Archive for November, 2009
Dante Gebel – El Fuerte
El fuerte
En la vieja Argentina de los setenta la gran mayoría pertenecíamos a la clase obrera. Los más afortunados podían irse de vacaciones a la costa, las sierras o a las cataratas. Los más pobres nos conformábamos con quedarnos en casa. Lo que jamás se me hubiese cruzado por la cabeza, es que aquel verano del 77 un pequeño incidente me iba a cambiar la vida para siempre.
Era el primer día de regreso a clases, a principios de Marzo. Y la maestra insistió con el mismo método pedagógico que venía usando desde el primer grado: preguntarle a cada alumno a dónde habían pasado sus vacaciones. Uno a uno iban levantando la mano y diciendo en voz alta los lugares que habían visitado. Y la inmensa mayoría tenía una historia que contar. Las montañas. El mar. La carpa junto al río. La nieve en algún lugar remoto.
Fue entonces que me cansé de ser pobre, supongo. O de no haber podido ir a ninguna parte, casi nunca.
-Yo no fui a ningún lado, porque no quise –confesé con la mano alzada.
-¿Cómo que no quisiste? –replicó la maestra.
-Si, porque mi papá me dijo que podía elegir: o íbamos a algún lugar de vacaciones o me construía un fuerte.
-¿Un fuerte? ¿Cómo que un fuerte? –contestó.
A esta altura me había ganado la atención de toda la clase. Fue la primera vez que sentía que yo era por fin, importante para los demás, y dejaba de ser el alumno invisible de siempre.
Obviamente, lo del fuerte era mentira, pero por alguna razón sentía que se me había ocurrido una buena idea para no ser menos que los demás. Era justo que por
esta vez, me tocara a mí ser el centro de las miradas y los comentarios.
-Un fuerte de verdad –agregué- un fuerte como tienen los soldados en las películas, con troncos alrededor, con un mangrullo para ver los indios de lejos, con armas, con una bandera…me lo hizo mi papá al fondo de mi casa porque el es carpintero.
-Qué bueno. Con semejante regalo es lógico que no hayas querido irte de vacaciones- finalizó la maestra.
En el recreo me rodearon casi todos los compañeros pidiéndome detalles. Y como ya no me sentía avergonzado de no haberme ido de vacaciones, no escatimé en agregarle lo que se me ocurría a la virtual construcción del fondo de mi casa. Dije que era inmenso, tamaño real. Que tranquilamente podía albergar a toda la clase, que seguramente algún parque de diversiones iba a querer comprarlo, algún día. Todos los alumnos me miraban asombrados. Que tipo con suerte. Tener un papá que te construya un fuerte para uno solo. Esas eran verdaderas vacaciones, si señor.
Pero alguien decidió arruinarme el día.
-Si es verdad, queremos ir a verlo –dijo un “mal compañero” que se llamaba Marcelo Negri.
-¿H…oy? –tartamudeé- hoy no se va a poder, porque mi mamá está muy enferma (a esta altura, una mentira mas era una manchita más al tigre).
-Entonces mañana, ¿o te inventaste todo eso del fuerte? –dijo.
-¿Cómo me lo voy a inventar? Si les digo que tengo un fuerte, es porque es verdad- respondí enojado, mientras me daba cuenta que me acababa de meter en un grave problema.
Ese día volví a casa devastado. Mi propia boca me había puesto entre la espada y la pared. Pensaba que todo iba a terminar en la clase y jamás me imaginé que alguien se iba a empecinar en querer ver mi fuerte. No podía decir que lo habíamos desarmado porque no era lógico, ni mucho menos confesar la verdad, porque iba a transformarme en un muerto político para todo el colegio. Y esa fue la peor noche que recuerdo de toda mi niñez.
Cerca de la una de la madrugada, no aguanté más y me aparecí en la habitación de mis padres, llorando. Les confesé que me había sentido mal por no haber ido a ningún lugar de vacaciones y que me inventé lo del fuerte. Y lo peor es que Marcelo quería venir a verlo mañana, después de clases.
Obviamente, ni vale la pena que transcriba lo que me dijeron y las caras de asombro. Mi madre me miró con cierta lástima y me dijo que iba a tener que confesarles la verdad a todos y pedirles perdón por semejante mentira.
Volví a la cama más destrozado aún e intenté dormirme.
A los quince minutos, sentí a mi papá que me tocaba el hombro.
-Dante, levántate. Y abrígate que hace frío.
-¿A dónde vamos?
-A construir ese fuerte- dijo, y se dio media vuelta.
Y esa noche, casi sin hablarnos y bajo el rocío de la madrugada, ayudé a mi papá a construir un fuerte…o algo parecido. Una vieja cucha del perro hizo de cuartel, unas viejas lonas sirvieron como techo. Algunas ramas de limonero hacían a su vez, de troncos. Y de mangrullo, pusimos una escalera que me ocupé personalmente de tapar con hojas de higuera. Cuando terminamos, casi dos horas después, mi papá, (que por cierto siempre fue un hombre de pocas palabras) me dijo:
-Ahora puedes traer a quien quieras, pero cuando se vayan, tú y yo vamos a hablar, largo y tendido.
El resto de la historia es predecible. Aunque mi amigo comprobó que había exagerado un poco, no pudo negar que lo que yo había dicho era la pura verdad. Y esa tarde, hasta jugamos un rato a los soldados e indios.
Pero a la noche, tuve una charla que no pude olvidar, aún con el paso de los años.
-Lo que hiciste estuvo muy mal- dijo mi papá- y por eso, vas a tener penitencia. Esta vez te salvé porque soy tu padre y no quería que pasaras vergüenza. Pero en la vida, tienes que andar con la verdad, siempre, aunque sea fea o no te guste. La verdad es lo único que te va a ser una persona de bien.
Le pedí perdón y le agradecí por salvarme el pellejo. Pero principalmente por ayudarme a comprender el amor de Dios.
Hoy ya soy un hombre. Y muchas veces, vuelvo a meter la pata. Me equivoco, callo cuando debía hablar o hablo cuando debía haberme callado. Y entonces es cuando voy a la presencia del Señor y le digo que estoy consciente que me equivoqué, pero que por favor…me construya el fuerte. Le digo que si alguna vez mi papá lo hizo, El también puede ayudarme a salir del embrollo. Y en más de una madrugada, siento que el Padre me toca el hombro y me dice que de algún modo lo vamos a arreglar. Y me construye el fuerte. Aunque me haya equivocado, no me deja avergonzar. Paga mis deudas, me saca del lío, saca la cara por mí.
Claro que después tenemos que charlar “largo y tendido”, pero El siempre me ayuda a arreglar esos errores que me devastan el alma.
Si a lo mejor te equivocaste feo, o volviste a caer en eso que prometiste no volver, o si te alejaste de El e hiciste cosas que te da vergüenza solo de contarlas. Yo se que es bíblico el tener que asumir las consecuencias, pero también se que infinidad de veces, El puede transformar tus errores en algo bueno. El es capaz de tapar el error. De protegerte de la vergüenza. De tenerte una solución antes que amanezca.
No te lo olvides nunca.
El es un gran constructor de fuertes.
Provisión con bendición
Para que tu provisión no caiga en saco roto, debes creer Sus promesas, obedecer Sus instrucciones y mandamientos. El Señor desea proveerte hasta que sobreabunde.
Hageo 1:7 nos recuerda: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.
El profeta le habla a un pueblo que está pasando por una situación complicada. Les dice que Dios quiere que revisen sus acciones pasadas y presentes. Nuestra vida agitada nos impide detenernos y meditar sobre lo que hemos hecho. Es difícil tener un tiempo de paz para cerrar los ojos y ver nuestra vida en retrospectiva como en una película. Te invito a que lo hagas. Cierra tus ojos y evoca las imágenes de los eventos más importantes que te han sucedido: tu boda, el nacimiento de un hijo, el día que te contrataron, el día que fundaste tu empresa, el momento de este año cuando hiciste tus propósitos. Piense cómo ha sido tu camino hasta el día de hoy. Si te evaluaran, ¿Cuál sería el resultado?, ¿cómo definirías tus caminos hasta este momento?, ¿la balanza se inclinaría hacia una vida exitosa con algunos fracasos, una vida fracasada con algunos éxitos o término medio?
Echar en saco roto
Hageo 1:5-6 versión de la biblia al día lo dice de esta forma: Así dice ahora el Señor todo poderoso: Reflexionar sobre vuestro proceder, sembráis mucho y recogéis poco, coméis pero no quedáis satisfechos, bebéis pero no a saciaros, os vestís pero no lográs abrigaros, y al jornalero se le va su salario como en un saco roto.
Muchas personas sienten que trabajan más y su salario alcanza para menos, también sienten que se esfuerzan pero no prosperan y no obtienen los resultados esperados según el empeño que ha puesto. Algunos le han hablado a Dios y piensas que no les responde, pero realmente no es así, nuestro Señor es bueno y quiere bendecirnos. La cuestión es comprender que hay diferencia entre “esforzarse y no alcanzar” y “esforzarse, alcanzar y no tener”. Hay personas que reciben bendición y provisión pero al final parece que la guardaron en saco roto y no tienen nada. Quizá dicen: “Dios me dio un novio y pero cuando nos casamos me di cuenta que no era lo que buscaba”, o bien: “Dios me dio una empresa, la trabajé y al tiempo no era lo que yo esperaba”. Estas personas buscan pero no encuentran, siembran y no cosechan suficiente, trabajan y no producen lo que esperan.
Reedificación que glorifica al Padre
Hageo 1:8 continúa: Subid al monte, y traed madera, y reedificad la casa; y pondré en ella mi voluntad, y seré glorificado, ha dicho Jehová.
Subir al monte significa ponernos ante la presencia de Dios, llevando la madera que nos servirá de holocausto para reedificar nuestra casa. La Biblia nos habla de reconstruir porque hay algo destruido. Reedificamos la casa cuando es necesario, tal vez tiene desperfectos o está a punto de caerse. Debemos detenernos y reedificarnos porque somos templo del Espíritu Santo.
Cuando llegas delante de Dios, debes buscar Sus bendiciones y además cumplir Su voluntad. Él es glorificado a través del bienestar de Sus hijos. Todo padre se siente satisfecho del éxito de su descendencia. Glorifican a Dios quienes viven en abundancia. La Biblia nos dice que Jesús bajó a la tierra a empobrecerse para que nosotros fuéramos ricos.
Yo trabajé en una multinacional. Estaba convencido que Dios me había puesto allí con un propósito específico y no por casualidad. Entonces le pedí que me enseñara lo que debía hacer. Con el tiempo, me asignaron la tarea de impartir los valores de esa compañía, luego me certificaron para Latinoamérica. En ese momento comprendí la misión que el Señor me tenía reservada. Cada vez que iniciaba una plática, decía un versículo de la Biblia sin mencionar la cita y la gente se interesaba. Luego se acercaban a preguntarme y me di cuenta que esto glorificaba a Dios. Él se mueve en toda nuestra vida, no lo apartes de nada, entrégale tu existencia sin reservas.
Tres pasos para reedificar
Para reedificar tu casa e ir delante de Dios a recibir provisión que sobreabunde, debes seguir tres pasos, pero antes, comprende que sobreabundancia no significa tener una cuenta bancaria de ocho dígitos o un límite de crédito más amplio, sino que se refiere a manejar adecuadamente lo que tienes.
El primer paso para reedificar es creer que Dios te habla de forma individual. La fe es la llave que te conduce a una buena relación con tu Padre. La Biblia dice que el que creyere y fuere bautizado será salvo. Convéncete, la fe te da la salvación y va más allá.
Marcos 9:23 nos recuerda: Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
La Palabra dice que todo lo podemos en Cristo que nos fortalece. Cree en lo que tienes para poder multiplicarlo. Conoce tus talentos y posibilidades para multiplicarlos. Piensa en todo lo que tienes y verás que es más de lo que imaginabas. Sólo tienes que descubrir lo que te pertenece para hacerlo crecer. Quien no se cree templo del Espíritu Santo difícilmente podrá reedificarse delante de Su presencia. Quien duda que el Espíritu Santo habita en su interior, no podrá ir delante de Dios y pedirle que lo reedifique.
Quien se cree pecador o se menosprecia, o el que se cree demasiado para pedirle al Espíritu Santo que camine con él, no podrá reedificar su casa. Eres lo que crees, así que piensa bien sobre ti para lograr cosas grandes en el Señor.
El segundo paso es invertir. La Biblia lo llama sembrar. Ninguna casa, templo o edificio se reedifica sin una inversión y para hacerla debemos tener capital, con las bolsas vacías es imposible. Quien da es más bienaventurado que quien recibe, porque dar es sinónimo de tener recursos para compartir.
Debemos invertir en nosotros en tres aspectos. Invierte físicamente en tu bienestar e intelecto. Compra buenos libros, disfruta de buenas películas, adquiere sabiduría. Cuida tu cuerpo para vivir mucho tiempo y aprovecharlo adorando a Dios y compartiendo con tu familia. Aliméntate sanamente y ejercítate para sentirte bien y estar a gusto con tu imagen.
Invierte en tu alma. Encuentra contentamiento con lo que tiene y con lo que no tiene. La Biblia dice que el gozo del Señor es nuestra fortaleza y eso sí lo podemos tener.
También debes invertir en tu espíritu. En la Iglesia puedes recibir mucho pero hay alimento que solamente encuentras en tu relación directa con Dios. Como en la parábola de las diez vírgenes. Cinco tenían suficiente aceite y cinco no. Las sensatas aconsejaron a las necias que fueran a comprar más. El aceite es la unción que debes buscar y encontrar, tanto en la Iglesia como en el “monte alto” que se encuentra en la soledad de tu habitación y que te servirá para encender la lámpara que iluminará tu vida. Tu inversión espiritual requiere de mucha oración en intimidad.
El tercer paso para reedificar es obedecer. Después de creer e invertir, ve con el experto para recibir instrucciones y obedécelas. Recuerde que inteligencia e integridad no es lo mismo que la obediencia. Mantenerte alejado de la tentación del pecado es inteligencia e integridad. Cuidarte de no hacer negocios ilícitos o consumir alcohol y drogas es cuidarte y ser sensato. Obediencia a Dios es dar tu diezmo aunque tenga un presupuesto limitado o ser como Abraham que estuvo dispuesto a sacrificar lo que más amaba por amor a Dios. Obedecer es detener aquel proyecto en el que estás trabajando porque Dios te dice que no conviene, o al contrario, arriesgarte a emprender aquello Dios te motiva a hacer aunque humanamente parezca imposible lograr.
Cuando obedecemos se reedifica nuestra casa. Hageo nos instruye para recibir bendición. Nos dice que subamos al monte, o sea que creamos; luego dice que traigamos madera, esto se traduce en el mandato de invertir y finalmente pide que reconstruyamos la casa, lo que significa que obedezcamos. Si cumplimos con este proceso, Dios promete que nos verá con agrado y manifestará Su gloria.
Las instrucciones son claras. Es evidente que el Señor desea manifestarse con poder y gloria en tu vida. Así que empieza a caminar en obediencia, viendo únicamente hacia Dios. De esa forma evitarás que tu provisión caiga en saco roto y serás testigo de la sobreabundancia que podrás compartir con otros. Créele a Dios y entrégale tu vida, reconcíliate con Él y decláralo como tu único Señor y proveedor.
Mi enorme error, al intentar escapar del pecado sexual
No se amolden al mundo actual y a esta época, no se hagan a la manera ni se adapten a sus costumbres superficiales, sino sean transformados y cambiados mediante la entera renovación de su mente, por sus nuevos ideales y su nueva actitud. Así podrán comprobar por sí mismos cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta, incluyendo todo lo que es bueno a sus ojos para ustedes. Romanos 12:2 AMP
No es que ya lo haya conseguido todo, o que ya sea perfecto. Sin embargo, sigo adelante esperando alcanzar aquello para lo cual Cristo Jesús me alcanzó a mí. Hermanos, no pienso que yo mismo lo haya logrado ya. Más bien, una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y esforzándome por alcanzar lo que está delante, sigo avanzando hacia la meta para ganar el premio que Dios ofrece mediante su llamamiento celestial en Cristo Jesús. Filipenses 3:12-14 NVI
Nota en este verso que renovar nuestra mente nos conduce a la transformación. La palabra griega para esto es metamorphoo, de donde viene nuestra palabra metamorfosis, que significa un cambio completo en nuestra naturaleza, de la misma manera que una oruga se convierte en mariposa; de hecho, la composición, la estructura y la anatomía de una mariposa no son “modificaciones” de la oruga, sino un animal totalmente distinto.
Hace dos años, mi vida empezó ese cambio de naturaleza, y yo no soy quien antes solía ser. En ese entonces yo era oruga, y me arrastraba en la tierra del pecado. Poco a poco he podido cambiar, y convertirme en alguien que puede desplegar el vuelo. Hice mi curso de Libertad Pura, y luego el curso de mentores. Reconocí luego que tenía problemas con un desorden alimenticio, y entonces completé el curso La Mesa del Señor. Y ahora estoy haciendo un tercer curso, Por sus Heridas, que trata con ciertos impulsos de mi carácter.
Sin embargo, reconozco que cometí un error grande en cada ocasión. Pensé que la metamorfosis consistía en los 60 días que cada curso duró, y que ya estaba listo para dejar cada hábito atrás y nunca volver a verlos. Sin embargo, dos años después, las tentaciones han persistido, otras han regresado, y otras han evolucionado. Y en medio de todo esto, mi frustración ha sido grande, y mis dudas con respecto a mí mismo han crecido: ¿Será que nunca cambié en realidad? ¿Por qué la tentación se ha hecho más severa algunos días, incluso más que antes? ¿Por qué a veces experimento la misma necesidad que tenía cuando empecé Libertad Pura?
Y la respuesta la encontré en una de mis lecciones en Por sus Heridas, y por revelación en Su Palabra: el proceso de metamorfosis no se ha completado aún, pues va a ser una constante durante el resto de mis días. Entendí que esto no es falta de fe, sino que los pasajes con los que inicia esta nota están redactados para mostrar que la transformación y la renovación de la mente son procesos de cada día, siempre cambiantes, siempre en victoria.
Así, puedo definir que no he terminado el curso de Libertad Pura aún -o cualquiera de los otros que he hecho, y que seguiré en la batalla probablemente durante muchos años. Ahora la mentira que había creído suena absurda: ¿Quién me dijo que ya me había “graduado” en pureza, que ya era un experto en libertad? Esta verdad no trae condenación a mi vida, sino gran gozo, pues sé que la graduación no está en la tierra, en el día 60 de mi curso, sino en el cielo, donde me espera el premio verdadero, y que aquí en la tierra, puedo vivir mi libertad en el supremo llamamiento, en el propósito que encontré en Dios mediante la libertad. (Fil. 3:12-14).
Dios quiere contar tu historia
Pastor José Antonio Putzu
Tu destino es hacer grandes obras para honra y gloria del Señor. Acepta el reto y confía en Sus promesas.
La historia de la humanidad nos presenta dos tipos de personas. Aquellas que conocemos por lo que lograron y las anónimas que no sabemos quiénes son porque no lograron nada relevante que influenciara a otros. Todos tenemos la misma oportunidad para ser recordados por nuestros logros, debemos aprovecharla y trabajar duro. Día a día, la historia se continúa escribiendo, acepta el reto de hacer obras poderosas para que tu historia sea digna de ser contada. Toma el desafío de dejar huella en tu país, recibe la Palabra y aplícala en tu vida para ser ejemplo e influenciar positivamente a otros.
La Biblia es un libro de historias que habla de las personas que hicieron grandes cosas en nombre de Dios y se les conoce por lo que lograron. A Abraham le llamamos el Padre de la fe, Moisés es conocido como el Libertador, a David se le recuerda con el título de el Rey y recordamos a Noé porque construyó el arca que salvó a las criaturas de la destrucción.
Nuestro desafío es tener una historia tan impactante que pueda formar parte del libro que Dios quisiera escribir ahora. Jesús no sólo hizo historia, sino que la partió por la mitad, así de fundamental es Su influencia en el mundo.
Tienes la capacidad de hacer historia en tu país, lucha porque un día tu descendencia pueda hablar de ti con orgullo. Nuestros hogares, trabajos e iglesias necesitan obras grandes. En Guatemala todo lo pensamos y hablamos en pequeño, pedimos un “cafecito” y damos un “besito”, pero en Casa de Dios estamos haciendo una obra monumental porque somos guatemaltecos que pensamos en grande y queremos una iglesia que honre a Dios como se merece. Atrévete a protagonizar la historia, piensa y trabaja en grande para la gloria de nuestro Señor.
Inicio difícil
El Señor busca a los hombres cuando quiere hacer algo y todos los escogidos tienen cosas en común. Lo primero es que tuvieron un comienzo difícil.
Hebreos 11:11-12 relata: Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.
Dios desafió a Abraham y a su esposa al escogerlos para que fueran el inicio de un nuevo pueblo. Él tenía 90 años y ella era estéril. Imagina qué difícil, pero no imposible para el Señor. Ellos confiaron en Su fidelidad y no se desanimaron a pesar de lo complicada que era la misión encomendada. Tenían suficientes razones para no obedecer pero siguieron las órdenes y fueron levantados.
La edad no es excusa para no obedecer a Dios. No te dejes vencer porque Él te levantará y acompañará hasta que cumplas tu tarea. En Casa de Dios creemos por miles de personas para el Reino y trabajamos para lograrlo. Queremos ser una iglesia fuerte y multitudinaria para gloria de nuestro Padre. El pastor Paul Yonggi Cho ya hizo historia porque ha congregado a la iglesia cristiana más grande del mund
¿Qué hacer cuando los adolescentes se auto provocan heridas?
Por Chris Schaffner
Las heridas autoprovocadas están convirtiéndose, cada vez más, en un problema reconocido en el ministerio juvenil, y todos los pastores de jóvenes y el staff de voluntarios (en los ministerios dedicados a las escuelas secundarias y a las universidades) necesitan una comprensión general sobre las heridas autoprovocadas, sobre las señales a las que estar atentos, y sobre qué hacer si se dan cuenta de que un alumno se está autoprovocando heridas.
“Las heridas autoprovocadas en los estudiantes de escuela primaria y secundaria no deberían ser minimizadas ni desestimadas como “modos de llamar la atención” o “simplemente una moda pasajera”. Cuando las personas dan un paso tan drástico como lastimar sus propios cuerpos, deberían ser tomadas en serio y deberían tratarse los orígenes de su estrés” (traducido de Walsh, 2006, p.38)
Señales de que alguien se está autoprovocando heridas:
Las personas que se autoprovocan heridas a menudo se esfuerzan mucho para ocultar o disimular sus heridas, así que puede ser difícil saber si una persona efectivamente se está autoprovocando heridas:
• Las personas que se autoprovocan heridas pueden parecer retraídas o deprimidas.
• Puede que observes cortes o moretones (magulladuras) que siempre están acompañadas por excusas que no parecen no encajar.
• Muchas personas que se autoprovocan heridas se hacen cortes en los brazos, así que puede que usen ropas con mangas largas, aún cuando haga mucho calor.
• Dentro del colegio, los alumnos que se autoprovocan heridas pueden buscar excusas para no tener que usar pantalones cortos o mangas cortas, y por lo tanto puede que eviten las actividades como educación física y natación.
En particular cuando se trata de niños pequeños, es importante vigilar de cerca de aquellos alumnos especialmente vulnerables, como por ejemplo aquellos con un historial de maltratos o abusos.
Consejos generales para Pastores de Jóvenes y voluntarios:
• Escucha al joven e intenta no mostrarle si estás enojado, frustrado, o disgustado. “Los adultos deberían aprender que la mejor manera de responder a las heridas autoprovocadas comunes es con un una ‘actitud discreta y desapasionada’ y una ‘respetuosa curiosidad’” (traducido de Walsh, 2006, p.245)
• Aprende sobre la diferencia entre heridas autoprovocadas y suicido.
• Si alguien te cuenta que se está autoprovocando heridas, significa que confía en ti y que está dispuesto a compartir este problema tan personal.
• Algunas personas querrán tan sólo ser escuchadas y comprendidas. Intenta no presionarlas haciendo preguntas que puedan abrumarlos.
Asegúrate de que tu ministerio juvenil tenga una política para los casos de heridas autoprovocadas. Orientaciones para escribir una política y más información pueden obtenerse escribiendo por mail a cschaffner@fringeconversations.com.
Cosas para que recuerden los Pastores de Jóvenes y los voluntarios:
• Cualquier persona con cualquier historia de vida y de cualquier edad puede autoprovocarse heridas, incluso niños muy pequeños.
• El autoprovocarse heridas afecta a personas de todos los trasfondos familiares, religiones, culturas, y grupos demográficos.
• El autoprovocarse heridas afecta tanto a varones como a mujeres.
• Las personas que se autoprovocan heridas pueden a menudo guardarse el problema durante mucho tiempo, lo cual significa que abrirse a contárselo a alguien puede ser difícil.
• No puedes simplemente decirle a alguien que se autoprovoca heridas que deje de hacerlo… no es tan fácil.
¿Cómo puedo ayudar a un familiar que me confesó su homosexualidad?
Esta es una pregunta que surge la mayoría de veces de un hermano o hermana, un padre o madre, un tío, una prima, etc., que ha encontrado que alguien a quien ama en la familia tiene atracciones homosexuales, o se ha confesado abiertamente gay.
Si estás atravesando por esta situación en tu familia, oramos para que te sientas consolado y fortalecido en el Espíritu Santo luego de escuchar esta confesión; sin duda es algo completamente inesperado y muy doloroso. Ahora, te animanos a que hagas varias cosas al respecto.
1. Toma un tiempo suficiente para empezar a aprender con calma, acerca de la homosexualidad. Al informarte acerca de las causas, puedes encontrarte con momentos dolorosos, pero serán herramientas útiles para ayudar a tu ser querido. Eso puede ayudarte a crear comprensión, apoyo, e incluso eliminar la culpa de tu vida si has llegado a creer que pudiste evitarlo en algún momento; luego podrás empezar a escuchar sus temores, sus vergüenzas al respecto de luchar contra la homosexualidad, e incluso sus convicciones al resepecto. Así en vez de juzgar, puedes crear un vínculo para posteriormente ayudarle y ministrarle con la compasión de Cristo.
2. Busca ayuda y apoyo, y no luches contra esto en soledad. Busca a la familia pastoral de tu congregación, a otros miembros, a los pastores de jóvenes, a tus amigos maduros de confianza. Las personas salen adelante cuando dicen lo que necesitan.
3. No impongas a esta persona falsas expectativas. Si él algún día decide buscar ayuda, no lo presiones con conductas como buscarle novia/novio, o animándole a mostrar conductas de “macho”, o de “dama”, como sea el caso. Primero Dios restaurará su identidad, y luego la parte conductual.
4. Ora mucho para que sea abierto el camino de esta persona que amas para hallar a Cristo.
5. Conviértete tu mismo en un testimonio de fortaleza, para que él o ella tenga un modelo de lo que significa ser restaurado por Dios. La oración de un justo puede mucho.
6. Cuando encuentres el momento preciso, y disposición en el corazón de esta persona, cuéntale acerca del sitio, www.libresencristo.org, donde puede encontrar ayuda con un mentor o una mentora cuya vida ya ha sido restaurada de la homosexualidad.




