Archive for September, 2009

Hay algo que justifique la infidelidad en el matrimonio?

El matrimonio para Dios es sagrado y ha establecido normas estrictas para sus hijos en lo referente al matrimonio.

Definitivamente ¡no!

Pueden existir circunstancias que provoquen o conduzcan una infidelidad en el matrimonio pero no existe nada que justifique la misma.  Una infidelidad lo único que trae son problemas, para la pareja y para sus hijos.

Razones, circunstancias y argumentos para justificar una infidelidad sobran, y seguramente en gran parte de los casos no sea un acto premeditado de las personas que se ven involucradas en una situación de éstas, pero tanto las leyes seculares como los mandamientos de Dios nos mandan a ser fieles en las buenas y en las malas y amar hasta que la muerte nos separe.

Aparte de las infidelidades causadas por trastornos emocionales o adicciones sexuales, en su gran mayoría ocurren cuando el cónyuge que comete la infidelidad, se justifica sobre el argumento de la falta de atención, valorización, interés, mala comunicación con su pareja e incluso la infidelidad del cónyuge.  Si a esto le sumamos el entorno que nos rodea lleno de tentaciones, mensajes subliminales y directos de los medios publicitarios y del cine, nos encontramos con las seducciones sexuales a la orden del día.

Mateo 5:27-30 nos dice: “Habéis oído que se dijo: “NO COMETERAS ADULTERIO.” Pero yo os digo que todo el que mire a una mujer para codiciarla ya cometió adulterio con ella en su corazón. Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno.”

El matrimonio para Dios es sagrado y ha establecido normas estrictas para sus hijos en lo referente al matrimonio y la moralidad sexual.  Dios aprueba y bendice únicamente la intimidad sexual dentro del matrimonio.

El capítulo 13 del libro de Hebreos nos habla de los deberes cristianos y en el versículos 4 nos habla específicamente del matrimonio y el adulterio: “Honroso sea en todos el matrimonio,  y el lecho sin mancilla;  pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios.”

Dios nos ha dado un espíritu de amor, poder y dominio propio para poder tener una actitud positiva y dar un buen fruto respecto a los deseos de la carne y satisfacciones inmorales.

Así que el rendimiento en fe de nuestros deseos a la voluntad de Cristo en lo que respecta a conservar nuestra pureza, nos ayudará a fortalecer nuestro dominio propio por medio del Espíritu Santo.

Cuando ya ha habido infidelidad dentro del matrimonio,, es importante tomar acción y buscar la restauración del matrimonio, busquen ayuda de un consejero espiritual. Por supuesto que no será fácil pero por medio primeramente de una buena  y honesta comunicación y sobre todo sobre una base de perdón completo por ambas partes será menos difícil. Es importante en toda reconciliación declarar a Cristo como el centro de su matrimonio y que sea El quien los guíe y ayude a vivir en un marco de respeto, amor y obediencia a sus preceptos.

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Thursday, September 17th, 2009 Articulo, Predica 3 Comments

Una patria mejor

Escrito por Dan Schaeffer

Los santos del Antiguo Testamento esperaban con fe la seguridad de vida eterna, dada por Dios, después de su muerte. Lo que estaban buscando, era en realidad “una patria mejor… una celestial”. Hace unos meses, estaba leyendo un artículo acerca de cosas de lujo que se podían comprar, y una captó mi atención. Por un precio muy alto, uno podía ser congelado criogénicamente. Eso me recordó el artículo titulado “Hombre introduce demanda para que le permitan congelar su cabeza antes de morir”, que había leído en la prensa local hacía varios años.

Thomas Donaldson, un matemático con un tumor cerebral estaba demandando al estado de California, con la esperanza de que le congelaran científicamente la cabeza antes de morir. Pensando que la medicina podría a la larga ofrecer una cura y también conectar la cabeza a un cuerpo sano, buscaba el permiso para utilizar esta técnica sin precedentes.

La suspensión criogénica implica un controversial procedimiento en el que la totalidad o parte del cuerpo de una persona se mantiene a menos 320 grados Farenheit. Pero el problema era que Donaldson quería que le preservaran la cabeza antes de que su cerebro muriera.

Acceder a esta solicitud, por supuesto, significaba un suicidio de su parte, y un asesinato por la parte de los médicos. Pero, decía Donaldson, “me estoy muriendo y quiero ser suspendido criogénicamente para poder ser revivido después y seguir viviendo”.

Salomón escribió en Eclesiastés 3.11 que Dios ha puesto eternidad en nuestros corazones. En lo más profundo de nosotros existe el deseo de vivir para siempre. Incluso quien tiene ideas suicidas elegiría vivir para siempre si su vida fuera diferente. El mundo está llena de historias de hombres que hicieron lo imposible por vivir para siempre. Pero los que tenían fe recurrieron al Padre celestial en busca de la inmortalidad.

El libro de Hebreos nos recuerda que los santos del Antiguo Testamento esperaban con fe la seguridad de vida eterna, dada por Dios, después de su muerte. Aguardaban la promesa de la resurrección, al mismo tiempo que experimentaban el mismo sentimiento de ser forasteros y exiliados en la tierra. Lo que más anhelaban sus almas no lo encontrarían en esta vida; eso lo sabían intuitivamente.

Lo que estaban buscando, en realidad, es lo que el autor de Hebreos llamó “una patria mejor” (He 11.14-16). Pero eso no sería, por sí sola, una buena noticia. Tener un anhelo profundo por una patria mejor sería una buena noticia sólo con una condición, la cual revela el autor en la segunda parte del versículo: “Por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad” (cursivas añadidas). Lo que ellos esperaban, era lo que Dios tenía toda la intención de darles.

Job dice en el Antiguo Testamento: “Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí” (Job 19.25-27).

La resurrección era una esperanza ansiada en el Antiguo Testamento, pero en el Nuevo Testamento es una esperanza encarnada en Jesús. El Redentor de Job es nuestro Redentor, y también el primer Hombre resucitado de los muertos para la primicia de vida que es la humanidad glorificada.

Enfatizamos al mundo que Jesús vino a morir y a “dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20.28). Pero el propósito de su vida no fue proporcionar una muerte, Él vino para dar vida, ¡vida eterna! Los propósitos de nuestro Señor iban más allá de simplemente ofrecer el perdón por los pecados; lo que tenía en mente era la vida eterna, para la cual habíamos sido preparados: para la vida eterna que Él disfrutaba con su Padre.

Ésta fue la vida que perdimos en el Edén, la vida que estábamos destinados a vivir. Era una vida sin corrupción, sin fin, sin dolor, tristezas o sufrimientos. Era una vida con Dios, ¡para siempre! En la Pascua de Resurrección centramos la atención en la crucifixión, porque es por ella que recibimos vida eterna. Pero no debemos olvidar levantar nuestra mirada más allá del presente, y vislumbrar el propósito eterno para el cual murió Cristo.

Cuando Jesús anduvo en la tierra, no pensó sólo en la muerte segura y sacrificial que finalmente tendría. Hebreos nos recuerda que Él sufrió la cruz “por el gozo puesto delante de él” (12.2). La muerte y el pecado tienen una vigencia limitada, pero la vida eterna con Dios no.

Sin embargo, incluso el cielo no sería más que la promesa de unas vacaciones gloriosas, si no fuera por la seguridad de la eternidad. Ninguna vida, no importa lo maravillosa que puede ser, es capaz de satisfacer nuestros anhelos más profundos. Ansiamos vivir para siempre en nuestra vida actual, pero será sólo en la eternidad donde nuestra nuestras almas se saciarán verdaderamente, porque la eternidad dejará tiempo para todo.

Nos atareamos demasiado y nos exigimos tanto, porque la vida humana es breve. Muchas veces, sin darnos cuenta, tratamos de meter la eternidad en 70 u 80 años. Y nos maravillamos de la tranquilidad de nuestro Señor, quien se dio a sí mismo sólo tres años para llevar a cabo la gran tarea de la redención. Él nunca se sintió apremiado o urgido, porque nunca quitó sus ojos de lo eterno.

Fuimos creados para la eternidad, hechos a imagen de Dios, que es un ser eterno. Un millón de años no son tiempo suficiente para experimentar la vida que Dios ha dispuesto para usted. ¿Qué se siente no tener tiempo aquí en la tierra? ¿Qué ambiciones ha tenido que dejar de lado? ¿Qué oportunidades le fueron negadas? ¿Con qué limitaciones luchó? ¿Qué injusticia obstaculizó su progreso? La respuesta a estas preguntas no deben ser la ira, la amargura, la decepción o la tristeza.

La respuesta es la eternidad. Una vida acortada por el pecado no fue jamás el tiempo que Dios pensó darnos para lograr todo el potencial que Él creó en nosotros.

Gran parte del estrés de la vida moderna se encuentra en la necesidad de elegir cómo y dónde pasaremos nuestro tiempo. Se nos ha enseñado que el bien más precioso es el oro, pero eso está lejos de ser la verdad. Si usted poseyera todo el oro del mundo, pero luego su médico le dice que tiene una enfermedad terminal, ¿cuánto querría celebrar su riqueza? El tiempo es lo más precioso que tenemos.

El pecado no sólo nos robó la eternidad; también ha destruido nuestra capacidad de disfrutar de los años humanos en este mundo. Y vemos los efectos del pecado más gráficamente a través del tiempo: nuestros cuerpos se debilitan, nuestra visión se oscurece, nuestra salud se deteriora y nuestras oportunidades se evaporan, hasta que al final podemos incluso recibir de buena gana el fin de nuestros días en esta tierra.

Pero, a causa de Cristo y de su muerte y resurrección, podemos cansarnos de la vida humana al igual que una mariposa se cansa de su sofocante capullo. Nuestro cuerpo anhela ser puesto en libertad para la vida para la cual fuimos creados. Pablo dice: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (2 Co 5.1, 2).

Cuando María y Marta lloraban la muerte de Lázaro, Jesús trató de ayudar a Marta a salir de su limitada perspectiva en cuanto a la vida. Simplemente le dijo que su hermano resucitaría. Marta asintió amablemente: “Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero” (Jn 11.24). Ella sabía que Dios algún día resucitaría a Lázaro. Jesús le dijo entonces: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto? (vv. 25, 26). Es de dudar que Marta hubiera entendido en ese momento lo que Él quiso decir, aunque afirmó que sí. Pero unos minutos después, Jesús levantó a Lázaro de los muertos. Fue entonces, pienso yo, que Marta lo entendió.

Sin embargo, Lázaro resucitó sólo a la vida humana temporal, para que Jesús pudiera demostrar su poder sobre la muerte. Lázaro moriría de nuevo, y un día necesitará ser resucitado a la vida eterna.

Fue la resurrección del Señor lo que ilustró cómo será la vida después del capullo de las limitaciones humanas. Jesús fue plenamente humano, pero de una manera que nadie lo había sido antes. Sólo en Él habita un cuerpo humano eterno que ha sido glorificado, y que no tiene limitaciones, un cuerpo en el cual el tiempo no tiene ningún efecto. Jesús no vino sólo para dar vida eterna; Él era, en realidad, la vida eterna, y fue Él de quien provino la vida eterna para la humanidad. Gracias a que Jesús tuvo vida eterna para dar, Él puede darnos esa vida a nosotros. Nuestra vida seguirá siendo eterna como la suya, porque Él se ha unido a nosotros para siempre.

Éste es el comienzo de la promesa de la Pascua de Resurrección; es el vislumbre de la vida eterna en la Patria Mejor. El haber recibido el regalo de la salvación eterna significa que usted jamás dejará de existir. Su capullo terminará para siempre, y ése será el comienzo del resto de su vida. Para siempre.

Dan Schaeffer

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Thursday, September 17th, 2009 Articulo No Comments

Video Ingrir Rosario – Quiero estar en tu presencia


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Tuesday, September 15th, 2009 Videos No Comments

Proverbios 8

Proverbios 8

Llamado de la sabiduría

1 ¿Acaso no está llamando la sabiduría?
¿No está elevando su voz la inteligencia?
2 Toma su puesto en las alturas,
a la vera del camino y en las encrucijadas.
3 Junto a las *puertas que dan a la ciudad,
a la *entrada misma, grita a voz en cuello:
4 «A ustedes los *hombres, los estoy llamando;
dirijo mi voz a toda la *humanidad.
5 Ustedes los *inexpertos, ¡adquieran prudencia!
Ustedes los *necios, ¡obtengan discernimiento!
6 Escúchenme, que diré cosas importantes;
mis labios hablarán con *justicia.
7 Mi boca expresará la verdad,
pues mis labios detestan la mentira.
8 Las palabras de mi boca son todas justas;
no hay en ellas maldad ni doblez.
9 Son claras para los entendidos,
e irreprochables para los sabios.
10 Opten por mi *instrucción, no por la plata;
por el *conocimiento, no por el oro refinado.
11 Vale más la sabiduría que las piedras preciosas,
y ni lo más deseable se le compara.

12 »Yo, la sabiduría, convivo con la prudencia
y poseo conocimiento y discreción.
13 Quien teme al Señor aborrece lo malo;
yo aborrezco el orgullo y la arrogancia,
la mala conducta y el lenguaje perverso.
14 Míos son el consejo y el buen juicio;
míos son el entendimiento y el poder.
15 Por mí reinan los reyes
y promulgan leyes justas los gobernantes.
16 Por mí gobiernan los príncipes
y todos los nobles que rigen la tierra.[a]
17 A los que me aman, les correspondo;
a los que me buscan, me doy a conocer.
18 Conmigo están las riquezas y la honra,
la prosperidad[b] y los bienes duraderos.
19 Mi fruto es mejor que el oro fino;
mi cosecha sobrepasa a la plata refinada.
20 Voy por el *camino de la rectitud,
por los senderos de la justicia,
21 enriqueciendo a los que me aman
y acrecentando sus tesoros.

22 »El Señor me dio la vida[c] como primicia de sus obras,[d]
mucho antes de sus obras de antaño.
23 Fui establecida desde la eternidad,
desde antes que existiera el mundo.
24 No existían los grandes mares cuando yo nací;
no había entonces manantiales de abundantes aguas.
25 Nací antes que fueran formadas las colinas,
antes que se cimentaran las montañas,
26 antes que él creara la tierra y sus paisajes
y el polvo primordial con que hizo el mundo.
27 Cuando Dios cimentó la bóveda celeste
y trazó el horizonte sobre las aguas,
allí estaba yo presente.
28 Cuando estableció las nubes en los cielos
y reforzó las fuentes del mar profundo;
29 cuando señaló los límites del mar,
para que las aguas obedecieran su mandato;
cuando plantó los fundamentos de la tierra,
30 allí estaba yo, afirmando su obra.
Día tras día me llenaba yo de alegría,
siempre disfrutaba de estar en su presencia;
31 me regocijaba en el mundo que él creó;
¡en el *género humano me deleitaba!

32 »Y ahora, hijos míos, escúchenme:
*dichosos los que van por[e] mis caminos.
33 Atiendan a mi instrucción, y sean sabios;
no la descuiden.
34 Dichosos los que me escuchan
y a mis puertas están atentos cada día,
esperando a la entrada de mi casa.
35 En verdad, quien me encuentra, halla la vida
y recibe el favor del Señor.
36 Quien me rechaza, se perjudica a sí mismo;
quien me aborrece, ama la muerte.»


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Tuesday, September 15th, 2009 Articulo 1 Comment

Video Ingrid Rosario – Eres mi respirar


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Tuesday, September 15th, 2009 Videos 2 Comments

Video Lilly Goodman – Cubreme


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Monday, September 14th, 2009 Videos No Comments

Video – Alejandra – Lo que no cambia


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Monday, September 14th, 2009 Videos No Comments

Pastor Cash Luna – El poder de la semilla

Debemos aprender a dar con la misma alegría con la que recibimos, ambas actitudes son producto de la bendición y misericordia del Señor.

Juan 4: 35-36 dice: ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega. Y el que siega recibe salario, y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra goce juntamente con el que siega.

Proverbios también dice que quien no cosecha avergüenza al Padre.  En Casa de Dios sembramos y recogemos fruto porque compartimos la Palabra de todas las formas que podemos: en discipulados, células, programas de televisión y a través del Internet. Los cosechadores honran al Señor quien a su vez les honra a ellos. En la semilla que recibes de Sus manos se encuentra el poder de la cosecha. Además, te da la tierra y condiciones climáticas favorables, pero sembrar y cosechar es tu trabajo. Todos debemos cumplir nuestra parte del pacto.

La Biblia también nos enseña que el cosechador, además del fruto, recibe salario. Dios es un padre generoso que no solo te provee para que siembres sino que también te recompensa por aprovechar la semilla. Es como si tuvieran un hijo que con mucho esfuerzo se gradúa de médico cosechando con su título lo que sembró con sus estudios, entonces, como recompensa por la honra que te da, le ayudas a instalar su clínica.

Fe más allá del entendimiento

Efesios 3:20 nos recuerda: Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.

Dios es poderoso y hace todas las cosas aunque nuestra mente tal vez no quiera aceptarlo. El Señor NO es un Dios de escases, de lo suficiente ni de la abundancia sino de la sobreabundancia y tú tienes el poder para que haga mucho más de lo que pides o entiendes.

Pedir es espiritual y el poder de la fe que llevas dentro te capacita para recibir. Dios es misterio y revelación. Hay muchas cosas que no comprendemos pero aceptamos; el poder de la unción y la ley de la siembra y cosecha son ejemplo de ellas. Intentar comprenderlo te limita porque Él quiere darte más de lo que entiendes y deseas.

El Señor me da unción y la comparto aunque no la comprendo. No pretendo que mi cerebro abarque al Creador de los cielos y la tierra que es capaz de resucitar a los muertos. Sería demasiada prepotencia y arrogancia intentarlo. De la misma forma como recibimos sin comprender, debemos dar, demostrando ser cristianos maduros que siembran generosamente aunque no entiendan todo sobre sembrar.

En Eclesiastés 11: 4-5 leemos: El que al viento observa, no sembrará; y el que mira a las nubes, no segará. Como tú no sabes cuál es el camino del viento, o cómo crecen los huesos en el vientre de la mujer encinta, así ignoras la obra de Dios, el cual hace todas las cosas.

Quien se concentra en comprender y no cosecha, muere de hambre porque no da fruto. Nuestro razonamiento es muy limitado, son más las cosas que ignoramos que las que conocemos. El milagro de la vida en el vientre materno y la creación del universo son misterios insondables que nos revelan la grandeza de Dios. Él hace todo, no sabemos cómo, pero lo hace, así que no te preocupes por las críticas de personas que no entienden nuestra fe, porque lo que nos diferencia de ellos es que obedecemos aún sin comprender. Caminar con los ojos puestos en el Señor no es ignorancia sino evidencia de que tenemos un razonamiento superior. Si nos afanamos por entender, terminaremos llenos de conocimiento pero sin revelación.

Siembra para cosechar

Eclesiastés 11:6 continúa: Por la mañana siembra tu semilla, y a la tarde no dejes reposar tu mano; porque no sabes cuál es lo mejor, si esto o aquello, o si lo uno y lo otro es igualmente bueno.

En la Biblia al Día dice: “persevera en la siembra porque no sabes cuál semilla germinará, quizá germinen todas.”

La ley más poderosa sobre la tierra es la de siembra y cosecha porque de ella depende nuestra subsistencia. Ofrendar es una siembra poderosa y más aún si el objetivo es construir el templo donde se adorará al Señor. Aunque no te des cuenta, tú siembras para construir otros templos a los deportes y al consumo, por ejemplo. Cada vez que visitas un centro comercial o un estadio y gastas tu dinero, estás aportando para la construcción de otros lugares similares. Los judíos antes de salir de la esclavitud construyeron pirámides para los egipcios y aún no habían edificado para el Señor. Pero tú ya fuiste liberado por la sangre de Cristo así que debes honrar a Dios por cuanto te ha dado.

Los sembradores trabajamos en todo tiempo. Muchos reciben bendición cuando ponen en práctica la Palabra que siembro en ellos. Hay semilla que se pierde en espina y abrojos pero mucha cae en tierra fértil que produce fruto,  eso me alegra porque significa que estoy cumpliendo con el trabajo que Dios me asignó. Como buen sembrador me preparo, busco revelación, oro, intercedo y camino en santidad para tener algo que darles, no algo que pedirles. El apóstol Pablo decía en 1ra. de Corintios 9:11: “Si nosotros sembramos entre vosotros  lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?”. Él se preguntaba porqué tanto escándalo por las ofrendas si hacerlo era practicar la ley de la siembra y cosecha. Debes ofrendar con las misma unción, preparación, ilusión, alegría y consagración que recibes Palabra y fruto. Si te gusta recibir bendición de parte de tus pastores ten por seguro que también a ellos les gustaría ver cómo ofrendas generosamente a Dios.

Motivando la generosidad

2da. de Corintios 9: 5 recuerda:  Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra.

Aprendamos a ofrendar así como aprendemos a pedir. La generosidad se prepara y motiva. A los matrimonios les gustan las noches románticas pero los esposos saben que una esposa dispuesta necesita preparación cariñosa y atenta. A la fuerza ni la comida es buena. Pablo decía: “He enviado hermanos para que preparen su generosidad”. En la iglesia motivamos con Palabra antes de la ofrenda, no hacemos nada que no esté sustentado en la Biblia. Los apóstoles podían exigir pero era mejor motivar. Dios ama al dador alegre.

2da.de Corintios 9: 6 continúa:  Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará.

Otra versión dice: “El que siembra constantemente, constantemente cosechará. Los que más cosechan son los que más siembran”. Pablo era como un padre amoroso que preparaba a los cristianos para ofrendar porque sabía que de ella dependía su cosecha. Los bendecía motivando su generosidad para que su cosecha no fuera escasa.

2da. de Corintios 9: 7 amplía: Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.
Alguien me enseñó que la billetera y el corazón están conectados. Nada sale de una sin afectar al otro porque allí donde está tu tesoro está tu corazón. Cuando recibes Palabra que demanda generosidad es tu corazón y no tu billetera el que se acongoja. Pablo decía que debemos motivar la capacidad de ofrendar porque no daremos nada que el corazón no esté dispuesto a entregar.

La generosidad es un desafío

2da. de Corintios 9: 8-11 culmina: Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dio a los pobres; Su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.

El verso 10 en la Biblia al Día dice: “porque Dios, quien da las semillas al agricultor y las hace crecer para que el agricultor coseche y coma, les proporcionará semillas en abundancia y buenas cosechas para que cada vez puedan dar mayores ofrendas”.

El bienestar económico de los hijos de Dios depende de lo que ofrenden.  Así como creemos que por Su llaga fuimos salvos, debemos creer que la ofrenda es la razón por la que  prosperamos. El Señor multiplica la semilla de aquel que cosecha para compartir. Pídele bendición que motive tu ofrenda, recuerda que recibes en la medida que das. Yo no tengo problema para pedir que siembren porque les doy el ejemplo en generosidad y comparto todo lo que el Señor me ha dado. Siembra y da lo mejor, confía en que Dios suplirá lo que te falte. El desafío es tener la fe para dar tanto como tengas. Nuestro Padre siempre cumple Sus promesas, incluso en los tiempos difíciles. Agradécele la madurez que te da para recibir y compartir con la misma intensidad. Algo grande vendrá a tu vida y permites que Su espíritu de generosidad habite en ti.

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Wednesday, September 9th, 2009 Predica 11 Comments

Luis Palau – ¿Me caso o no me caso?

¿Me caso o no me caso?
Luis Palau

Mis padres se oponen a mi casamiento. Dicen que mi novia es inferior a mí en cultura y educación.  ¿Abandonaré mis planes por complacer a mis padres?

Quien se va a casar es usted y no sus padres. Sin embargo, aunque la decisión depende de usted, la opinión de sus padres es de suprema importancia. Cuando usted tome la decisión, la responsabilidad será enteramente suya. Pero el consejo de sus padres es muy valioso pues está basado en experiencia, la que generalmente da sabiduría e intuición.

La Biblia, en Efesios 6 dice:

“Hijos, obedezcan a sus padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; para que te vaya bien y seas de larga vida sobre la tierra”.

El hecho de que usted me hace esta pregunta, indica que no está seguro de su amor hacia su novia. De otra manera, usted mismo hubiera convencido a sus padres.

Al pensar el asunto ante Dios, debe responder honestamente a las siguientes preguntas:

1. ¿Me siento orgulloso de mi novia, o me avergonzaría de presentarla a un personaje importante?

Cuando le hice esta pregunta a un amigo mío, me contestó: “Mira, aunque la quiero mucho y es bonita, de veras me daría vergüenza presentarla porque le falta educación, no sabe expresarse bien, ni vestir apropiadamente”. Entonces le respondí: “En ese caso, seguro que ella no es para ti”.

Si usted no está orgulloso de su novia, si se avergüenza de presentarla a los demás, significa que en realidad no la ama.

En el cántico al amor en la Biblia, en 1 Corintios 13 dice:

“El amor es sufrido, es benigno, el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, el amor no se envanece”.

Cuando un novio considera que su novia es inferior, quiere decir que está envanecido y por ende no hay evidencias de verdadero amor.

2. ¿Siento respeto por mi novia, o me tomo libertades de maltratarla?

¡Cuántos novios maltratan a su novia y sin embargo insisten amarla verdaderamente! Se están engañando a sí mismos y engañando a su novia.

El mismo cántico al amor de 1 Corintios 13 continúa así:

“… el amor no es indecoroso, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser”.

Si cuando usted se enoja hiere fácilmente a su novia con palabras tajantes, sería otra señal muy evidente de que todavía no conoce el verdadero amor. Claro está que todos tenemos debilidades y a veces perdemos la paciencia, pero si usted ha perdido el respeto por ella y se toma libertades de maltratarla, ya sea con palabras o con hechos, lo mejor es que haga un algo en el camino de su vida y en oración le pregunte a Dios si de veras ama a esta chica o no.

3. ¿Tengo plena confianza en el amor y la fidelidad de ella, o hay celos y sospechas infundadas dentro de mi mente y corazón?

Hay que tener en cuenta que los celos son una proyección de nuestra propia infidelidad. Muchas veces una persona es celosa porque ella misma fue infiel anteriormente y luego sospecha que su novia también lo sea.

Los celos según la Biblia son obra de la carne, de nuestra naturaleza pecaminosa y nuestro YO egoísta descontrolado.

Cuando una persona tiene celos y sospechas infundadas llegando al punto de hacer el ridículo, debe tomar una firme determinación. En primer lugar, arrodillarse ante Dios y pedir perdón, porque los celos son un pecado que destruye la relación entre novios o cónyuges. Dios está siempre dispuesto a perdonar. Pero el perdón no basta, porque a menudo los celos persisten.

Debe pedir a Dios mismo que venga a ordenar su mente en la persona de Jesucristo orando: “Jesucristo, te necesito en mi corazón. Quita con tu poder este egocentrismo que me hace sospechar de la persona que más amo en el mundo. Apodérate de mis pasiones y arráncalas de mi ser. Líbrame de estos celos que me agobian”.

Después de esta oración usted va a experimentar la libertad que el Hijo de Dios otorga. Abrale su corazón a Cristo, El va a renovar su mente, quitándole los celos y sospechas que le impiden gozar de la felicidad que tanto anhela. Ponga su vida en las manos de Cristo ahora mismo.

4. ¿Podemos conversar juntos largamente sin aburrirnos, o no encontramos nada en común para conversar?

Hay un adagio que dice: “El verdadero amor habla”. El verdadero amor desea comunicar, pero cuando una pareja joven no encuentra nada de qué hablar, ¿podrá entablar amistad para el resto de sus vidas?

El matrimonio no es solamente amor físico, sino que incluye también amor moral y espiritual. Implica una íntima comunicación entre el hombre y la mujer.

5. ¿Trato de ser un hombre que inspire su respeto, o pretendo imponerme ante cualquier circunstancia?

Esta es una pregunta sumamente importante. La Biblia dice en Efesios 5:

“Someteos los unos a los otros en el temor de Dios”.

El verdadero amor acude siempre a la mutua comprensión, al común acuerdo, a la sumisión de voluntades. Pero la sumisión es difícil. La Biblia dice que sin Cristo es imposible, porque están en juego dos voluntades egoístas. La única manera de lograr mutua sumisión es que ambas partes se sometan primero a Cristo.

6. ¿Somos mi novia y yo verdaderos creyentes en Jesucristo, o no?

La Biblia dice en 2 Corintios 6:

“No os juntéis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿y qué comunión la luz con las tinieblas?”

¿Tienen usted y su novia a Cristo en el corazón? Ambos deben poner sus vidas en las manos libertadoras de Cristo, de lo contrario nunca van a ser totalmente felices. Esta es la base sólida para tomar la decisión de casarse o no con su novia. *

Ev. Luis Palau


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Tuesday, September 8th, 2009 Articulo, Predica 4 Comments

La parábola del bonsái

Por Postor Chepe Putzu.

Las limitaciones están en nuestra mente. Cree en el Señor y toma el compromiso de ser un cristiano que de frutos de fe.

Cuando le entregamos nuestra vida a Jesús experimentamos cambios. Él espera que nos desarrollemos, que avancemos  y demos fruto, sin embargo, muchos cristianos que tienen tiempo de caminar junto al Señor, se acomodan y no evolucionan. Busca siempre reflejar tu crecimiento en obras. La Palabra nos relata que cuando Jesús visitó a un hombre llamado Nicodemo le dijo que para entrar en el reino de Dios debía volver a nacer del agua y el Espíritu. Por eso hay muchas personas cronológicamente mayores pero inmaduros en su vida de fe. Casa de Dios es una iglesia que nos renueva y reta a dar más de cada uno. Recuerda que eres carne y espíritu, debes alimentarlos por igual  para crecer integralmente. Sáciate de la Palabra así como del alimento para tu cuerpo.

Crecer duele y es difícil. Los adolescentes a partir de los 12 años sufren la ansiada transformación física y emocional. Las articulaciones y huesos duelen porque se están estirando. Lo mismo sucede con las plantas cuando germinan,  la vida dentro de ellas lucha por liberarse. Hay una fuerza interna en cada semilla llamada totipotencia que impulsa la vida desde su interior. Entonces crecen hacia abajo afianzando sus raíces para iniciar un crecimiento hacia arriba que las haga fructificar. Los cristianos somos parecidos, debemos afianzar nuestras raíces para poder llegar muy alto.

Limitaciones para crecer

Juan 14:12 dice: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

Todo va bien cuando caminamos en el Señor, pero hay situaciones que vienen sobre nosotros y nos impiden completar buenas obras. Somos como plantas que no progresan si están sembradas en una tierra sin nutrientes.

La primera razón para no crecer es la calidad de nuestro fundamento en el Señor. Tu fe debe ser raíz fuerte que te sostenga y alimente.

La segunda circunstancia desfavorable son los factores externos que nos acechan. Debemos protegernos de parásitos, depredadores y otras plantas nocivas que limiten nuestro crecimiento. El pecado es como un hongo que nos enferma y debilita.

La tercera razón que evita nuestro crecimiento es el ambiente adverso.  Las plantas necesitan la cantidad de luz, calor y humedad exacta para desarrollarse. Eres una planta de luz que se morirá si te quedas en la sombra. El lugar ideal para crecer es junto al Señor y la congregación que te desafiarán a ser cada vez mejor.

La cuarta situación contraproducente son las influencias negativas. La envidia y actitudes mezquinas nos detienen.  Rodéate de personas que te impulsen hacia adelante. Un gerente de ventas siempre motivará a sus empleados para que vendan no para que dejen ir a los clientes.  Yo viví una experiencia frustrante durante mi niñez. Era inquieto pero buen estudiante. Cierto día un maestro me perjudicó y tuve que irme del colegio.  También me sucedió con un tío que siempre me asignaba las tareas más difíciles e incómodas en la finca.  Me gustan las vacas pero no precisamente dedicarme a limpiar sus excrementos. Él me decía que era necesario empezar desde abajo y aprender a valorar el trabajo por difícil que fuera.  Hay una gran diferencia entre enseñar a una persona y pretender humillarla. Fue difícil pero logré superarlo y realmente maduré en el Espíritu. Jesús hizo cosas maravillosas y permitió que sus discípulos crecieran para que pudieran seguir su ejemplo y fueran dignos alumnos suyos.  Nunca se sintió amenazado o los limitó para evitar que lo superaran. Todos creceríamos más si fuéramos generosos y nos apoyáramos mutuamente. Confía en quién eres y no humilles a otros para destacar, tampoco permitas que terceras personas limiten tu potencial.

Bonsái espiritual

El diablo quiere que no crezcas. Esa es su pasión y propósito. Para él está bien que conozcas al Señor y asistas a la iglesia siempre y cuando no te comprometas a dar frutos de fe.  Es como ser un bonsái al que no se le permite crecer más de lo debido.  La naturaleza de estos árboles en miniatura es ser pequeños y quienes se dedican a cultivarlos tienen ese gran objetivo de impedir su crecimiento. Para lograrlo cortan cuidadosamente la raíz que los sostiene sin lastimar las raíces que los alimenta. Además, los transplantan a una maceta que ponga límite al avance de la raíz.  Hay muchos cristianos bonsái que no crecen y permiten que los dejen en la misma maceta limitante.

Éxodo 1: 6-11 narra: Y murió José, y todos sus hermanos, y toda aquella generación. Y los hijos de Israel fructificaron y se multiplicaron, y fueron aumentados y fortalecidos en extremo, y se llenó de ellos la tierra. Entretanto, se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José; y dijo a su pueblo: He aquí, el pueblo de los hijos de Israel es mayor y más fuerte que nosotros. Ahora, pues, seamos sabios para con él, para que no se multiplique, y acontezca que viniendo guerra, él también se una a nuestros enemigos y pelee contra nosotros, y se vaya de la tierra. Entonces pusieron sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés.

Satanás buscará esclavizarte y hacerte pequeño porque sabe que eres peligroso cuando desarrollas tu potencial y das fruto. No le des gusto, rompe la maceta y crece sin límites.

Semilla que multiplica la simiente

Éxodo 1:16-22 cuenta: Cuando asistáis a las hebreas en sus partos, y veáis el sexo, si es hijo, matadlo; y si es hija, entonces viva. Pero las parteras temieron a Dios, y no hicieron como les mandó el rey de Egipto, sino que preservaron la vida a los niños. Y el rey de Egipto hizo llamar a las parteras y les dijo: ¿Por qué habéis hecho esto, que habéis preservado la vida a los niños? Y las parteras respondieron a Faraón: Porque las mujeres hebreas no son como las egipcias; pues son robustas, y dan a luz antes que la partera venga a ellas. Y Dios hizo bien a las parteras; y el pueblo se multiplicó y se fortaleció en gran manera. Y por haber las parteras temido a Dios, él prosperó sus familias. Entonces Faraón mandó a todo su pueblo, diciendo: Echad al río a todo hijo que nazca, y a toda hija preservad la vida.

El faraón mataba a los varones para evitar la descendencia del pueblo de Israel. Las mujeres podían engendrar pero no producir la semilla que aseguraba el linaje. El diablo quiere matar tu potencial y evitar que te multipliques.  Promueve el desarrollo de toda tu familia. No limites a tu esposa e hijos, dales oportunidad de crecer.  El sueño de mi esposa es ser cantante y alabar al Señor con su voz, yo la apoyo para que lo logre porque ambos merecemos desarrollarnos.

Las naciones necesitan ciudadanos comprometidos con el crecimiento personal y comunitario. El Señor desea que te fortalezcas y vayas más allá de cualquier límite para que todos vean tus frutos.  Debes ser como esos árboles que incluso rompen el pavimento con sus raíces ansiosas por crecer. Nuestra actitud debe ser productiva y enfocada en alcanzar lo que anhelamos. Desarrollemos todo nuestro potencial. Un país se desperdicia si sus habitantes temen salir de la maceta y no aprovechan los recursos que Dios les regaló. No te sientas pequeño, habla y actúa en grande porque en verdad lo eres para la gloria de Dios.

Tienes el compromiso de dar frutos, Él quebrantará lo que te limita, romperá las ataduras, limpiará tus raíces, derramará el agua del Espíritu sobre ti para que extiendas tus ramas, crezcas y te levantes.

Entrégale tu vida y corazón, pide perdón para poder crecer y fortalecerte. El Señor dice que serás como árbol plantado junto a las aguas y echarás raíces al lado de la corriente, no verás cuando venga el calor, tus hojas estarán verdes y el año de sequía no te fatigará ni dejarás de dar fruto.  Créele y esfuérzate por avanzar. De esa forma demostrarás que realmente eres semilla capaz de dar frutos y recibir Su bendición.

Fuente


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Monday, September 7th, 2009 Predica No Comments

Marcos Witt – No mataras



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Friday, September 4th, 2009 Marcos Witt, Podcast, Predica 6 Comments

Luis Palau – Locamente Enamor@

engo veinticuatro años y estoy locamente enamorado de una chica, pero desafortunadamente, ella me desprecia.   He tratado por todos los medios de expresarle mi amor, pero ella no ha querido poner oído a mis súplicas. Sale con otros muchachos sin importarle mis sentimientos. Estoy desesperado. He deseado entregarme a las drogas o al alcohol y hasta he tenido deseos de suicidarme. Para mí la idea de la felicidad ha muerto. No sé si sus consejos me pueden ayudar, pero los espero.

Respuesta:
Mi estimado caballero, veo que usted tiene veinticuatro años de edad y un corazón casi diría adolescente. Pero quiero responder con seriedad a su carta, ya que existe seriedad en el contenido de la misma.

Primero, sepa que no puede haber verdadero amor cuando no hay comunicación ni confianza entre dos personas. Todos corremos el peligro de confundir emoción, y a veces pasión, con el verdadero amor. En el caso suyo, se trata de una emoción, una fantasía, que no tiene fundamento en la realidad, porque usted obviamente no conoce a esta señorita, ya que si la conociera tal como ella es, comprendería su proceder.

Hay un pasaje escrito hace centenares de años por un famoso profeta en el cual Dios se dirige al mismo y le dice lo siguiente:

“No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo
que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón” (1 Samuel capítulo 16).

Dígame joven, ¿conoce usted cuál es el comportamiento de esta señorita en su casa, en su vecindario, en la escuela o el empleo? ¿llena ella los requisitos de una muchacha ideal para el matrimonio? Me refiero ideal en cuanto a cualidades espirituales y a la actitud de su corazón, de su personalidad. Usted sabe que uno no debe casarse por puro atractivo físico, que es lo que lamentablemente demasiadas personas hacen.

Le hago otra pregunta, ¿qué tipo de hombre es usted? ¿es usted la clase de hombre que esta señorita respetaría y querría como esposo para vivir con ella treinta, cincuenta, sesenta años? Es una pregunta vital.

Lamentablemente, somos egoístas y muchas veces en lugar de pensar en qué clase de persona somos para que la otra persona nos respete, nos ame y quiera casarse con nosotros, pensamos en lo que a nosotros nos conviene y qué clase de persona es la otra en quien estamos interesados. ¿Es usted de los que practica lo que dice Filipenses capítulo 4?  Dice:

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.

Y luego en el mismo libro de Filipenses capítulo 2, dice lo siguiente:

“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.

Estimado joven, usted debe reaccionar, tiene que despertar y frenarse de una vez. Usted mismo se ha creado un estado irreal. No quiere ser rechazado por esta jovencita, pues sus sentimientos egoístas están luchando dentro de su corazón y usted francamente, está en conflicto.

Habla del suicidio, el alcohol y las drogas, sencillamente porque su arrogancia y orgullo lo están destrozando. Usted no puede seguir diciendo que está enamorado de esta joven cuando al mismo tiempo piensa en la borrachera y el suicidio. Eso no es amor y de esta manera nunca va a crear un hogar feliz.

Usted debe reconocer que la solución al problema del falso amor que usted llama “locamente enamorado”, no se halla en las drogas o el alcohol, ni en el suicidio. La solución al dilema de su alma es Cristo viviendo en su corazón. Usted necesita un cambio de emociones, un cambio de actitud, un cambio de comprensión de lo que es la vida. Y la vida sin Cristo no es vida.

Si usted no tiene a Cristo en el corazón, no se sorprenda que su vida siga a los tumbos; que otros lo rechacen; no se sorprenda que se encuentre desesperado. Jesús dijo en San Mateo capítulo 9:

“Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”.

Y en San Juan capítulo 15 dijo:

“Separados de mí, nada podéis hacer”.

El dilema suyo, aunque ahora se enfoca en el amor que usted dice sentir por esta jovencita, brota de su corazón. Si usted acepta a Cristo en su corazón, va a tener una actitud calma, genuina, una actitud sin intereses egoístas hacia esta joven.

¿Por qué no le abre su corazón ahora mismo, en este instante? Dígale, “Señor Jesús, he fracasado, estoy ciego, necesito que me perdones, que me guíes, que me cambies. Entra a mi corazón”. Haga esa decisión y su vida comenzará a cambiar.

Luis Palau


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Thursday, September 3rd, 2009 Articulo, Jovenes 11 Comments


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