando grandes premios, y destacándose como corredor.
En el momento cúspide de su carrerra deportiva, habiendo conseguido la medalla dorada en las olimpiadas de Paris en 1924, y batiendo un nuevo récord mundial, decide dejar todos sus logros de lado, para correr una mejor carrera, servir a Dios.
Luego de terminadas las Olimpíadas de París, y de haber concluido sus estudios universitarios, regresó a China, en donde sirvió como misionero desde 1925 hasta 1943. Su trabajo como misionero tuvo el adicional de gran riesgo para su vida ya que se produjo la invasión japonesa a China. En 1943 Liddell, junto a otros misioneros americanos, pasó a trabajar tras las líneas japonesas. Ese mismo año aparecieron los primeros síntomas de la enfermedad que le provocaría la muerte, un tumor cerebral. Al poco tiempo fue internado en Weishien. Dos años más tarde el extraordinario corredor olímpico y abnegado misionero falleció en China.
Al enterarse de la muerte de Lidell, Escocia y toda Gran Bretaña estuvieron de luto.
Su enfermera relata que sus últimas palabras fueron de regocijo por la tarea cumplida: “Lo he entregado todo”.
La pasión de servir a esa nación no fue detenida por la fama ni por el dinero, había dedicado su vida por ayudar y dar a conocer a Jesús. La habilidad de ser un gran corredor lo utilizó para servir a otros. Durante la guerra corría kilómetros trasladando a los heridos para que sean atendidos.
En una ocasión Eric dijo: “No tienes que ser famoso o especialista para servir al Señor. Dios pregunta solamente si en lo que te desempeñas lo haces con sinceridad y fidelidad. Dios te ha llamado para que lleves fruto, y ése fruto debe permanecer. Dios honra a sus fieles, y él honrará tu obediencia, con una vida que trasciende hasta la eternidad. La entrega completa a Cristo es la victoria total”.

Involúcrate en la causa
Tiempo atrás con mi esposa y mi hija tuvimos la oportunidad de visitar el Gran Cañón en Arizona, Estados Unidos; y las Cataratas del Iguazú, Brasil. Al llegar a estos lugares uno dice wow! Como puede alguien dudar de la existencia y el poder de Dios ante tales majestuosidades. En verdad es impresionante, es imposible olvidarlas. Quedan grabadas en la mente. Creo que forman parte de las maravillas más grandes de las que podemos ver en la tierra. Sin embargo, hay otra maravilla en el mundo que muchas veces no vemos o no le damos el elogio que se merece. Una maravilla que cuando la notas marca tu vida para siempre y deja una huella imborrable en ti. Es una especie en peligro de extinción que tiene un valor incalculable para la raza humana, que marca la historia de la humanidad. Esa especie en peligro de extinción son padres que enseñan la Biblia a sus hijos, instruyéndolos a vivir bajo sus principios. Son maestros en escuelas y universidades que con sus vidas reflejan el amor de Dios. Son empresarios que aportan sus impuestos al gobierno, que dan un trato justo a sus empleados y sirven honestamente a sus clientes con la calidad que prometen. Son hombres y mujeres que deciden escoger hacer lo correcto antes que escoger solo lo que les conviene. Son Líderes juveniles que con sus vidas modelan a Jesús, que instruyen en las escrituras a las nuevas generaciones y que entregan sus mejores años a esta causa.

Es hora de actuar, sé parte de esta especie que no se extinguirá.

Comienza desde donde estás y con lo que tienes en tus manos, recuerda que muchos hombres y mujeres que marcaron la historia empezaron sirviendo con pequeñas cosas que luego se convirtieron en gigantescos milagros. Empieza sirviendo en los pequeños detalles de la vida. Cuando ayudas a algún anciano o a alguna persona con necesidades específicas estás sirviendo; cuando prestas atención a un amigo que necesita ser escuchado también lo estás haciendo. Proponte a ayudar en tu hogar, a tus padres, a tus hermanos; muéstrate accesible ante cualquier necesidad que veas a tu alrededor. No olvides que cuando predicas del amor de Dios con tus acciones y palabras en tu familia, en tu grupo de jóvenes, en la universidad o en tu trabajo estás sirviendo.

Fuiste creado para brillar e iluminar el camino de los que están cerca de ti. Sé incluyente; anima a los demás; inventa cosas nuevas; desarrolla tus talentos; estruja al máximo tu imaginación; busca nuevas oportunidades; piensa ideas ingeniosas; crea soluciones a los imposibles para otros; no bajes los brazos; descubre nuevos horizontes; sueña en grande; extiende tu mano; comparte con otros; aprende de los demás y nunca, nunca dejes de vivir y compartir el amor incondicional de Dios.

No olvides que las consecuencias del servicio son sumamente poderosas, generan bendiciones que no podrás dimensionar hasta dónde llegarán. Vendrán desde el cielo con consecuencias eternas dejando una huella imborrable en las personas a quienes has ayudado y también llegarán a tu vida por haber sembrado semillas de servicio, cosechando una vida llena de consecuencias sobrenaturales. Cuando eso suceda no olvides que: “Cuando Dios te bendice, es simplemente para que puedas servir a más personas”. Y que la mayor recompensa es saber que tu vida sirvió para ayudar y rescatar de la desesperanza y el dolor a otros. Tal como lo reflejan las palabras de Jesús en Mateo 28.20: Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

“Hay un destino que nos vuelve hermanos, ninguno sigue su camino solo. Todo lo que damos a la vida de los demás, regresa a nuestra propia vida”.
Edwin Markham

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Saturday, August 29th, 2009 Articulo, Jovenes 5 Comments

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