Testimonio – Victor
¿Cómo empezar?
Vine a este curso después de luchar mucho tiempo contra la inmoralidad sexual. De las muchas maneras de inmoralidad sexual que se pueden manifestar yo no fui atraído por pornografía en televisión o revistas y nunca he puesto un pie en burdeles o prostíbulos. La forma en la que estuve envuelto en la inmoralidad y lujuria fue tal vez la que más hiere a las personas: la fornicación, el tener relaciones sexuales antes del matrimonio.
De alguna manera un día decidí que si realmente quería a la mujer con la que estaba y si tenía planes reales de matrimonio con ella entonces no había problema con tener relaciones sexuales y fue entonces que caí en fornicación, practicando este pecado durante más de un año con la mujer que yo pensé sería mi esposa.
Al final de cuentas el sexo destruyó la relación que teníamos y poco a poco en lugar de juntarnos nos distanció al punto de finalizar nuestra relación cuando descubrí que ella me engañaba con otro hombre. A partir de allí muchas mujeres desfilaron en mi vida, mujeres que de alguna manera se enamoraban de mí cuando yo lo único que buscaba era un poco de satisfacción sexual. Yo ya no llegué a tener coito, pero siempre buscaba desnudarlas y manosearlas, y una y otra vez después de hacerlo caí en dolor y angustia por lo que estaba haciendo pues yo sabía que estaba mal y una y otra vez llegaba a pedir perdón a Dios prometiendo que nunca más lo haría, sin embargo caía de nuevo, y de nuevo y de nuevo.
Un día llegué a darme cuenta del daño que le hice a una chica y me sentí tan culpable. Para ese entonces mi vida estaba hecha pedazos, no podía dormir bien, vivía en temor, con culpa y vergüenza, ya ni me reconocía a mi mismo. Mi relación con Dios era casi nula. Desesperado tuve un momento de rendición donde reconocí que no importaba cuantos años llevara de ser cristiano ni todo el conocimiento de la Biblia, no importaba cuan duro lo hubiera intentado, no sería libre sin Dios.
Estaba tratando de ser libre de la inmoralidad por mi propia cuenta para luego llegar ante Dios y decirle: mira, ya estoy libre, ahora si puedo ser tu hijo. Fue un momento de rendición en donde le dije a Dios que no podía más, que necesitaba de Él en mi vida y que necesitaba ayuda. Fue así como navegando por internet llegué a Libres en Cristo y encontré este curso. Un curso de 60 días que voy terminando casi en cinco meses, un curso en donde aprendí a rendirme ante Dios, a buscar saciarme de él todos los días. Donde aprendí a traer a la luz mi pecado.
Increíblemente creo que el camino hacia la libertad comenzó cuando confesé mi pecado al pastor de mi iglesia. Se lo había confesado a Dios miles de veces pero lo había ocultado de personas que confiaban en mí para trabajar en la iglesia. Al confesarlo la carga empezó a salir y la luz empezó a dejar ver heridas que Dios empezó a sanar, cada día empecé a pedirle a Dios que me saciara, que tomara el control de mis pensamientos, a decirle “Tu eres mi única fuente, de ti quiero beber”, amanecer y decirle aquí está mi cuerpo limpio por tu gracia y empezar a sentir de nuevo su Presencia en mi vida.
No saben ustedes cuanto lo extrañaba, Dios ha sido mi vida, mi fuente de alegría, mi consuelo, mi mejor amigo y mi Padre y vivir alejado de él por el pecado es lo peor que he vivido. Le pedí a Dios que provocara en mí el verdadero arrepentimiento y sentí un gran dolor por haber abandonado a mi Dios y haberle fallado así. Conforme pasaron los días empecé a disfrutar del perdón de Dios, y empecé a recibir fuerzas para seguir adelante, corté radicalmente relaciones con amigas y ex novias con las que podía caer de nuevo, cambié mis hábitos de sueño para evitar pasar demasiado tiempo en la cama y llegar a la masturbación al recordar momentos del pasado, y empecé a renovar mi mente con la Palabra de Dios, armándome para vencer la tentación.
Durante estos cinco meses que he estado en el curso me he encontrado con Dios de nuevo y allí encontré mi identidad otra vez, mis relaciones interpersonales empezaron a mejorar y mi vida ha comenzado a ser restaurada. También encontré fuerzas para levantarme cuando caí. Siento asco por lo que hice, siento asco por el pecado y le pido a Dios que ponga en mi corazón asco y odio por la inmoralidad y lujuria; pero amor y compasión por aquellos que viven con este problema como yo estuve alguna vez.
Sé que la tentación sexual es la batalla diaria de cada hombre pero sé también que Dios me ama y que él está muy interesado en que yo sea libre, él me quiere transformar y él me ha dado salida en la tentación, fuerzas para decir no a situaciones que antes yo buscaba y cada día es un nuevo día, Dios es mi primer pensamiento en la mañana y mi último pensamiento al acostarme, hoy disfruto de nuevo de una relación con mi Padre celestial y cada día mejora.
Gloria a ti Dios, gracias por tu misericordia y por tu gracia, por acordarte de mi y no abandonarme cuando te fallé, por pensar en mi aún cuando estaba lejos y te fui infiel, gracias por tu amor, gracias Señor, hoy mi vida la quiero vivir como una ofrenda de gratitud por salvarme del infierno y de la lujuria y de tantas cosas más.
Testimonio tomado de Libres en Cristo




