Articulo
Cómo mantenerse “puro” en una cultura de enfoque sexual
El verdadero amor espera. Usted lo ha escuchado antes, y parece bastante simple, ¿no? Hoy en día no es tan fácil como suena.
La artista musical cristiana, Rebecca St. James, entiende su lucha. Como mujer soltera ella está familiarizada con las citas en un ámbito cristiano y el anhelo de mantenerse puro hasta el matrimonio. Ella espera que su nuevo libro: “Pure” (traducido como “Puro”) motive a los cristianos que buscan vivir una vida de pureza.
Este libro está escrito en un formato de devocional para 90 días, donde la cantante comparte algunas de sus propias luchas, al igual que consejos de cómo mantenerse puro. Ella indica que la pureza no se trata sólo de abstenerse de relaciones sexuales hasta casarse, sino también es un estado mental que involucra cada área de su vida.
La cultura en la que vivimos, está saturada del enfoque sexual. ¿Cómo vivir en pureza? Rebecca nos da varias claves:
Poner atención a la manera de vestir
Aunque vestir modestamente no es la única forma de vivir en pureza, es en la que muchos piensan. La ropa que usted viste envía un mensaje a los demás.
“Creo que muchas chicas sienten que, en el nombre de la moda, deben mostrar mucha piel. Pero esto es muy difícil para nuestros hermanos en el Señor. Se les dificulta mantener puras sus mentes cuando ven tanta piel,” dice Rebecca. “Creo que a veces las chicas dicen que están esperando (hasta que están casadas para tener relaciones sexuales), pero visten mostrando lo contrario”.
Vestirse modestamente no significa sacrificar su estilo. Al contrario de lo que muchas piensen, los hombres lo encuentran atractivo.
“La chica que viste de manera modesta, al chico indicado, le es más atractivo porque hay más intriga,” explica la autora. “Aun se puede vestir linda y modesta. Es un poco más retador. Hay que ser creativas”.
Cuidado con lo que ven
Rebecca St. James da a entender que vivir en pureza también significa cuidar nuestras mentes y corazones. Y lo logramos al monitorear las cosas que vemos y escuchamos. Ver películas con escenas muy apasionadas o escuchar música con letra cuestionable puede desensibilizarnos y hacer que las cosas inmorales no parezcan “tan mal”.
“Todos nosotros somos impactados por lo que vemos y oímos, así que es importante mantener altos estándares,” dice.
Pasar a diario con la Palabra de Dios también es esencial. Conforme busquemos llenar nuestra mente con lo que Dios dice acerca de estos temas, es más probable que vivamos de acuerdo a sus principios.
Establecer límites en la relación
Cuando este en una relación de noviazgo, discuta con su pareja lo que es apropiado y lo que está fuera de los límites.
“Me mantengo bien limitada cuando estoy en una relación”, explica Rebecca. “Mi novio y yo hablaríamos sobre cosas como mantener a alguien en la habitación, no estar solos en la noche…”
A quien rendirle cuentas
Es crucial tener a alguien a quién rendirle cuentas. Rebecca dice que entre amigos, familiares y miembros de la iglesia se pueden encontrar personas confiables. Ella dice que se ha apoyado personalmente en gente de estos círculos.
“Tengo amigos que preguntan lo difícil, y mi familia está muy involucrada en mi vida,” comenta. “Creo que cuando se empieza a perder la comunión, la tentación en el área de pureza se convierte en una batalla dura”.
Buscar una relación vivaz con Dios
Rebecca St. James indica que todas estás zonas son realmente un crecimiento y cercanía con Dios. Mantener una relación vivaz con el Señor es lo más importante para vivir una vida pura.
“Si sé que mi Papito, Dios, mi Padre, me está cuidando y quiere lo mejor para mí, y Él dice que la pureza es importante, entonces voy a esperar,” dice ella. “Si espero agradarle con mi vida, entonces va a ser la motivación más grande, porque no quiero una nube de pecado entre nosotros.”
Ella también cree que se trata de confianza. Podemos confiar que la manera de Dios es la mejor para nosotros, o podemos creer lo que el mundo nos dice.
“Creo que cuando sabemos que Dios nos ama y tiene los mejores planes para nosotros, entonces queremos vivir a su manera. Creo que es cuando dudamos su corazón y su amor por nosotros, que nos es difícil vivir conforme Él desea.”
Viviendo bajo el control del Espíritu Santo
Por: Pastor Claudio Freidzon
Hace tiempo enseñaba sobre el Espíritu Santo en un seminario muy grande. Cierta vez, alguien me preguntó cuánto tiempo tenía comunión con Él. En ese momento no comprendí pero la pregunta quedó grabada en mi corazón. Desde entonces, comencé a leer libros de avivamiento y a buscarle con insistencia porque sabía que aún no habíamos experimentado lo mejor de Él. Luego, fui a un congreso y cuando regresé al hotel, viví una manifestación de Su presencia que cambió mi vida y ministerio. Vivir bajo el control del Espíritu Santo es una experiencia diaria que nos lleva por el camino de la santidad de Dios.
Lo que comienza bien, debe terminar bien
2 Timoteo 4:10 relata:
Porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia.
Demas trabajó con Pablo por seis años y después lo abandonó. Esta declaración me sacudió y pensé que debemos permitir que el Espíritu Santo nos afirme. Nuestra dependencia de Él debe ser constante, no sólo por instantes. Cuando le dices “bienvenido”, anhelas que tenga el control, te dé dominio propio y tenga autoridad sobre ti para que puedas resistir las tentaciones y avanzar hacia el Señor.
Demas significa: “aquel que puede gobernar a otros”. Es irónico alguien pueda dominar a otros pero no a sí mismo. Esta historia nos enseña que no todo lo que comienza bien, termina bien. Si eres de los que han perdido la pasión por el Señor y no avanzas como antes, entrégate al Espíritu Santo que no te dejará a medio camino. No importa dónde estés, te levantará y alcanzarás lo que te ha preparado. En la vida hay luchas que nos arrebatan la visión del camino pero debes recuperar ese corazón agradable a Dios y sensible a la dirección divina. ¡Revive la pasión por el Señor!
Preparémonos para darle la bienvenida al Espíritu Santo porque es tiempo de reedificar el altar. El poder de Dios está contigo para que termines aquello que iniciaste, no es tiempo de quedarte a medias. Su fuego vendrá sobre ti y te dirá: “Esta carrera la comenzamos juntos y terminaremos juntos”.
Fieles en tiempos difíciles
Lucas 22:53-54 dice:
Habiendo estado con vosotros cada día en el templo, no extendisteis las manos contra mí; mas esta es vuestra hora, y la potestad de las tinieblas. Y prendiéndole, le llevaron, y le condujeron a casa del sumo sacerdote. Y Pedro le seguía de lejos.
Este es un tiempo difícil donde parece que reinan las tinieblas y muchos comienzan a alejarse de Dios. La Palabra nos dice que “los hombres que custodiaban a Jesús se burlaban de él y le golpeaban”, así que no debe sorprendernos ver que ahora la gente está ciega y se ríe de las cosas espirituales.
Isaías 60:1-2 nos motiva:
Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti. Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra, y oscuridad las naciones; mas sobre ti amanecerá Jehová, y sobre ti será vista su gloria.
No temas, el plan que Dios tiene para ti es muy grande. ¡Cuanto más tinieblas nos rodeen, más del Espíritu Santo vendrá sobre nosotros!
Restaurando mi vida después del abuso
Fuente del Articulo Libres en Cristo
Nací en un hogar cristiano, sin embargo, viví con un padre violento, que abusaba de drogas y practicaba conductas sexuales fuera del orden establecido por Dios. Crecí en medio de muchos abusos de mi padre hacia toda mi familia. Observé el maltrato de mi papá hacia mi mamá y mis dos hermanos varones. Personalmente, sufrí abuso emocional, verbal, físico, espiritual y sexual. Hasta la fecha, no recuerdo algún aspecto bueno de mi relación con mi papá; sólo recuerdo golpes, heridas, palabras y acciones que dañaron mi identidad como mujer.
En mi adolescencia viví una serie de abusos sexuales de parte de muchos hombres entre familiares, amigos y desconocidos. Fue tanto el dolor que creí que estaba destinada a ser un objeto sexual.
Aun así, estos recuerdos me ayudan a seguir avanzando y ahora son parte fundamental de mi testimonio, de lo que Dios ha hecho en mi vida y lo más emocionante es que representan mi arma principal para servir a Dios y ayudar a muchas mujeres que como yo, necesitan ser restauradas en su identidad femenina.
Este proceso no ha sido fácil, he llorado, he tenido que perdonar y sanar. Ahora quiero compartir de mi proceso de sanidad presentando algunos pasos necesarios que decidí tomar:
1. Reconocer el dolor.
Mi papá murió cuando yo tenía ocho años. Fue el momento ideal para enterrar mi dolor y mis recuerdos. Nunca más se habló del tema en mi casa. Sin embargo, el dolor no se fue; se incrementaba con cada abuso que vivía. Mi vida se estaba derrumbando y estaba llena de amargura. Una noche, cuando ya no aguantaba más, Decidí contarles a mi familia lo que había vivido y lo que estaba viviendo. Pude reconocer el dolor, era doloroso en realidad. Comprendí que lidiar con mi dolor del pasado era el comienzo de una nueva vida. Esa noche, Dios estuvo a mi lado sosteniendome mientras reconocía mi dolor.
Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Marcos 2:17 RV
2. Permitirme experimentar sentimientos.
Cuando guardaba el secreto de los abusos, mis sentimientos me eran indiferentes, simplemente evitaba el tema. No fue sino hasta que lo hablé que me permití sentir dolor. Fue liberador y sanador el poder llorar. Llorar los recuerdos, las heridas, las palabras y hasta la ausencia de mi papá. Debo admitir que han sido varios días en que he tenido que volver a recordad el dolor y volver a llorar para continuar con mi proceso de sanidad y aunque a veces los recuerdos vuelven a venir la Biblia me recuerda:
y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres. Juan 8:32 NVI
3. Asignar la responsabilidad en donde pertenece.
Por casi veinte años me culpe a mi misma por los abusos con pensamientos como: “YO LO PERMITÍ” “YO PUDE HABERLO EVITADO” “¿POR QUÉ NO ME DEFENDÍ?”, etc. Cargar con la culpa aumenta el dolor y la amargura. La culpa me hacía sentir sucia, con vergüenza y sin valor alguno. ¡Qué liberador fue descubrir que yo no fui la responsable! Era una niña vulnerable que debía ser cuidada, ¡no fue mi culpa! Es más, descubrí que en cada momento doloroso ¡Dios estuvo justo a mi lado! Me defendió como cualquier padre defendería a su pequeña hija, se dolió conmigo y lloró junto a mi. ¡Él estuvo allí!
4. Enfrentado al abusador.
Este paso no siempre es posible darlo, ni es seguro. Es recomendable consultarle a nuestro consejero, pastor o familia. En mi caso y debido a la muerte de mi papá, hice una carta escribiéndole todo lo que quería decirle. Luego la leí a una consejera asumiendo que él estaba en frente. El enfrentar al abusador es un paso importante para eliminar la culpa y liberar los recuerdos finalmente.
5. Perdonar al agresor.
Quizás este sea el paso más lento para el proceso de sanidad. Ayuda el recordar que Dios nos ha perdonado primero:
Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Romanos 5:8 NVI
Luego que recibimos su perdón, tenemos la oportunidad de extender ese perdón y perdonar a quienes nos ofendieron:
¿No debías tú también haberte compadecido de tu compañero, así como yo me compadecí de ti?” Y enojado, su señor lo entregó a los carceleros para que lo torturaran hasta que pagara todo lo que debía. »Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano. Mateo 18:33-35 NVI
Cuando finalmente decidí perdonar a mi papá, Dios me mandó a hacer evidente en mi vida la decisión de PERDONAR. Desde que mi papá murió no fui nunca más a visitar el lugar donde se encuentra enterrado. ¡No tenía sentido ir a ver a alguien que me había hecho tanto daño! Sin embargo, diecisiete años después de su muerte sentí la necesidad y el deseo de ir a verlo. Recuerdo que ese día estaba muy nerviosa creyendo que iba a ser difícil ir a verlo y volver a recordar episodios dolorosos. Sin embargo, al estar frente a su lápida todo cambio. Me invadió un sentimiento de misericordia indescriptible. La tumba estaba completamente abandonada, sucia y descuidada. ¡Nadie había ido a verlo! ¿Quién quisiera vivir para luego ser olvidado después de su muerte? ¡Nadie creo yo! Vi la vida de mi papá con los ojos de Dios y la misericordia que sentía me llevó a un perdón real. ¡La misma misericordia que Dios me tuvo y que me concedió Su perdón!
Al escribir estas líneas, mi corazón salta de gozo. Ahora puedo declarar con toda certeza:
Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! 2 Corintios 5:17 NVI
Y puedo usar las palabras con las que profetizó Isaías:
«Olviden las cosas de antaño; ya no vivan en el pasado. ¡Voy a hacer algo nuevo! Ya está sucediendo, ¿no se dan cuenta? Estoy abriendo un camino en el desierto, y ríos en lugares desolados. Isaías 43:18-19 NVI
¡Tengo una nueva vida! Y aunque mi pasado sigue allí… ¡Es un pasado que Dios usa como herramienta de libertad!
Mi oración es que estas líneas sean una motivación para tu vida y sientas el deseo de dar pasos seguros hacia la libertad y sanidad de tu alma.
Ya entendí por qué nos dan ganas de abandonar el ministerio
Escrito por Howard Andruejol
A todos nos ha pasado, ¿no es cierto? El pensamiento de irnos (de largarnos) nos ha cruzado por la mente más de alguna vez. En cierto sentido, es normal, porque es verdad que el ministerio puede ser agotador, desgastante, difícil, doloroso, frustrante. Sin embargo, quiero animarte a considerar una razón superior que puede ayudarte la próxima vez que te veas a punto de tirar la toalla.
En II Corintios conocemos de manera muy personal al apóstol Pablo. Contra los falsos maestros que buscaban desacreditarlo, él defiende su ministerio, y abre con mucha franqueza su corazón ante la iglesia que tanto amaba (iglesia que él mismo fundó). Y en ese diálogo, aprendemos qué se siente estar en el ministerio de Pablo.
Busca en tu Biblia los siguientes pasajes para descubrir las circunstancias adversas que enfrentaba el apóstol: 1:4 (tribulaciones); 1:5,6 (aflicciones); 1:8 (tribulación, pérdida de esperanza de conservar la vida); 1:9 (sentencia de muerte); 2:1 (tristeza); 2:4 (mucha tribulación y angustia, lágrimas); 2:13 (sin reposo en su espíritu); 4:8 (atribulados en todo, en apuros); 4:15 (padecimientos); 4:16 (hombre exterior desgastándose); 5:4 (gemidos con angustia). ¿Qué te parece la lista? ¿Alguna vez te has visto en circunstancias similares?
Para rematar con broche de oro, te invito a leer dos relatos más: 6:4,5,9,10 y 11:23-28. ¡Estas son adversidades al extremo!
Posiblemente nuestros problemas en el ministerio no se comparan a las aflicciones de Pablo. Sé que muchos líderes juveniles enfrentan la falta de apoyo por parte de sus pastores o de los padres de familia; luchamos con crisis financieras, tensiones sentimentales, problemas familiares, y la lista podría seguir. Nos desanimamos, nos desgastamos. Lloramos y nos angustiamos.
Pero quizás podamos identificarnos con Pablo y aprender de su motivación para no claudicar en el ministerio.
¿Qué era lo que impulsaba a ese hombre a seguir a pesar de todo lo que le rodeaba en su contra? ¿Por qué no perdió la visión? ¿Por qué no sucumbió en depresión? ¿Por qué hace lo que hace?
Al seguir leyendo II Corintios llegué al capítulo 5, donde creo Pablo responde la pregunta. Con mucha firmeza y convicción, él declara que su motivación no se encuentra en las circunstancias externas, ni siquiera en su propia personalidad, carisma o habilidades. Con mucha humildad (hablando en plural cuando realmente está refiriéndose a él mismo), el apóstol declara: “porque el amor de Cristo nos constriñe” (5:14).
¡Allí está la clave! La motivación de Pablo brota desde lo más profundo de su interior. Es una convicción que lo controla hacia la acción, no le deja otra alternativa. ¡Se siente impulsado a responder al amor de Cristo!
“Cristo me ama” es la razón por la cual Pablo hace lo que hace.
No es “Cristo te amo”. No es algo que brota desde nuestra fragilidad. Es “Cristo me ama”. Es algo que se fundamenta en el llamado, la elección, el sacrificio, el amor de Cristo. ¡Eso sí es poderoso!
La próxima vez que se te acabe el entusiasmo, que las cosas no salgan bien, o cuando nadie te agradezca, o si te quitan del puesto, no dejes que tu ministerio se derrumbe. Asegúrate que no sean recompensas o logros externos (circunstanciales, temporales, frágiles) los que dirijan tu llamado. Que sea más bien una persona, y su amor por ti.
Fuente | El Bunker
Amputación Radical: Cortar, eliminar o aislar todo lo que te hace pecar
Articulo tomado de Libres en Cristo.org
Nuestro Significado de Amputación Radical
Eliminar, cortar, aislar, anular o neutralizar toda fuente que nos permita, provea o conduzca al pecado, haciéndolo de una manera continua y permanente, severa, sin dejar residuos, y poniendo límites físicos, técnicos, emocionales o relacionales, como barreras para no tener acceso al pecado mismo de nuevo.
Como ministerio creemos que este es un principio bíblico, es decir que lo vemos aplicado numerosas veces en la Biblia, en ocasiones como la conquista de Canaán, las enseñanzas de Cristo, y las epístolas de Pablo. Creemos que es necesario un entorno limpio de fuentes de pecado para buscar la santidad, y es uno de los principios que vivimos en Libres en Cristo, buscando cada día quitar de nosotros todo lo que nos facilita el pecado sexual. Lo más evidente que procuramos destruir y eliminar son las fuentes de pornografía o material sugestivo a nuestro alcance. Sin embargo, hay otras actividades, situaciones y circunstancias que debemos eliminar.
Nosotros llamamos así a este principio para darle un nombre, pero independientemente de cómo tú lo llames, es un principio manifiesto constantemente en la Biblia. Considera con nosotros estos pasajes donde acerca de la Amputación o Corte Radical.
Por tanto, también nosotros, ya que estamos rodeados de una nube tan grande de testigos que dan testimonio de la Verdad, despojémonos y tiremos a un lado cada carga y cada peso innecesario que nos estorba, en especial ese pecado que se nos prende y nos enreda con tanta rapidez, destreza y astucia, y corramos con aguante y paciencia, y con persistencia firme y activa en el curso señalado en la carrera que tenemos por delante. Hebreos 12:1 AMP
Nuestra Biblia nos explica que en la vida cristiana, existen cargas y pesos de pecado que se nos han prendido. La Palabra es específica al señalar que debemos ‘despojarnos’ y ‘tirar a un lado’, todos esos pesos.
Si lo que ves con tu ojo derecho te hace desobedecer a Dios, sácatelo y tíralo lejos. Es mejor perder una parte del cuerpo y no que todo el cuerpo sea echado al infierno. Si lo que haces con tu mano derecha te hace desobedecer, córtatela y tírala lejos. Es mejor perder una parte del cuerpo y no que todo el cuerpo vaya al infierno. Mateo 5:29-30 BLS
Probablemente no te saques en realidad los ojos para no ver pornografía. Pero si puedes eliminar de tu visión lo que te estimula a pecar sexualmente a través de tus ojos. No te cortarías las manos, pero si debes y puedes eliminar lo que tus manos hacen para pecar. Nuestra Biblia usa la figura de cortar o amputar, porque la santidad requiere de decisiones radicales.
¿Qué fuentes de pecado debemos amputar o cortar en nuestra vida?
Amputamos, eliminamos el pecado en una progresión desde lo externo, hasta lo más interno. Creemos que no hay cambio de vida sin el cambio en la mente y el corazón a través de Cristo y el Espíritu Santo –si creyéramos solo en cambios externos y conductuales, no nos diferenciaríamos en nada de la consejería secular. Sin embargo, sabemos que es difícil que una mente cambie, cuando en la mesa de noche de nuestra habitación, hay una pila de revistas pornográficas. Otro ejemplo, no será posible encontrar una relación con Dios, si las llamadas telefónicas de un amante interrumpen tu tiempo devocional. Primero es necesario limpiar tu ambiente, para empezar a sanar.
Primero, eliminamos lo obvio, lo físico y externo. Nos deshacemos para siempre de las revistas, los DVDs, la conexión de cable, el servicio que te provee de pornografía; colocamos un filtro en nuestra conexión a Internet. Luego ve más allá, y planifica como terminar con las relaciones que te proveen, animan o permiten pecar: un novio o una novia con el que mantienes relaciones sexuales, los amoríos fuera del matrimonio, y los amigos o amigas que mantienen un estilo de vida pecaminoso que deseas dejar.
Ahora que ya se ha ido lo obvio, debes enfocarte en eliminar de tu vida los estímulos que entran por tus otros sentidos: la música sensual, o la que te hace recordar con nostalgia el pecado. Cuídate incluso de los olores que percibes (el olor de un perfume, u otros olores que te traigan recuerdos) ideando con creatividad nuevos caminos, nuevas rutas y un plan para enfrentar el torrente de recuerdos que desencadenas.
Cuando ya hayas tomado esas decisiones, es momento de empezar a quitar las cosas centrales, lo más profundo enterrado en tu vida: las creencias centrales, las mentiras que el pecado te sembró. Hay cosas que creemos, tales como “mi cuerpo solo sirve para atraer a otros a pecar”, o “merezco el placer sexual después de un día difícil”. La forma de eliminar estas creencias es solamente a través del estudio y la meditación en la Palabra de Dios, para renovar tu mente día a día.
Junto a estas creencias centrales, empezarás a eliminar los pactos que has hecho contigo mismo, todas esas frases que empiezan con NUNCA o SIEMPRE, y que te amarran ahora en tus patrones de conducta, de relacionarte con otros y de pensar. Por ejemplo, “yo nunca voy a dejar que un hombre se aproveche primero de mí”, “yo nunca voy a involucrar mis sentimientos en una relación”, “siempre necesitaré de la pornografía mientras sea soltero”, etc. Pide perdón a Dios por haber hecho estas promesas, renuncia a ellas, y confiesa con tu boca que tu único pacto es hecho con Dios y con la salvación que ha provisto para ti.
La destrucción de tus creencias centrales te permitirá eliminar tus hábitos, tus conductas externas. Esfuérzate en validar cada día tus decisiones, renunciando a estos hábitos, y entregando cuentas al respecto.
Reflexiones desde el suicidio / Por Ulises Oyarzum
El día otoñal entraba por los linderos de mi ventana, era una mañana de esas, donde tus manos se duermen en los bolsillos.
La llamada a mi celular. Una llamada de muchas dije yo.
Pero esta no era una llamada como otras, como esas donde te saludan tus amigos, donde te preguntan cosas tus familiares, donde se invierten unos segundos para solucionar algo banal.
Del otro lado, la voz de mi cuñada.
-Ulises, te llamo porque sucedió una tragedia-
Hasta ese día, nuestra familia no había vivido algo igual, algo tan terrible.
-Ulises- seguía la voz- tienes que volver a Quilpué, falleció César-
-Pero, ¿qué pasó?-
-Se suicidó-
Sentí un poder que me aniquiló en ese minuto. No lloré, sólo tenía un fuego que me quemaba por dentro, un fuego maldito que me consumía y me llenaba de horror.
Quise mantenerme firme.
¿Pero qué ser humano puede soportar un impacto tan fuerte sin por lo menos tambalear en este ruedo angustiante?
Soy el menor de tres hermanos y César era el hermano del medio. Fui yo quién a sus nueve años, le quitó el trono del hijo regalón.
Uno no recibe una noticia así todos los días. Creo que son contados con la mano las noticias de ese calibre que recibes en tu vida.
Pero alcé mi rostro, endurecí mi corazón, debía ser fuerte.
El tramo desde la capital hasta la casa de mis Padres, es de dos horas, intenté llorarlo todo en el bus de camino a la casa.
En esos segundos sientes que kilómetros de aguas te sobrepasan. No hay consuelo barato, no sirven de mucho las palabras, ni incluso que la Biblia sea barajada por personas de buena voluntad, pero que no hacen más que confirmar que mientras no entras al círculo de la muerte, sólo hasta ahí crees que las palabras tienen algún poder, pues cuando entras desnudo a ese círculo demoledor te das cuenta que el único sermón, la única liturgia, el único canto, es el de tu interior que se marchita impotente.
Los que han estado ahí, sólo aquellos que han permanecido una temporada en el infierno (Y no el de Rimbaud) saben de lo que hablo.
Leyendo un libro de Antonio Bentué, reflexiono sobre esta manera de morir tan penosa.
El autor señala aquello que mueve a todos los seres humanos, ¿Qué fuerza nos mueve?, la clasifica como la fuerza del egocentrismo, que nos mueve en pos de la auto gratificación.
Dice el autor que de la mano con ese jinete, galopa otro cerca, el “Thanatos”, la fuerza de la muerte.
Así sucede, en el momento en que vemos que es imposible alcanzar la auto gratificación, cuando se nos viene abajo ese proyecto, preferimos echar mano de la muerte, con tal de no sufrir caminando por el desfiladero del fracaso.
Así, este impulso de la muerte refleja una tendencia masoquista, de buscar la autodestrucción.
Es una paradoja, casi incomprensible, revela quizás uno de nuestros mayores defectos. Vivir centrados en nosotros mismos y morir cerrados en nosotros mismos.
El hombre tiende a veces a apuntar hacia la no-vida.
Es incomprensible, pero pareciera que vamos sobre una yunta de bueyes.
Uno, el EROS (Placer) que nos impulsa a aferrarnos a la vida, para conseguir lo que deseamos y el otro, el Thanatos, que nos impulsa a la muerte, cuando el fracaso es invivible.
Sin duda, es paradójico.
Sigo pensando en el suicidio y encuentro varios estadios de reflexión.
¿Por qué se puede uno quitar la Vida?
• Está el quitarse la vida por un ideal, muy de la mano con ideas fundamentalistas religiosas y políticas, como lo hacen los hombres bombas, el caso del 11 de Septiembre en New York. (Como lo hizo Sansón también registrado en las Escrituras)
• Están los que se quitan la vida para expiarla de la vergüenza, al haber fallado a un código de honor, como es el harakiri, de la cultura japonesa.
• Y están los que se suicidan, porque no encuentran la fuerza necesaria para enfrentar la vida con sus problemas.
Estadísticas, nunca están demás:
Como dato, en Chile, hacia los años 90, la tasa de suicidios era de un 5.7 por cada cien mil personas, el 2008 ascendió a 13.2 por cada cien mil habitantes.
También es interesante, que de cada tres suicidios, son dos hombres los que determinan quitarse la vida. (Quizás, porque si nos quitan nuestros logros nos venimos abajo)
Entre los jóvenes de 15 a 19 años es una de las primeras 5 causas de muerte en Latinoamérica.
Por cada suicidio consumado, se producen entre 20 a 30 intentos.
Lo más alarmante es el aumento en la tasa de suicidios en adolescentes y preadolescentes.
Y a nivel mundial, cada 40 segundos una persona se quita la vida.
¿Qué puede llevar al suicidio en nuestros países latinoamericanos?
Según estudios realizados, los suicidios en nuestro país son motivados por diferentes factores:
• Enfermedades mentales: Depresión, Trastorno Bipolar, abuso de alcohol y otras drogas, esquizofrenia.
• Antecedentes familiares de suicidio
• Intentos anteriores de suicidio: riesgo mayor entre los primeros 6 a 12 meses
• Contextos socioeconómicos y educacionales pobres
• Débil salud física
• Acontecimientos estresantes
• Disponibilidad de medios letales (armas)
• Violencia en la familia
Las condiciones predisponentes también son variadas:
• Fuerte dolor emocional sostenido en el tiempo, produciendo fatiga del alma
• Sensación de que no existe salida, de que no hay alternativas que puedan ayudar
• Una vivencia de falta de sentido de la vida
• Desconexión emocional, una suerte de apatía a lo que antes provocaba encanto
• Soledad, aislamiento del otro
• Desesperanza, poner expectativas en ideales irreales.
Cómo prevenirlo??
Este es un tema complejo, es motivo de investigación e incluso de políticas públicas.
Los expertos coinciden en estar atentos cuando vemos en alguno de los nuestros estos siguientes comportamientos:
Señales peligrosas
• Cambios de comportamiento (el que era alegre y se pone triste. El activo que vuelve tranquilo.)
• Pérdida de interés en actividades habituales (no quiere jugar)
• Manifestación de emociones previamente contenidas (antes no lo decía)
• Exposición innecesaria a situaciones de riesgo (piruetas peligrosas)
• Comportamientos autodestructivos: conducción temeraria,
consumo de drogas, promiscuidad.
• Preocupación y verbalización por la muerte: “quiero matarme”, “ya no seré más un problema”, “si me pasa algo sepan que”…
• Regala objetos favoritos (como heredando sus cosas)
• Expresar despedidas (Se despiden de sus amigos)
Suicidio y Fe: Una pregunta punzante
Por otro lado, es notorio pensar como creyente. ¿Dónde se van los que deciden terminar tan bruscamente esa vida que viene del aliento divino?
Antiguamente se consideraba a los suicidas como endemoniados, cuyas almas nunca encontrarían reposo, de ahí que en algunas tradiciones europeas del Medioevo creían que los suicidas se levantarían como muertos en vida para ser instrumentos del diablo (quizás de ahí proviene la leyenda de los vampiros)
Pero hace pocos años, que a estos desdichados se les otorgó nuevamente la posibilidad de oficiarle un responso religioso (En la vertiente Católica Romana).
No es mi intención entrar a responder una pregunta teológica como esta, pues creo no ser muy objetivo. Pero hablaré desde mi corazón.
¿Tendrán perdón de Dios o no?
Creo, de partida, que el perdón de Dios, hay que dejárselo a Dios.
Lo que sí he confirmado en estos pocos años de observación de la conducta, de manera muy humilde, es que…
• Así como hay enfermedades del cuerpo que se llevan a la muerte a algunas personas (Diabetes, cáncer, accidentes vasculares, influenzas, etc.). ¿Por qué no pensar que hay también algunas enfermedades del alma y de la mente que se llevan a la muerte a otras personas?
Sobretodo hoy, que con los avances, hemos superado esa visión de adjudicarle al demonio todas las patologías mentales.
Hoy sabemos que hay depresiones u otras enfermedades del “Alma” que son causadas o potenciadas por descompensaciones químicas.
No lo niego, me inclino a pensar que este Dios tan bueno, que miró con misericordia a los enfermos, ¿cómo no tendrá misericordia de aquellos enfermos del alma?
Pero soy un humano limitado, sólo me queda guardar silencio ante este misterio.
Para los que quedan: ¿Cómo enfrentar el desánimo, la frustración, el cansancio?
No soy un experto en el tema. Pero concuerdo que en este camino uno convive con tres momentos:
1. Momentos cotidianos
2. Momentos gloriosos
3. Momentos difíciles
¿Cuántos de nosotros nos gustaría atrapar esos momentos gloriosos, perpetuarlos, como el momento del primer beso, el sí de esa persona amada, el nacimiento de un hijo, la casa nueva, etc.?
Pero existen a su vez, fuerzas de la decadencia que empujan al hombre en sus momentos difíciles y de sombra. Es esa “noche oscura”, como decía san Juan de la cruz.
En esencia, la vida es dura. Nuestro maestro también lo señaló: “En este mundo encontraremos aflicción”.
Él mismo es el vivo ejemplo de alguien que se levantó de la misma muerte, pero sin antes beber la copa amarga del miedo, la angustia, la frustración y el abandono absoluto.
Por eso en las Escrituras aparece más de 350 veces la frase “No TEMAS”, porque el miedo y la inseguridad nos asechan.
Cuántos amigos que leen estas líneas viven mirando al mundo desde sus lágrimas, han soñado con volar, pero la vida les cortó las alas.
Cuántos añoran ese pasado feliz, ese pasado que nunca más volverá.
Cuántos comenzaron ese proyecto matrimonial, con aras a construir un palacio de amor en medio de este yelmo inseguro, pero pasados los años, este palacio fue sitiado por fuerzas contrarias que lo demolieron por completo y hoy solo quedan fotos mudas posando en las paredes de lo que fue un hogar.
Cuántos después de cargar pesados fardos de fracasos, llegan hasta el mismo abismo y sienten que el peso es abrumador. Se ha agotado por fin la capacidad de resistencia.
¿Han sentido eso alguna vez?
Sentir como tu vida se te escapa, la enfermedad te deteriora erosionando tu salud, hasta ser un pábilo escaso de vitalidad. Miras el futuro y lo único que encuentras seguro es la muerte que te espera, así como lo diagnosticó el doctor.
En esos momentos cuando te aferras a todo lo que amas, pero un embudo invencible te atrae con fuerza, es en esa hora cuando ya ni siquiera hay sueños o futuro, cuando uno se pregunta, ¿Quién soy? Porque son tan hondas las tinieblas que te rodean, que al parecer pierdes tu propia identidad.
¿Habrá en quién aferrase, cuando llega la hora de la oscuridad?
Un amigo psicólogo me dijo que una noche luchó incesantemente con pensamientos de quitarse la Vida. Parecida a la lucha de Jacob, pero diametralmente opuesta, este mi amigo, luchaba por soltarse de este ángel de la muerte.
Cuando rayó el alba, exhausto, no llevando a cabo esos pensamientos que provenían de un lugar oscuro, alojado en la profundidad de su ser, Dialogó luego con su mentora, le comentó esta lucha.
La mentora le respondió:- Bienvenido a la esfera de lo humano… todos en algún momento hemos luchado con esas voces del infierno-
He aprendido en mis cortos años que la vida no es una línea recta, somos presa del infortunio y eso nos invita a ver la vida desde su verdadera perspectiva, un camino sinuoso. ¿Qué podemos hacer?
No podemos vivir felices (Si entendemos felicidad como una experiencia constante alejada del sufrimiento) pero sí podemos vivir más felices, es decir, con menos sufrimiento o con una perspectiva nueva de él.
El fracaso, es parte esencial de la experiencia humana.
Reconocer eso, es el primer paso para vivir una verdadera espiritualidad cristiana.
Reconocer también, que luego de ser azotado hasta los estratos más profundos de nuestra existencia, uno puede encontrar nuevas razones para vivir, nuevos horizontes a los cuales caminar.
Eso también está determinado por factores internos de la construcción personal, genética y espiritual de la persona. Por eso, cuando el hombre es sumergido en las profundas mareas de la aflicción, cuando en su remolino, sus criterios, sus convicciones, sus esperanzas, son sacudidas violentamente, cuando toda su escala de valores son pesadas en la balanza del destino y uno es probado para ver de qué está hecho, es en ese momento de la noche oscura, de la noche sin fin, del agobio y el peso de vivir como en una pesadilla interna, sin consuelo. Es ahí donde comienza a germinar una fuerza a la que los cristianos le llamamos Fe.
Después de la masacre de Auschwitz, un hombre declara con dolor: ¿Quién eres tú Dios mío, después de Auschwitz? , la respuesta es, Dios está crucificado e impotente en una cruz.
Esto no significa que es ausencia de Dios, sino el silencio de Dios.
Esta respuesta no tiene como objetivo la rebelión contra Dios, al contrario, saca a luz uno de sus rostros más misteriosos, el rostro del Dios que sufre junto a la humanidad, del Dios que se hizo hombre y conoció el dolor y la muerte, descendió a las aguas más turbulentas de la existencia humana y se dejó llevar por la corriente de la fragilidad, hasta llegar a sus límites, la muerte.
Es ahí donde los estudiosos de la fe llegan con sus apuntes de teología sistemática y encuentran que mucho de la reflexión acerca de la omnipotencia de Dios se basa en enclaves extraídos de fórmulas racionales y filosóficas, las cuales tienen poco qué decir ante este misterio.
Este es el Dios poderoso, tan poderoso que tiene poder para hacer lo absolutamente contrario, quedar colgado en una cruz, agonizante, solidarizando con nuestros dolores.
Este es el Dios que nos acompaña en el silencio, sin mostrar “credenciales divinas”, como lo hizo con aquellos caminantes de Emaús, que al ver rotas todas sus esperanzas, vuelven por el camino del fracaso y se encuentran con este Dios que pasa desapercibido ante sus ojos.
Cuando llegamos a este eslabón de la fe, cuando llegamos a la imagen terrible de un hombre torturado y suspendido en ese madero, con su rostro brutalmente desfigurado, sus espalda machacada y sus extremidades horadadas por los clavos. Preguntamos ¿Dónde estuvo Dios?
Los estudiosos de la fe, a pesar de la diversidad de conclusiones, concuerdan en que Jesús experimentó el más aniquilador de los dolores.
No sólo ser torturado, sino rechazado por su pueblo, traicionado por sus amigos y abandonado.
Jesús declara desde la Cruz: ¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?
¿Será que en la cruz, Jesús siente tal el abandono de Dios que duda de ser su HIJO? pues en ninguna parte Jesús se dirige a Dios como “Dios mío”, sino “Padre mío”.
Como es propio en la espiritualidad judía, recitar el comienzo del salmo es pensar en el salmo entero. Jesús recita el comienzo del salmo 22.
En este canto, el salmista expresa ante todo, la convicción de que Dios está presente, a pesar de que no se sienta su presencia consoladora.
Posiblemente (Y lo más seguro) es que Jesús sabe que Dios está con él, a pesar de que no lo vea, tanto así, que el crucificado entrega su vida impotente en manos del Dios de la vida: “En tus manos encomiendo mi espíritu”.
Dar ese salto de esperanza, sabiendo que hemos sido sumergidos en esa noche oscura, entregarse desnudo, lleno de heridas a las manos de Dios, es el único y mejor camino del hombre.
En la cruz está la victoria de Dios, está el secreto de la esperanza, la cumbre gloriosa a la que humildemente nuestro Señor nos llama.
En la cruz, está contenido el fracaso de nuestra sociedad, de nuestra humanidad.
Los poderes religiosos que pretendían entregar amor, fueron crueles con Jesús, el poder político que pretende entregar justicia, es sumamente injusto con Jesús.
Jesús desenmascara los poderes que reinan en el mundo, los “exhibe en toda su naturaleza cruel, corrupta, morbosa e injusta”, demostrando que una sociedad justa y misericordiosa no puede venir de las manos del ser humano, por eso, humillado hasta el límite, vemos en la cruz a este Dios que nos ama con locura, que nos perdona, que nos acoge y nos entiende. Que nos llama desde su dolor, que ha estado ahí desde que éramos polvo cósmico amándonos y perdonándonos, caminando con nosotros en nuestros fracasos, tratando de encausar los caudales de nuestras soberbias.
Y estará ahí presente cuando lleguemos cada uno de nosotros a nuestra hora final, cuando la franja que separa este mundo del otro se haga visible. Ahí estará Él, con sus manos horadadas, tomándonos de la mano.
Por eso decía Pablo con un corazón palpitante de esperanza:
«Por tu causa siempre nos llevan a la muerte;
¡nos tratan como a ovejas para el matadero!»
Sin embargo, en todo esto somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Pues estoy convencido de que ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación, podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor. Romanos 8:36-39
Esperanza para el afligido
Ya serán más de 6 años de que no tengo a mi hermano.
Mi mente muchas noches me lo trae de vuelta, pero llega el crepúsculo y se va, se me pierde entre rumas de sueños de mi niñez.
Sólo Dios sabe qué es de él.
A veces la vida se me pone cuesta arriba, sobre todo cuando veo que mis sueños no se cumplen.
A veces necesito un milagro como antorcha para seguir mi camino en esta llanura.
Pero ¿Qué será un milagro en estos días?
Para algunos, milagro es que Dios haga la voluntad de un hombre, para otros, milagro es que un hombre haga la voluntad de Dios.
Es sanador, en este camino de obediencia, reconocer que nuestros dolores no son de exclusiva pertenencia. Lo único que es único en nuestro dolor, es que las circunstancias que nos movieron a sufrir son particulares, como decía Henry Nouwen: “La verdadera sanidad proviene del descubrimiento de que tu dolor particular es parte del dolor de la humanidad. Este descubrimiento te permite perdonar a tus enemigos y acceder a una vida verdaderamente misericordiosa”
Es tu dolor, lo que te permite entrar en contacto con esta condición humana llamada sufrimiento. Desde ahí, te haces parte de los millones de seres humanos que también sufren, desde ahí tienes la oportunidad de optar por la misericordia y el amor, ya que reconoces como se siente el desvalido, el enfermo, el desahuciado, el anciano, el traicionado, el abusado, el estafado, el oprimido.
Sufrir y ganar la batalla es pararte en la otra vereda y decirle a los que vienen luchando tras de ti, que se puede, que se puede cruzar el valle de oscuridad, que Dios no estaba ausente, que en el hambre, la desnudez, los peligros y temores, nada nos ha podido separar de su amor incondicional.
Que en nuestras caídas, así como el padre levanta a su pequeño después de trastabillar, así nuestro Padre nos levanta.
Quiero terminar con uno de los pasajes más tiernos y esperanzadores de la literatura universal.
En la obra de J.R Tolkien, “El Señor de los anillos”, en su segundo volumen, “Las Dos Torres”, Sam se encuentra hablando con Frodo, están ya muy lejos del hogar, cansados, casi devastados por el dolor y el miedo. Volver a la seguridad del pasado es casi imposible.
Para aquellos que el peso del cansancio ha transformado el camino en un sendero insoportable.
“Frodo: -A mí no me gusta nada de aquí: piedra y viento, hueso y aliento. Tierra, agua, aire, todo parece maldito. Pero es el camino que nos fue trazado.
-Sí, es verdad-dijo Sam-. Y de haber sabido antes de partir, no estaríamos ahora aquí seguramente. Aunque me imagino que así ocurre a menudo. Las hazañas de que hablan las antiguas leyendas y canciones, señor Frodo: las aventuras, como yo las llamaba. Yo pensaba que los personajes maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio la vida era un tanto aburrida: una especie de juego, por así decir. Pero con las historias que importaban de veras, o con esas que uno guarda en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi siempre ya tenían los caminos trazados, como dice usted. Supongo que también ellos como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo que no la aprovecharon. Quizá, pues si la aprovecharan tampoco lo sabríamos, porque nadie se acordaría de ellos. Porque solo se habla de los que continuaron hasta el fin”.
Sonia de Luna – Fe Activa
Solamente tus obras dan testimonio de la fe que tienes en el Dios vivo que todo lo puede.
Santiago 2:17 asegura: Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
La fe es certeza de lo que se espera, fuerza acumulada, convicción moral y seguridad en lo que creemos. Como hijos de Dios debemos vivir por fe y hacerla evidente en acciones. Somos salvos por fe y sin ella no podemos agradar al Señor, pero solamente está completa si la evidenciamos con obras. En la iglesia tenemos muchos líderes pero también son necesarios aquellos que activan su fe e interceden por otros para dar testimonio del poder del Señor. Necesitamos obras porque en la tierra hay mucho por hacer, en el cielo ya todo está hecho.
¿Es posible masturbarse sin fantasías ni lujuria?
Articulo tomado de Libre en Cristo
Pregunta>
Durante un tiempo estuve un tiempo tratando de justificar lo que hacia o buscando bases (como “cristiano”) para decir que no era malo. El problema fue que las encontré, me refiero en que hay quien dice que la masturbación no es tan facil de definir como pecado (la pornografia en cambio todos concuerdan en que sí lo es), que si bien la Biblia habla de la lascivia, podia haber personas que se masturbaran sin ninguna imagen sexual en la mente y entonces no caias en lascivia. La verdad es que lo intente y no sentí culpa. › Continue reading
José: tentado y acusado, pero firme en su fe
Articulo tomado de Libres en Cristo
Confiar en Dios, y vencer la tentación, requerirá de una firme enfoque en EL. La vida de José nos provee una buena ilustración.
Manteniendo nuestros ojos en EL, nos ayudara en hacer fuerte nuestra FE en el momento de tentación y dolor. Los hermanos de Jose lo odiaban tanto que lo vendieron a una caravana cuando se dirigían a Egipto. Al llegar, se convirtió en un esclavo de Potifar, el capitán del guardián del Faraón. › Continue reading
Pastor Cash Luna: Dios piensa en ti pero no por ti
Pastor Cash Luna
Dios piensa en ti pero no por ti
Aprende a pensar. Has tuyos los pensamientos del Señor para que se multiplique en tu vida y se hagan realidad.
Efesios 3:20 nos confirma: Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.
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Convierte tus sueños en realidad
Convierte tus sueños en realidad
En nuestra vida hemos visto muchas personas con sueños frustrados, o no realizados solo porque el ambiente no fue propicio, o por que los obligaron a dejar un sueño. Pero podemos aprender a convertir esos sueños en realidad y no dejarlos guardados para realizarlos cuando ya no podamos.
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Lucas Leys – Lo que Dios cree de ti
Piensa que Dios te ama, eres alguien por quien Cristo murió en la cruz del calvario de manera especial. Es indispensable que tengamos una idea clara de quién es nuestro Dios. Tú tienes que saber que Dios no es aburrido; Juan decía que Dios es amor, eso quiere decir que todo lo hace por amor, y si te dice que no hagas algo, es porque te ama. Pecar es algo tonto, porque si El no quiere que vayas por ese lado, es porque quiere lo mejor para ti. › Continue reading
Ayudanos
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