Jovenes
Luis Palau – Locamente Enamor@
engo veinticuatro años y estoy locamente enamorado de una chica, pero desafortunadamente, ella me desprecia. He tratado por todos los medios de expresarle mi amor, pero ella no ha querido poner oído a mis súplicas. Sale con otros muchachos sin importarle mis sentimientos. Estoy desesperado. He deseado entregarme a las drogas o al alcohol y hasta he tenido deseos de suicidarme. Para mí la idea de la felicidad ha muerto. No sé si sus consejos me pueden ayudar, pero los espero.
Respuesta:
Mi estimado caballero, veo que usted tiene veinticuatro años de edad y un corazón casi diría adolescente. Pero quiero responder con seriedad a su carta, ya que existe seriedad en el contenido de la misma.
Primero, sepa que no puede haber verdadero amor cuando no hay comunicación ni confianza entre dos personas. Todos corremos el peligro de confundir emoción, y a veces pasión, con el verdadero amor. En el caso suyo, se trata de una emoción, una fantasía, que no tiene fundamento en la realidad, porque usted obviamente no conoce a esta señorita, ya que si la conociera tal como ella es, comprendería su proceder.
Hay un pasaje escrito hace centenares de años por un famoso profeta en el cual Dios se dirige al mismo y le dice lo siguiente:
“No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Dios no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo
que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón” (1 Samuel capítulo 16).
Dígame joven, ¿conoce usted cuál es el comportamiento de esta señorita en su casa, en su vecindario, en la escuela o el empleo? ¿llena ella los requisitos de una muchacha ideal para el matrimonio? Me refiero ideal en cuanto a cualidades espirituales y a la actitud de su corazón, de su personalidad. Usted sabe que uno no debe casarse por puro atractivo físico, que es lo que lamentablemente demasiadas personas hacen.
Le hago otra pregunta, ¿qué tipo de hombre es usted? ¿es usted la clase de hombre que esta señorita respetaría y querría como esposo para vivir con ella treinta, cincuenta, sesenta años? Es una pregunta vital.
Lamentablemente, somos egoístas y muchas veces en lugar de pensar en qué clase de persona somos para que la otra persona nos respete, nos ame y quiera casarse con nosotros, pensamos en lo que a nosotros nos conviene y qué clase de persona es la otra en quien estamos interesados. ¿Es usted de los que practica lo que dice Filipenses capítulo 4? Dice:
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”.
Y luego en el mismo libro de Filipenses capítulo 2, dice lo siguiente:
“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”.
Estimado joven, usted debe reaccionar, tiene que despertar y frenarse de una vez. Usted mismo se ha creado un estado irreal. No quiere ser rechazado por esta jovencita, pues sus sentimientos egoístas están luchando dentro de su corazón y usted francamente, está en conflicto.
Habla del suicidio, el alcohol y las drogas, sencillamente porque su arrogancia y orgullo lo están destrozando. Usted no puede seguir diciendo que está enamorado de esta joven cuando al mismo tiempo piensa en la borrachera y el suicidio. Eso no es amor y de esta manera nunca va a crear un hogar feliz.
Usted debe reconocer que la solución al problema del falso amor que usted llama “locamente enamorado”, no se halla en las drogas o el alcohol, ni en el suicidio. La solución al dilema de su alma es Cristo viviendo en su corazón. Usted necesita un cambio de emociones, un cambio de actitud, un cambio de comprensión de lo que es la vida. Y la vida sin Cristo no es vida.
Si usted no tiene a Cristo en el corazón, no se sorprenda que su vida siga a los tumbos; que otros lo rechacen; no se sorprenda que se encuentre desesperado. Jesús dijo en San Mateo capítulo 9:
“Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos”.
Y en San Juan capítulo 15 dijo:
“Separados de mí, nada podéis hacer”.
El dilema suyo, aunque ahora se enfoca en el amor que usted dice sentir por esta jovencita, brota de su corazón. Si usted acepta a Cristo en su corazón, va a tener una actitud calma, genuina, una actitud sin intereses egoístas hacia esta joven.
¿Por qué no le abre su corazón ahora mismo, en este instante? Dígale, “Señor Jesús, he fracasado, estoy ciego, necesito que me perdones, que me guíes, que me cambies. Entra a mi corazón”. Haga esa decisión y su vida comenzará a cambiar.
Luis Palau
Como vivir tu Liderazgo al máximo, en el ministerio Juvenil
Por Paolo Lacota
Con pasos cortos se acercaba. Era una mujer de baja estatura y muy delgada que llegaba a Calcuta (India) cuando los agentes de migración, requiriendo sus documentos de identidad, le preguntaron: “¿Cuál es su nombre?”. Ella respondió: “Soy Teresa”. “¿Y cuál es el propósito de su viaje?”, indagaron. Ella dijo con mucha firmeza: “Vengo a ayudar a India”. El hombre la miró fijamente, replicando: “¿Tiene dinero?”. Ella tomó su bolso y dijo: “¡¡¡Tengo tres monedas y tengo a Jesús, puedo hacer cualquier cosa!!!”.
En una cultura como aquella, una mujer no tenía lugar en la sociedad, mucho no podía hacer. Pero aún así la dejaron pasar. Tal vez por las tres monedas más que por lo que podía aportar a la sociedad. Además, era una simple desconocida nacida en Skopje, Albania. Nada alteraría el curso de la historia.
Pero con el transcurrir de los años, antes que ella muriera, cada presidente o ministro en todo el mundo, sabía quién era ella. La que con tres simples monedas y Jesús afectó el mundo entero, porque decidió ser fiel a Dios y ayudar a ese pueblo.
Cuando decides tomar lo que Dios te dio para servir a otros, ocurren cosas que ni imaginaste.
No necesitas ser un súper dotado para servir. Ni siquiera necesitas saber leer, escribir o tener una certificación con las mejores calificaciones para hacerlo. No necesitas llegar hasta un postgrado en tus estudios para ayudar a la gente que está a tu alrededor.
Martin Luther King, Jr. Lo dijo de esta manera:
“Todos pueden ser grandes…
…Porque todos pueden servir.
No tienes que tener un diploma para servir
No tienes que saber gramática para servir
Sólo necesitas un oído lleno de gracia y un alma impulsada por el amor”
Servir es un estilo de vida, que te llevará a experimentar los momentos más gratificantes de tu vida si lo haces con la motivación correcta. De ahí la importancia que como Líder juvenil conozcas el potencial que Dios te ha dado y empieces a buscar oportunidades para desarrollarlo y así vivir tu vida al máximo. Para ello, considera lo siguiente:
Ten un propósito por el que valga la pena vivir.
Jack Morrison, bombero de vocación, lucha arduamente por abrirse camino entre llamaradas de fuego y explosiones dentro de un gran almacén. Su objetivo es rescatar a un ciudadano atrapado por el intenso fuego. Ingresa al almacén y en el empeño de seguir avanzando para salvar a la víctima, un derrumbe lo sorprende dejándolo atrapado entre escombros y metales de las estructuras caídas.
Desde afuera, el capitán Mike Kennedy -mentor, amigo y jefe de bomberos de Jack- hace todo lo posible por rescatarlo con vida.
Hay camiones cisternas de la unidad de bomberos, luces, sirenas, helicópteros, gigantescas llamas y columnas enormes de humo subiendo del gran almacén. Adentro de aquel edificio ardiente, Jack Morrison está inmóvil en el suelo, atorado por los escombros y pedazos de edificación que hace instantes habían caído sobre él. Es en ese instante que empieza a recordar y a visualizar en su mente escenas pasadas de su vida. Entre ellas, el momento en que conoció al Capitán Kennedy, sus inicios y el descubrimiento de su pasión, profesión y vocación: ser un rescatista y salvar vidas, enfrentando todo tipo de peligro, obstáculos y dificultades; poniendo en riesgo su propia vida a favor de personas que ni siquiera conoce, hasta el trágico momento en el cual se encuentra atrapado.
Cada recuerdo denota la desinteresada motivación de cumplir con su deber. Esas historias vividas asoman pensamientos que le hacen suponer que cumpliendo y desarrollando su vocación fue que Jack encontró a sus más cercanas amistades, conoció al amor de su vida, experimentó la realización de sus sueños y entendió que las verdaderas recompensas a su labor son los rescates logrados a lo largo de su carrera.
Mientras Jack se encuentra caído, aguardando ahora su propio rescate, afuera de aquel edificio sus amigos y compañeros de vocación trabajan arduamente por salvarlo de una tragedia de la cual parece imposible salir con vida.
Quizá hasta aquí no se había dado cuenta, pero Jack había descubierto su propósito en la vida sirviendo a otros.
Dos grandes interrogantes surgen de aquel filme titulado “Brigada 49”:
¿Qué lleva a un hombre a entrar a un edificio en llamas cuando todo el resto está corriendo hacia fuera? ¿Por qué los bomberos dejan a sus familias todas las mañanas para arriesgar sus vidas por extraños?
La palabra clave que responde a ambas interrogantes es: “Propósito”.
Lo hacen porque es el motivo de sus vidas. Lo hacen porque lo llevan adentro, porque es la razón de sus existencias, y aunque tienen la posibilidad de estar haciendo cualquier otra cosa, saben que no sería lo mismo.
La valentía, la audacia, el coraje y la lealtad afloran en ellos, desde el día en que descubrieron que esa es su vocación y su propósito.
Al reflexionar sobre nuestro propósito en la vida, recuerdo las palabras de Henry Ford, pionero de la industria automotriz, quien dijo: “Todo el secreto de una vida exitosa es descubrir qué estamos destinados a hacer, y luego hacerlo”.
En primer lugar tienes que entender y asumir que tú eres el capitán de tu vida y la persona a quien Dios coloco para guiar a tus jóvenes. y que tienes la responsabilidad de llevar tu vida hasta el destino que Dios trazó para ti y también de ayudar a tus chicos a que puedan los propósitos de Dios para ellos.
No tendrás la oportunidad de culpar a otros de dónde y en qué situación te encontrarás en 5 o 10 años. A esa altura estarás viviendo las consecuencias de tus decisiones de hoy. Es tu responsabilidad averiguar cuáles son los caminos que tienes que recorrer y utilizar todos los recursos que Dios te da para encaminarte hacia aquello que Él tiene preparado para ti. De esta manera puedes trazarte metas que te acercarán a la misión que tienes en esta vida. Sólo tú puedes descubrir el propósito que Dios tuvo al crearte. Sólo recuerda que sea cual fuere ese propósito siempre apuntará a servir a tu generación, a dejar una huella en la vida de los que te rodean.
“Los sueños de Dios, no caben en tus sueños, pero tus sueños si caben en los sueños de Dios… sueña en grande, pero asegúrate que en tus sueños estén incluidos los sueños de tus jóvenes, y ten por seguro que entonces sí será un sueño de Dios”.
Busca oportunidades para servir, no para sobresalir.
A veces pensamos que a través del servicio podremos escalar posiciones y llegar a sitiales o metas que nos hemos propuesto, otras veces usamos el servicio como una excusa para alcanzar ciertos privilegios, pero debemos corregir esta errada motivación y entender que el poder servir a otros en sí ya es un privilegio, un honor y una recompensa. Debemos canalizar nuestras motivaciones a través del amor y del agradecimiento. Debemos servir porque entendemos que es parte de los privilegios que Dios nos permite hacer, y porque entendemos la grandeza y el honor de ser parte de de este gran operativo de rescate, de un mundo perdido que necesita con extrema urgencia experimentar el amor incondicional de Dios a través de nuestras vidas.
Un gran ejemplo de canalizar nuestros talentos como una oportunidad para servir a otros y no solamente para sobresalir o destacarnos en algo, fue Eric Liddell, uno de los misioneros que más ha impactado mi vida, él fue hijo de una pareja de misioneros que había entregado su vida a servir en la China. Desde muy pequeños Eric y sus hermanos vieron a sus padres dedicarse con una pasión inconmovible al pueblo chino. En 1920 se inscribió en la Universidad de Edimburgo, donde descubrió sus aptitudes y desarrolló sus dotes atléticos, ganando grandes premios, y destacándose como corredor.
En el momento cúspide de su carrerra deportiva, habiendo conseguido la medalla dorada en las olimpiadas de Paris en 1924, y batiendo un nuevo récord mundial, decide dejar todos sus logros de lado, para correr una mejor carrera, servir a Dios.
Luego de terminadas las Olimpíadas de París, y de haber concluido sus estudios universitarios, regresó a China, en donde sirvió como misionero desde 1925 hasta 1943. Su trabajo como misionero tuvo el adicional de gran riesgo para su vida ya que se produjo la invasión japonesa a China. En 1943 Liddell, junto a otros misioneros americanos, pasó a trabajar tras las líneas japonesas. Ese mismo año aparecieron los primeros síntomas de la enfermedad que le provocaría la muerte, un tumor cerebral. Al poco tiempo fue internado en Weishien. Dos años más tarde el extraordinario corredor olímpico y abnegado misionero falleció en China.
Al enterarse de la muerte de Lidell, Escocia y toda Gran Bretaña estuvieron de luto.
Su enfermera relata que sus últimas palabras fueron de regocijo por la tarea cumplida: “Lo he entregado todo”.
La pasión de servir a esa nación no fue detenida por la fama ni por el dinero, había dedicado su vida por ayudar y dar a conocer a Jesús. La habilidad de ser un gran corredor lo utilizó para servir a otros. Durante la guerra corría kilómetros trasladando a los heridos para que sean atendidos.
En una ocasión Eric dijo: “No tienes que ser famoso o especialista para servir al Señor. Dios pregunta solamente si en lo que te desempeñas lo haces con sinceridad y fidelidad. Dios te ha llamado para que lleves fruto, y ése fruto debe permanecer. Dios honra a sus fieles, y él honrará tu obediencia, con una vida que trasciende hasta la eternidad. La entrega completa a Cristo es la victoria total”.
Involúcrate en la causa
Tiempo atrás con mi esposa y mi hija tuvimos la oportunidad de visitar el Gran Cañón en Arizona, Estados Unidos; y las Cataratas del Iguazú, Brasil. Al llegar a estos lugares uno dice wow! Como puede alguien dudar de la existencia y el poder de Dios ante tales majestuosidades. En verdad es impresionante, es imposible olvidarlas. Quedan grabadas en la mente. Creo que forman parte de las maravillas más grandes de las que podemos ver en la tierra. Sin embargo, hay otra maravilla en el mundo que muchas veces no vemos o no le damos el elogio que se merece. Una maravilla que cuando la notas marca tu vida para siempre y deja una huella imborrable en ti. Es una especie en peligro de extinción que tiene un valor incalculable para la raza humana, que marca la historia de la humanidad. Esa especie en peligro de extinción son padres que enseñan la Biblia a sus hijos, instruyéndolos a vivir bajo sus principios. Son maestros en escuelas y universidades que con sus vidas reflejan el amor de Dios. Son empresarios que aportan sus impuestos al gobierno, que dan un trato justo a sus empleados y sirven honestamente a sus clientes con la calidad que prometen. Son hombres y mujeres que deciden escoger hacer lo correcto antes que escoger solo lo que les conviene. Son Líderes juveniles que con sus vidas modelan a Jesús, que instruyen en las escrituras a las nuevas generaciones y que entregan sus mejores años a esta causa.
Es hora de actuar, sé parte de esta especie que no se extinguirá.
Comienza desde donde estás y con lo que tienes en tus manos, recuerda que muchos hombres y mujeres que marcaron la historia empezaron sirviendo con pequeñas cosas que luego se convirtieron en gigantescos milagros. Empieza sirviendo en los pequeños detalles de la vida. Cuando ayudas a algún anciano o a alguna persona con necesidades específicas estás sirviendo; cuando prestas atención a un amigo que necesita ser escuchado también lo estás haciendo. Proponte a ayudar en tu hogar, a tus padres, a tus hermanos; muéstrate accesible ante cualquier necesidad que veas a tu alrededor. No olvides que cuando predicas del amor de Dios con tus acciones y palabras en tu familia, en tu grupo de jóvenes, en la universidad o en tu trabajo estás sirviendo.
Fuiste creado para brillar e iluminar el camino de los que están cerca de ti. Sé incluyente; anima a los demás; inventa cosas nuevas; desarrolla tus talentos; estruja al máximo tu imaginación; busca nuevas oportunidades; piensa ideas ingeniosas; crea soluciones a los imposibles para otros; no bajes los brazos; descubre nuevos horizontes; sueña en grande; extiende tu mano; comparte con otros; aprende de los demás y nunca, nunca dejes de vivir y compartir el amor incondicional de Dios.
No olvides que las consecuencias del servicio son sumamente poderosas, generan bendiciones que no podrás dimensionar hasta dónde llegarán. Vendrán desde el cielo con consecuencias eternas dejando una huella imborrable en las personas a quienes has ayudado y también llegarán a tu vida por haber sembrado semillas de servicio, cosechando una vida llena de consecuencias sobrenaturales. Cuando eso suceda no olvides que: “Cuando Dios te bendice, es simplemente para que puedas servir a más personas”. Y que la mayor recompensa es saber que tu vida sirvió para ayudar y rescatar de la desesperanza y el dolor a otros. Tal como lo reflejan las palabras de Jesús en Mateo 28.20: Como el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
“Hay un destino que nos vuelve hermanos, ninguno sigue su camino solo. Todo lo que damos a la vida de los demás, regresa a nuestra propia vida”.
Edwin Markham
No permitire que nadie me domine
El deseo de vivir impulsa todo. Cuanto existe busca la perfección. El ansia de consumación es quizás el más fuerte de los impulsos. 1 Corintios 9.24-27; 1 Timoteo 6.11-12
La religión tiene sus raíces en esa ansia de vivir; la religión es el ansia cualitativa de la vida.
Queremos vivir, no sólo plenamente, sino mejor. El deseo de vivir se puede convertir en el deseo del poder, a menos que sea dirigido por factores cualitativos. El deseo de gobernar puede degenerar en tiranía, si no está controlado por la Voluntad de Dios.
Pablo sugiere este deseo de dominio en estas palabras: “Todas las cosas me son licitas, más no todas convienen: todas las cosas me son lícitas, más yo no me meteré debajo de potestad de nada”. (1 Corintios 6.12).
Esa frase: “Yo no me meteré debajo de potestad de nada”, es la declaración más grande de un propósito vital que se haya proferido. El hombre dominado en lo absoluto por la voluntad de Dios no estaba dispuesto a ponerse debajo de la potestad de nada.
Invirtiendo el orden: Quien no está en forma absoluta bajo la potestad de Dios, se encuentra bajo el dominio de todo: de sí mismo, de los demás, de las circunstancias, del mundo, de las contrariedades, de la desilusión.
Algunos son dominados por el mundo. El proceso previo es lento y callado. Apenas si nos damos cuenta de lo que sucede, pero nos vamos dejando dominar por una visión materialista. Se cuenta la historia de un pajarillo al que se le ofreció un gusano a cambio de una pluma.
El pajarillo pensó que aquello era un buen negocio. Se ahorraría la molestia de buscar un gusano y una pluma ni la echaría de menos. Pero un día despertó para hallarse con la amarga realidad de que había perdido todas las plumas y no podía volar.
Había cambiado su poder de volar por un gusano. Estaba atado a la tierra. Algo semejante nos está sucediendo: los poderes del alma, los valores morales, la facultad de remontarnos la estamos cambiando por cosas materiales. De seguir así, muy pronto el hombre será un alma muerta rodeada de insignificancias.
Hay personas a quienes domina el dolor de la muerte de un ser querido o el desencanto. Se retiran a un rincón como el perro golpeado huye con la cola entre las piernas. La vida es mucho para ellas. Están vencidas. Se entregan a la lamentación inútil. Su deseo de vivir se convierte en un lamentarse sin cesar respecto de la vida.
Dios mío, aparte de Ti soy dominado por una infinidad de cosas. Contigo nada me domina sino Tú. Así, me siento libre. No permitas que me dominen ni la tristeza ni la angustia. Ayúdame a vencer todas las circunstancias. Por Cristo Jesús. Amén.
Tomado del libro: Vida en abundancia
E. Stanley Jones
Probando el Sexo
¿No sería genial si pudieras predecir si tu novia te podría hacer feliz por siempre? ¿Qué tal si pudieras determinar si tu novio te hará feliz por siempre?
Al tener citas, es normal que uno se pregunte si la persona con la que sale es la apropiada. El romance parece una inversión muy grande como para arriesgar el corazón con cualquiera.
Pero algunos solteros transitan una ruta peligrosa cuando “prueban” sus relaciones. Algunas veces, nuestro proceso de buscar esposa se parece más a la compra de un automóvil. Si alguna vez compraste un auto, sabes qué tan estresante puede llegar a ser. Se acelera el corazón, la ansiedad llena tu mente y miras al vendedor y al auto con desconfianza. Un auto es una inversión importante, y no quieres entregar tu dinero por un auto que no va a responderte.
El vendedor percibe tus dudas, pero desea hacer la venta, así que sugiere: “Abre el capó y echa una mirada. Llévalo a dar una vuelta para probarlo”. Así que tomas las llaves, aceleras al salir del estacionamiento y juzgas qué tan bien responde el automóvil. Tu meta es asegurarte que este auto es lo que buscas. Si el auto no te gusta, lo devuelves y te vas. Este proceso tiene sentido cuando se compra un auto.
¡Oh sorpresa!, muchos solteros aplican la misma filosofía en las relaciones románticas. Se sienten motivados a hacer una “prueba” sexual con su novio o novia. Piensan: “Si nos acostamos o nos mudamos juntos, podremos ver que tan bien nos llevamos.
Entonces, si no nos llevamos bien, podemos romper la relación fácilmente sin los enredos del matrimonio. Esto puede sonar como sabio, pero hacer una “prueba” del acto sexual, puede ser un camino que lleva al desastre.
El sexo es una fuerza sorprendente, más poderosa de lo que muchos de nosotros pensamos. El apóstol Pablo describe este poder en Primera Corintios 6:16: ¿No saben que el que se une a una prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues la Escritura dice: «Los dos llegarán a ser un solo cuerpo»? La palabra clave aquí es “une”, lo que en el texto original significa “unir con cemento o súper pegamento”.
Tal vez estés familiarizado con los superpegamentos. Como un inocente chico de 13 años, cierta vez utilicé uno de estos pegamentos para armar un modelo de aeroplano. Razoné: “Lo voy a probar. Si soy cuidadoso, no me pasará nada”. Como te imaginarás, terminé con pegamento en mis dedos, y accidentalmente junté el índice y el pulgar. Asustado, traté de separarlos, pero nada funcionó. Como último recurso, separé los dedos arrancándome la piel. El dolor fue tremendo. Sin embargo, aprendí una lección: no puedes hacer “pruebas” con el súper pegamento; une de manera permanente.
De la misma manera, Dios designó a las relaciones sexuales para unir de manera sobrenatural al esposo y la esposa como uno, lo que significa que no sería sabio hacer una “prueba”. Porque, una vez que tengas relaciones, tu corazón y tu cuerpo se unirán inmediatamente a la otra persona.
Si no estás de acuerdo, considera que la relación sexual no fuera un proceso de unión, todos nosotros podríamos tener sexo con la persona que quisiéramos, luego separarnos, y nunca más sentir ni una punzada de dolor. El hecho de que las parejas queden con el corazón roto cuando se separan después de haber tenido sexo (aunque solo sea besarse y acariciarse) es prueba de que las relaciones sexuales son un proceso de unión.
Irónicamente, algunos solteros, especialmente las mujeres, creen que involucrarse sexualmente alentará a sus novios a comprometerse. El razonamiento es que un poco de sexo los convencerá de tomar la relación en serio y casarse. Sin embargo, la actividad sexual no alienta a nadie a comprometerse. Al contrario, desalienta a los hombres y a las mujeres de casarse, porque obtienen todo el sexo y la compañía que quieren gratis. ¿Por qué considerar el matrimonio cuando tengo todo lo que quiero sin ataduras?
La intimidad no existe sin amor sacrificial y compromiso. Estas cualidades están ausentes cuando las parejas que están saliendo tienen relaciones sexuales o se mudan juntas. En esencia, el placer y la conveniencia se vuelven más importantes que el bienestar del otro. Por eso, es imposible que alguien pida tener sexo antes del matrimonio y lo justifique diciendo: “Yo te amo”. Si realmente te ama, se casará o tendrá citas contigo sin tener relaciones sexuales.
Cuando Jesús murió en la cruz, no hizo una “prueba de manejo” de su relación contigo. Su crucifixión demostró su compromiso de amor para siempre. De la misma manera, el matrimonio en la tierra fue designado por Dios para ilustrar gloriosamente tu casamiento espiritual con Cristo. El Señor quiere lo mejor para ti, y creó el sexo para tu bien.
Por lo tanto, valora tu habilidad para expresar deseo físico por otra persona. Las relaciones sexuales son magníficas, porque representan el apasionado deseo de Cristo por ti. De la misma manera que el superpegamento, la fuerza de Su amor durará por siempre. Así que, espera a celebrar el poder de la pasión sexual cuando te cases – valdrá la pena esperar.
Rob Eagar
Preguntas importantes para jóvenes en riesgo
Durante los últimos veinte años, he emprendido un viaje con algunos amigos cercanos en el ministerio a la juventud en alto riesgo en lugares muy difíciles. Hemos tratado de descubrir qué significa ser legítimo, sincero, compasivo y transformacional acerca de lo que hacemos.
Decidimos empezar reuniéndonos a menudo a pensar y reflexionar en lo que hemos aprendido y experimentado con otros en el viaje. Iniciamos tratando de hacer preguntas que pudieran traer a luz algunas respuestas en la búsqueda de una teología que pudiera sostener efectivamente nuestro trabajo con jóvenes difíciles en lugares igualmente difíciles.
Hicimos nuestras preguntas con miedo y temblando porque no estábamos seguros de cuáles serían las respuestas. Teníamos un presentimiento de lo que deberían ser y lo que nos habían dicho que debían ser, pero francamente no estábamos convencidos ni siquiera de tener una idea clara de qué preguntas realizar.
El salmista hace una hermosa pregunta en el Salmo 137:4 “¿Cómo cantar las canciones del Señor en una tierra extraña?” En el contexto, el escritor está en Babilonia, donde los israelitas habían sido arrancados de su patria y se les había dicho que debían buscar la paz y prosperidad de sus opresores.
¿Cómo iban ellos en un lugar sombrío y extraño, cantar las canciones del Señor de gracia, misericordia y amor? Esta es la misma pregunta que hemos enfrentado en América Latina en el contexto a veces sombrío y extraño de las pandillas callejeras en las cárceles, jóvenes indigentes en las calles, prostitutas adolescentes y familias atrapadas en la pobreza implacable, etc. El aprender cómo formular preguntas hermosas ha provisto la melodía necesaria para poder cantar las canciones de Dios en tierras extrañas.
El aclamado poeta inglés EE Cummings escribió una vez “La hermosa respuesta está siempre precedida por una pregunta aún más hermosa”. ¿Crees eso? Si realmente creyéramos como comunidad que la hermosa pregunta es mucho más importante que la bien elaborada respuesta, nuestros ministerios con jóvenes serían mucho más efectivos.
La creencia aquí es que las preguntas hermosas revelan de hecho respuestas hermosas. Si realmente creyéramos eso, nosotros como cristianos seríamos los mejores formuladores de preguntas en el mundo. ¿Eres tú una pregunta respondida por naturaleza?
He llegado a creer con todo mi corazón que es un ministerio profundo y altamente continuo el aprender a realizar preguntas hermosas respecto a los jóvenes en alto riesgo en lugares difíciles. Creo esto bajo la convicción de que las respuestas hermosas florecen ante las preguntas hermosas.
Estamos actualmente en el proceso de plantear preguntas a los miembros activos de pandillas en las prisiones de la Ciudad de Guatemala, pero yo aprendí primero este principio mientras vivía en Filadelfia tratando de trabajar con traficantes de drogas activos en las calles de nuestro vecindario.
Varias iglesias locales emprendieron “marchas anti-drogas” tratando de recuperar las calles de los distribuidores. Nosotros también como iglesia estábamos desesperados por ver cambios, pero no vimos fruto alguno como resultado de esas “marchas”. Un día un joven que recientemente había dejado de ser distribuidor en un intento para mejorar su vida, me invitó a conocer a los muchachos en la calle y escuchar algunas de sus historias.
Acepte su invitación viendo que era una oportunidad magnífica para tratar de formular algunas preguntas hermosas a estos narcotraficantes, con la esperanza de que dieran a conocer las respuestas que nosotros como iglesia necesitábamos tan desesperadamente. La mañana antes de ir a conocer a los traficantes, tropecé con la historia del encuentro de Jesús con el ciego Bartimeo en Marcos 8, donde él le hace a Bartimeo la hermosa y asombrosa pregunta: “¿qué quieres que haga por ti?”
De repente, me di cuenta por primera vez que nosotros como iglesia estábamos haciendo exactamente lo opuesto a lo que Jesús nos enseña aquí. Habíamos estado acercándonos a Dios pidiéndole que nos enseñara qué hacer para alcanzar a estos narcotraficantes, mientras Jesús estaba tratando de enseñarnos a ir directamente con ellos armados con hermosas preguntas.
Salí esa noche a preguntarle a distribuidores activos qué podríamos hacer como iglesia para bendecirles. También les pregunté, “Si tu fueras un pastor juvenil en una iglesia en este vecindario ¿qué harías para alcanzarte a ti mismo?”.
Los traficantes me dijeron que a ellos les encantaba jugar balón mano pero no tenían un lugar decente para jugar; y que era a través del balonmano que ellos podían ser alcanzados y bendecidos efectivamente.
Armado con esta información pude encontrar otros dos pastores en la comunidad dispuestos a tomar un riesgo colectivo con tal de alcanzar a estos muchachos. Juntos adquirimos las instalaciones de un centro local de recreación y empezamos a organizar regularmente torneos de balonmano para narcotraficantes.
Esto permitió que ganáramos la confianza y respeto de los mismos muchachos a quienes antes habíamos demonizado y rechazado. Como resultado construimos relaciones sólidas con varios de estos distribuidores y muchos empezaron a entregar su vida a Cristo.
Tradicionalmente en la misión de la iglesia vamos a Dios a tratar de descubrir QUÉ hacer y luego vamos al mundo a descubrir CÓMO que hacerlo. El planteamiento de hermosas preguntas invierte ese orden.
Las preguntas nos permiten ir al mundo a preguntar QUÉ hacer luego desesperadamente volvernos a Dios para descubrir CÓMO. La esencia de este cambio es la transferencia de poder. Dios dio toda la autoridad y poder a Jesús, y Él luego la dio al Espíritu Santo el cual después dio a la iglesia.
¿Y la iglesia a quién se lo dio? La triste respuesta es que no se lo hemos dado a nadie. Hemos interrumpido el flujo del poder al acumularlo para nosotros mismos y no darlo a nadie. Es de hecho, al menos poderoso de su comunidad, a quién la iglesia debería estar entregando este poder.
Si quieres ver esto en acción, te reto a hacer un estudio personal de las preguntas que Jesús formula en el evangelio de Juan. He contado al menos setenta hermosas preguntas formuladas por Jesús en este libro, en donde el poder es trasferido y se descubren hermosas respuestas como resultado.
Consistentemente, antes de sanar a alguien Jesús le preguntaba a la persona qué quería que hiciera por él. Esto por supuesto es muy peligroso para tu ministerio porque implica una transferencia de poder de parte tuya hacia el mundo; y las personas que no están acostumbradas a tener el poder abusarán de él cuando lo obtengan. Así, tal como Jesús lo hizo antes, nosotros debemos estar preparados a llevar la cruz de su abuso.
La transferencia real de poder significa que tú realmente hagas lo que la comunidad te dice, y es a través de hermosas preguntas que podemos descubrir eso. No hacer las preguntas es denegar las implicaciones de la encarnación de Jesucristo.
En nuestra misión como ministerios juveniles debemos aprender a liderar con hermosas preguntas permitiendo que aquellos a quienes hemos sido llamados a alcanzar, ¡nos enseñen QUÉ hacer! Si somos fieles en esta tarea, Dios será fiel en decirnos CÓMO. Y como resultado aprenderemos a cantar hermosamente las canciones del Señor en “tierras extrañas”.
tomado del libro: Especialidades juveniles
Editorial Vida
Eres más que mi líder
“Eres más que mi líder”
Por Jay Arisso
Juan Carlos entro a la reunión el jueves por la noche como siempre, callado. Después que cantaron unas canciones de adoración, el pastor de los jóvenes pidió si había alguna persona que quería compartir algún testimonio. Juan Carlos, no fue el primero, ni el ultimo en compartir, nunca compartió su historia. Después de la reunión, se acercó al pastor y le pidió un minuto de su tiempo para compartir algo. Con sus ojos llenos de lagrimas, Juan Carlos le dijo “Este mes fue el peor mes de mi vida. Todo comenzó con una llamada que recibió mi mamá a las 9 am de la mañana. Era el banco para decirnos que ya se nos había acabo el tiempo. Mi papá fue deportado por migraciones a nuestro país por su estatus legal y mi mamá no hacia suficiente dinero para pagar los gastos de la casa. Se dejó de pagar la hipoteca de la casa por seis meses, las cartas del proceso llegaban por montones por correo y el banco nos estaba llamando ahora para decir que el próximo día iban a venir las autoridades para asegurar que saliéramos de la casa. Pastor, sentía que mi vida no tenía sentido. No quería ir a la escuela y menos ir a la iglesia. Pero ese jueves, llego usted a mi casa para recogerme como usted hace todos los jueves. Cuando entre al auto, usted me saludó, yo no hable mucho, pero por dentro, estaba gritando de dolor. Cuando llegamos al grupo, me recibieron mis amigos como siempre, con un abrazo. Le cuento pastor, sentí paz. No se me olvidó lo que estaba pasando, pero sentí paz. Esa noche, después de la reunión, usted me llevo a la casa y antes de bajarme del auto, por una razón u otra, usted me dijo que quería orar por mí. Esa oración tocó mi corazón de una manera muy profunda. No solamente por las palabras, sino porque sentí que usted me entendía de una manera especial. Sentí que usted me amaba y mis amigos me amaban. Sentí que Jesús me amaba a pesar de la situación. Sentí que mis problemas tenían solución y que Dios se iba encargar de solucionarlos. Esa noche pastor, usted me enseñó que mis amigos eran más que amigos, eran mis hermanos. Esa noche, usted me enseñó que usted es más que mi líder, es mi amigo y hermano. Usted me enseñó el amor de Jesús.”
A veces no sabemos el impacto que tenemos en las vidas de nuestros chicos. Cada uno de nosotros somos ese pastor en la historia. Tocamos los corazones de nuestros jóvenes con el amor de Jesús. Esas oraciones instantáneas sin ninguna razón específica tienen poder. Para muchos de nuestros jóvenes, somos sus héroes. Lo curioso es que no lo hacemos por ser héroes, lo hacemos porque sabemos que es necesario. Lo hacemos porque los amamos. Lo hacemos porque amamos nuestro llamado y al que nos llamó. Líderes juveniles, somos más que solamente sus líderes. Somos la extensión de las manos de Jesús tocando los corazones por cada llamada, cada reunión, cada mensaje de texto y de Facebook. Somos más que solamente líderes juveniles, somos sus amigos, sus hermanos y en ocasiones, la expresión visual del amor incondicional de Jesús.
Contigo en la brecha.
El pecado me brinda placer, pero no satisfacción
Día a día soy tentado. Día a día tengo que vencer. Día a día me cuesta. A veces lo logro, a veces fracaso. No obstante, sigo me gustaría compartirte dos grandes lecciones que tú y yo debemos aprender.
MIS DESEOS PECAMINOSOS Y LOS TUYOS NO SERÁN SACIADOS
Por si aún no lo habías notado, cada vez que cedemos a una tentación, recibimos cierta dosis de placer. Lastimosamente se trata de una muy pequeña, pasajera, efímera, enfermiza y mentirosa. Es cierto: el pecado nos hace sentir bien, pero hay un engaño detrás.
Leí una vez la historia de unos astutos cazadores de lobos. Para atrapar a sus víctimas, estos hombres idearon una manera efectiva, sencilla y fatal. Aprovechando el deseo insaciable de los animales, pensaron en colocar un cuchillo en el suelo con sangre fresca. Al verse atraídos, los lobos llegaban a lamer tan deliciosa sangre, deleitándose en tan exquisita trampa mortal. Querían cada vez más, y seguían lamiendo. Por supuesto, sus lenguas se cortaban y comenzaban a sangrar por sí mismas, alimentando la ansiedad de los animales, satisfaciendo su apetito por sangre fresca. Después de tiempo, el mismo animal había lamido su propia sangre hasta la muerte. El cazador no tuvo que cazar, sólo esperar.
Tú y yo podemos ser igual de necios como estos animales y caer en la trampa fatal del pecado. Una pequeña dosis no produce satisfacción, sino que incrementa el deseo por más. No nos saciamos, necesitamos un poco más. Más placer. Sólo un poco más. Cada vez más.
Poco a poco, nos esclavizamos, nos volvemos adictos, nos encerramos, nos enterramos, nos enredamos en una espiral sin salida. Siempre es más difícil decir “NO” la siguiente vez. Debemos huir hoy, no mañana.
JESÚS SÍ PUEDE LLENAR MIS NECESIDADES Y LAS TUYAS
Las trampas engañosas del pecado atacan en nuestros puntos débiles, van al acecho de nuestras necesidades. Y dicho sea de paso, nuestras necesidades son reales y son buenas. Son buenas, porque debieran acercarnos a aquel que puede satisfacerlas con gracia y verdad.
Stephen Arterburn, en su libro “Tome control de lo que lo controla” (un pequeño libro que te recomiendo leer), detalla los diferentes apetitos que buscamos saciar en la vida. En cada caso, ya sea que se trate de apetitos sexuales o de cualquier otra índole, debemos recordar que Dios nos creó con estas necesidades para que Él pudiera satisfacerlas. Lastimosamente, nosotros nos descarriamos y procuramos satisfacer nuestros deseos con impostores que nos hieren, avergüenzan, atormentan y asesinan.
Hace unos días decidí tomar el curso de pureza sexual de Libres En Cristo (un curso gratuito en línea, en www.libresencristo.org) para fortalecerme y animar a otros a mantenerse firmes en integridad. En la segunda lección fui recordado del fantástico dialogo de Jesús con la mujer samaritana, en Juan 4. Ni el agua del pozo, ni las múltiples relaciones maritales que había tenido, saciaban por completo sus apetitos. Pero Jesús le dio el agua viva, sació sus necesidades, transformó su vida y le brindó esperanza eterna. Esa misma oferta, sigue vigente el día de hoy, para ti y para mí.
¿QUÉ HACEMOS ENTONCES?
Tú y yo no necesitamos el pecado para llevar una vida plena, exitosa. No necesitamos el pecado para llegar a ser quien Dios anhela que seamos. No necesitamos ceder a la tentación para disfrutar la vida al máximo. Lo que necesitamos es dejar que Jesús sea quien llene nuestro ser y satisfaga cada uno de nuestros apetitos.
Estoy seguro que tú y yo necesitamos hacer cambios radicales en nuestra vida. Quizás sea difícil lograrlo. De hecho, decir “NO” al pecado tal vez no produzca placer; pero el dolor de la sanidad siempre será mejor que el dolor de la enfermedad. Que Jesús satisfaga y transforme tu vida y la mía todos los días.
Visto | El Bunker
Si Yo Fuese el Diablo ¿Qué haría en la iglesia?
Si Yo Fuese el Diablo ¿Qué haría en la iglesia?
Por Ulises Oyarzun
Quiero confesar que la idea de este artículo no es 100% mía, es más, el título se lo robé a un amigo que me dijo haber predicado algo similar en algún momento de su ministerio.
Pero quise reproducir o masterizar su idea y plasmarla en este artículo.
Este es un trabajo subjetivo, no soy un santo, pero tampoco soy tan malo como para creerme el diablo, pero de todos modos hagamos un esfuerzo por imaginar a don “Luci” presentar cuáles serían sus pautas de trabajo si le pidiéramos que ocupara un lugar en el liderazgo de la iglesia.
Estimados miembros de la iglesia
Presente
Mi nombre es Satanás, pero me pueden decir como quieran, desde “Lucifer” hasta el “cola de flecha” para los amigos.
Me hicieron esta pregunta , ¿Qué haría yo en la iglesia?
Si me lo permiten, tengo algunas propuestas sobre mi trabajo a desempeñar:
•De partida, no andaría asustando a los cristianos, el susto provocaría que se acercaran más a Dios, es decir “a la competencia”.
•No invertiría mucho tiempo en promover herejías, ese trabajo ya me lo hacen varios predicadores famosos y sin honorarios.
•No sacaría cristianos de la iglesia, me son más útiles tenerlos como colaboradores dentro de ella, promoviendo los chismes, la envidia, las rencillas, la arrogancia y la hipocresía.
•No TRASTORNARÍA los programas de la iglesia, es más, apoyaría muchos de ellos con tal de tener a los cristianos 40 años en la congregación y sin haber TRASTORNADO al MUNDO.
•No impediría la lectura de la Biblia, en tanto que se lea sólo para validar y ratificar dogmas ya asimilados y no para dejarse provocar y escandalizar por aquello que nos exige practicar.
•No impediría la vida de oración, en tanto que ella aparte a los cristianos del mundo y de sus necesidades.
•No impediría que se hable de Jesús, en tanto que sea de “Ese Jesús” que lo amoldaron a los paradigmas religiosos, para así ocultar a ese otro que grita desde los evangelios esperando que lo dejen entrar a la iglesia.
También me dedicaría a 3 misiones fundamentales.
1.- Matar
•Mataría las voces proféticas que denuncian la religiosidad hueca y daría larga vida a los fariseos.
•Mataría a todos los líderes que se ponen el “overol” para trabajar en servicio a los demás y daría larga vida a los pastores y líderes “Empresarios” y “patrones de fundo”.
•Mataría a los juiciosos maestros de la Biblia, a todos aquellos que luchan para que las Escrituras vuelvan a orientar en las realidades tan complejas en que vive el hombre, en cambio, daría larga vida a los maestros que con dos versículos creen dar respuestas acabadas cerrando el diálogo.
2.-Robar
•Robaría la creatividad y la cambiaría por rutina religiosa.
•Robaría el amor a Cristo y lo cambiaría por un amor a las estructuras.
•Robaría el amor por la Iglesia y lo cambiaría por un amor al “edificio”.
•Robaría la defensa legítima de la fe y la cambiaría por una defensa ciega a formas culturales religiosas.
•Robaría el temor de perder la integridad y lo cambiaría por el temor a perder el CARGO que por “TANTOS” años se lleva en la iglesia.
3.-Destruir
•Destruiría la posibilidad de nuevas generaciones de líderes y perpetuaría los cargos vitalicios.
•Destruiría el amor y perpetuaría la indiferencia.
•Destruiría la unidad y perpetuaría la uniformidad.
•Destruiría las convicciones cristianas y perpetuaría el activismo religioso sin reflexión.
•Destruiría las ganas de servir y perpetuaría las ganas de mandar.
•En esencia, destruiría la iglesia desde adentro y dejaría erigido algo parecido a ella, pero sin el Señorío de Cristo, la fuerza renovadora del Espíritu y la compasión del Padre.
Con mucho aprecio
Se despide atentamente
El Diablo
Fuente | Especialidesde Juveniles
Lucas Leys – Ministerios que crecen VS ministerios que mantienen
Por Lucas Leys
Estaba leyendo Mateo 16.18 en la versión antigua, donde dice de la Iglesia que “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” y mientras leía me imaginaba a Satanás golpeando con unas enormes puertas a una pobre iglesita blanca de película que usaba toda su fuerza para tratar de mantenerse erguida. Recuerdo estar orando, cuando una nueva imagen se dibujó en mi mente. Era Jesús, que tomaba a la iglesia en sus manos y golpeaba con violencia las puertas del infierno para liberar a los millones que estaban detrás de ellas.
La iglesia estuvo demasiado tiempo preocupada solamente en subsistir y eso todavía nos afecta. Por muchas décadas la consigna era defenderse de un mundo que la tenía rodeada por todos lados y para eso había que cerrar la puertas del castillo y ocuparse de los que estaban adentro. Parecerse en cualquier aspecto a los que estaban afuera se consideraba un acto de insubordinación o carnalidad. Ser santo era tener un vocabulario y una vestimenta distinta; eran pocos los que pensaban en la santidad como estar separados con el propósito de extender el reino de Dios, transformando la sociedad y tomando una presencia activa en la cultura. Hace apenas unas décadas, ¿quién pensaba en estrategias, guerra espiritual, adoración contemporánea o en tomar ciudades? El interés principal era protegerse y mantener al “pequeño pueblo muy feliz.”
El sueño de quienes trabajamos en Especialidades Juveniles es que se levante una generación de líderes cristianos decididos a mostrar compasión por los que se pierden y entiendan que esa es la consecuencia de una vida de adoración. El nuevo milenio nos regala la oportunidad de tener una iglesia interesada en construir el reino en la tierra. Sólo cuando tenemos este propósito en mente podemos vivir la vida cristiana con emoción y entusiasmo. Vivir solamente para mantenernos “puros e inmaculados” o solamente abstraídos en momentos de éxtasis colectivos y cuidar lo que ya tenemos es egoísta y aburrido.
¿Mantener o construir?
En varias ocasiones que doy talleres para líderes de jóvenes hablo acerca de las diferencias entre mantener un grupo de jóvenes y construir un ministerio juvenil. Cuando hablo de este tema uso el siguiente cuadro:
Manteniendo un grupo de jóvenes
1) Motivados por actividades
2) Visión poco clara
3) Foco introvertido- contentos con una elite
4) Crecimiento cíclico
5) Ocupados en defenderse del mundo
6) Todo ronda un área ministerial
7) Mantener las tradiciones
Canto congregacional
Construyendo un ministerio juvenil
1) Motivados por propósitos
2) Clara Visión
3) Foco extrovertido – Compasivos con los perdidos
4) Crecimiento consistente
5) Enfocados en equiparse para el reino de Dios
6) Programa Integral
7) Ser efectivos
Vidas de adoración
Este cuadro también se aplica a la Iglesia en general y a tu vida personal. La primera diferencia que muestra el cuadro es que los que “mantienen” sólo se motivan por ciertas actividades. Un congreso o un campamento nos levantan el ánimo y crece el grupo; pasa un tiempo sin una actividad importante y nos vamos al suelo. ¿Por qué? Porque la motivación viene más de afuera que de adentro. Necesitamos actividades dinámicas que nos estimulen pero, más que eso, necesitamos una conexión real con el Señor que nos motive desde lo secreto e interior a alcanzar su propósito para nuestra vida. Cuando hacemos una actividad y estamos convencidos de que sirve para superarnos espiritualmente, no importa tanto que la actividad termine porque el propósito sigue. Si el propósito no está impregnado en lo que hacemos, todo termina cuando termina la actividad programada.
Otra diferencia es que los que tienden a mantener se enfocan en algún grupo selecto de personas populares y buscan conformarlas a ellas; los líderes que quieren construir ponen su foco en los necesitados. Los que simplemente mantienen no planean estratégicamente cómo crecer. Les gustaría crecer pero no hacen planes correctamente, y entonces crecen sólo porque crecen en edad los chicos de la iglesia.
Yo crecí en una iglesia donde el único índice de crecimiento era el de natalidad. Si nacían muchos hijos en una generación, la iglesia tenía buen pronóstico. Si nacían pocos, el futuro de la iglesia estaba en peligro.
Otra diferencia es que los que tienden a mantener se ocupan más de defenderse y señalar los pecados del mundo que de prepararse para extender el reino de Dios en el mundo. Muchas veces llegamos a olvidarnos de lo maravillosa que es la alternativa de Dios. Pensamos en la salvación como un pasaporte al futuro y cantamos: “Qué lindo cuando estemos en el cielo y estemos así, juntos, cantando eternamente.”
Yo escuchaba eso cuando era adolescente y me quería ahorcar. ¿Acaso la única alternativa a los placeres de este mundo es soñar con cantar en el más allá? Gracias a Dios, no. Hacer una diferencia en este mundo es la mejor satisfacción que podemos tener en la vida, de eso también se trata la adoración y Dios quiere equiparnos para eso. Los líderes que facilitan la tarea de extender el reino de Dios son los más amados, respetados y admirados por los que tienen cerca.
Otra diferencia entre los que mantienen y los que construyen es que los primeros tienden a hacer girar todo en torno a algo que les gusta y les es más fácil, en tanto que los segundos prestan atención a distintas áreas que son necesarias para un crecimiento consistente. En algunas iglesias el programa de jóvenes gira exclusivamente alrededor de un grupo de alabanza; en otros, del deporte, del estudio bíblico o de la recreación. Por ser ese su único punto de atracción, los primeros van a tener mucho éxito con aquellos jóvenes que les gusta cantar o sueñan con tocar algún instrumento; y así con cada interés en particular. El problema es que hay muchos otros jóvenes y adolescentes a los que cada iglesia debería alcanzar, pero no se sienten atraídos por esos intereses exclusivos. Recuerda que como leíste antes en este libro el canto es una posible expresión de la adoración pero la que es en espíritu y en verdad va mucho más allá.
Otra de las características de los líderes que se ocupan de mantener es como se apegan a las tradiciones. Los que construyen son los que constantemente están evaluando si lo que hacen está ayudando a alcanzar el objetivo que persiguen. Estas personas se preguntan: Hace décadas que votamos por un líder de jóvenes por año, ¿sirve o no sirve? Las reuniones de domingo por la noche son para evangelizar pero rara vez se convierte alguien, ¿hay algo mejor que podamos hacer? Todos los ministros de jóvenes se visten de traje, ¿qué comunicamos a los jóvenes con esto? Los que predican en mi iglesia son siempre hombres, ¿seríamos más efectivos si también les diéramos lugar a mujeres?
Por ultimo, específicamente respecto a cuando tratamos el tema de la adoración, los grupos orientados a mantener tienen líderes que creen que la adoración solo pasa por el canto congregacional en vez de enseñar o vivir una vida de adoración. Por eso crean una mentalidad de dos planetas: el del culto y el real. Así los chicos solo dependen de que el culto “esté bueno” para disfrutar de la adoración o no, aunque pronto se aburren porque es solo un asunto que rara vez tiene consecuencias prácticas.
De renovación a revolución
Muchos jóvenes se sienten frustrados porque piensan que sus líderes no les dan espacio para servir al Señor. Algunos se frustran porque saben que lo suyo no es predicar ni dirigir la alabanza, pero parecería que la iglesia no les ofrece otra cosa para hacer. Desde Pentecostés la historia no había registrado un movimiento de alabanza y adoración comparable al de nuestros días. Miles de personas en todos los continentes están orando por avivamiento. Iglesias enteras ayunan para que veamos un tiempo de cosecha como nunca antes se vio y esto es sensacional. Pero si entendemos que es la adoración toda esa renovación tiene que traducirse en una revolución de valores, de ética y de justicia social. En esto tu generación juega un papel principal y tú tienes un papel protagónico. Entablar con dialogo con el Dios creador del universo el cual quiere redimir su creación y en especial a la humanidad significa que Él comienza cambiando a quienes entran en esta relación. Entonces sí, la renovación de la iglesia traerá la revolución que el mundo necesita. La clave para esta revolución está en sacar nuestra vida de adoración de los templos y demostrar que el reino de Dios no consiste en palabras sino en poder para modificar nuestra sociedad.
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