Despertad!!!!!!
“¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos”. (Jonás 1.6b)
En distintos sectores del cristianismo se escucha un creciente clamor. Más allá de las baratijas que ofrecen quienes proclaman a las añadiduras como un derecho adquirido al cual todos – sin deberes ni condiciones previas – pueden acceder, la necesidad del momento es mucho más profunda. Porque la sociedad no será transformada (¡ni siquiera tocada!) si sólo basamos nuestra acción en estrategias, talentos o la construcción de imágenes y pareceres. Estos podrán ser elementos útiles, por cierto, pero huecos, estériles e inútiles si est& aacute;n carentes de una renovación espiritual profunda y continua que coloque a Jesucristo como el centro de todo plan y cada acción.
Siendo breves, concretos y yendo al punto principal, humildemente entiendo que precisamos un despertar espiritual que nos conduzca hacia un avivamiento cuyas flamas nos consuman de amor por Cristo y nos lleven a vivir vidas de santidad y pasión por la transformación del mundo. Pues antes de la movilización y la implementación de proyectos deberíamos ser conscientes de nuestra situación, salir del sopor y lanzarnos por fe hacia lo que Dios nos demanda.
Pensando en nuestra realidad, precisamos tres cosas que nos ayudarán a experimentar este despertar que precede al avivamiento, a saber:
1.- Conciencia.
“Por lo cual dice: ‘Despiértate, tú que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. (Efesios 5.14-17)
Cuando la iglesia de Jesucristo duerme, no es consciente de lo que ocurre a su alrededor. No puede llamarse “entendida en los tiempos” (1 Crónicas 12.32) porque para ello es necesario abrir los ojos y ver lo que ocurre. El mundo, en particular el contexto latinoamericano – desde donde escribo – constituye un escenario en el que sobran actores dramáticos pero escasean los protagonistas de la esperanza.
Por ello, el primer paso hacia un despertar espiritual es tomar conciencia de la propia situación y hacer algo al respecto. No valen las excusas ni las justificaciones revestidas de piedad. ¡Es necesario despertar!
2.- Temor.
“Así que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradándole con temor y reverencia; porque nuestro Dios es fuego consumidor”. (Hebreos 12.28-29)
Si el Espíritu del Señor está en nosotros, cuando tomemos conciencia (es decir, cuando abramos nuestros ojos espirituales), irremediablemente nos sobrevendrá un temor multiforme con el que viviremos el resto de nuestra vida (si queremos servir a Cristo en forma auténtica). No se trata de fobias o cobardías de humana factura. ¡Es un temor profundo, reverente, santo y movilizador que nos conmoverá hasta los tuétanos! Generará un irremediable desprecio a la somnolencia en que nos hallábamos, producirá un renovado temor-miedo ante la majestuosidad de un Dios que es tres veces Santo (ver Isaías 6.1-9a), nos llevará a despreciar el pecado y sacudirá nuestra cosmovisión. < o:p>
En otras palabras, cuando tomemos conciencia de nuestra condición y el tiempo que hemos perdido, un temor purificador, sano y absolutamente legítimo correrá por nuestras venas de modo que sigamos adelante hacia un despertar espiritual transformador.
3.- Decisión.
“Entonces se levantaron los jefes de las casas paternas de Judá y de Benjamín, y los sacerdotes y levitas, todos aquellos cuyo espíritu despertó Dios para subir a edificar la casa de Jehová, la cual está en Jerusalén”. (Esdras 1.5)
¡Qué problema sería tomar conciencia, lamentarse por la situación pero detenerse allí, sin completar el proceso! Aunque no resulte agradable decirlo, es necesario admitir que los seres humanos – también quienes confesamos tener fe en Dios – solemos actuar de esa manera. Pero si queremos cambios, si anhelamos modificar – cada uno desde su posición – los patrones de corrupción, miseria (de toda clase) y disolución, necesitamos tomar el paso siguiente. ¿Qué cosa? ¡Decidir levantarnos y ser – de una buena vez – sal y luz!
Los soñadores van y vienen. Los grandes discursos tienen su lugar. Hallar problemas y prescribir soluciones es importante. Pero un avivamiento del Espíritu Santo no será resultado de mezclar ilusiones, anhelos, bombos y platillos, sino el fruto de una acción sana, madura y coherente de quienes escojan tomar conciencia de su realidad, experimentar el temor liberador y decidir vivir a pleno para Dios, sin reservas y con una entrega absoluta para Él.
Porque el avivamiento – estado que debería ser natural en la iglesia de Jesús – vendrá cuando el Señor halle a Su pueblo despierto. ¿Cuál es nuestra situación en este día?
Juntos por los senderos del pensamiento y la espiritualidad, le saluda fraternalmente su amigo y hermano,
CRISTIAN FRANCO
Buenos Aires, Argentina




