El pecado me brinda placer, pero no satisfacción
May 18, 09 by Oliver
Día a día soy tentado. Día a día tengo que vencer. Día a día me cuesta. A veces lo logro, a veces fracaso. No obstante, sigo me gustaría compartirte dos grandes lecciones que tú y yo debemos aprender.
MIS DESEOS PECAMINOSOS Y LOS TUYOS NO SERÁN SACIADOS
Por si aún no lo habías notado, cada vez que cedemos a una tentación, recibimos cierta dosis de placer. Lastimosamente se trata de una muy pequeña, pasajera, efímera, enfermiza y mentirosa. Es cierto: el pecado nos hace sentir bien, pero hay un engaño detrás.
Leí una vez la historia de unos astutos cazadores de lobos. Para atrapar a sus víctimas, estos hombres idearon una manera efectiva, sencilla y fatal. Aprovechando el deseo insaciable de los animales, pensaron en colocar un cuchillo en el suelo con sangre fresca. Al verse atraídos, los lobos llegaban a lamer tan deliciosa sangre, deleitándose en tan exquisita trampa mortal. Querían cada vez más, y seguían lamiendo. Por supuesto, sus lenguas se cortaban y comenzaban a sangrar por sí mismas, alimentando la ansiedad de los animales, satisfaciendo su apetito por sangre fresca. Después de tiempo, el mismo animal había lamido su propia sangre hasta la muerte. El cazador no tuvo que cazar, sólo esperar.

















