Dios

Pastor Cash Luna – Dios nos de paz

Vivir tranquila y reposadamente es un anhelo que puede realizarse si buscamos al Señor, intercedemos por los gobernantes y cumplimos con nuestra responsabilidad.

Jueces 6:23-24 dice: Pero Jehová le dijo: Paz a ti; no tengas temor, no morirás. Y edificó allí Gedeón altar a Jehová, y lo llamó Jehová-salom; el cual permanece hasta hoy en Ofra de los abiezeritas.

La frase “no temas” aparece en la Biblia muchas veces. Dios nos lo dice constantemente porque el temor es una de las pasiones más fuertes que enfrentamos. Vivimos con miedo a todo. Aunque lo que experimentemos sea bueno, malo, conocido o desconocido nuestro corazón se aflige. La primera vez que viajas en avión sientes ansiedad y confusión. Cuando el Espíritu Santo se derramó el día de Pentecostés, los testigos sintieron temor. Aprendamos a manejas nuestros temores. La Palabra nos enseña que el Señor envía ángeles para que no tengamos miedo. Es necesario revisar el origen de nuestros temores para afrontarlos y vencerlos. El Señor es la fuente de la paz.

Dios de paz
En Juan 16:33 leemos: Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.

Lo que hablamos puede traer paz o angustia, así que utilicemos nuestra boca con prudencia y sabiduría para no perturbar la paz de otros. Además, cuídate de las personas que no te ofrecen paz. La Biblia dice que muchas son las aflicciones del justo pero de todas ellas nos librará Jehová. Jesús también dijo que en el mundo tendremos aflicción pero que confiemos porque Él ha vencido al mundo.   Dios nos ofrece paz a través de su Palabra y su Espíritu.

Es importante leer las Escrituras para incrementar nuestra paz. Mientras más sean las promesas que entiendas sepas y creas, mayor paz obtendrás. Hay personas en la iglesia que no leen la Biblia y quieren resultados. Dios no es mago. Él tiene principios, valores, reglar, mandatos y estatutos plasmados en más de 60 libros que han costado la sangre de los profetas que los escribieron. Si te alimentas de esa Palabra tendrás herramientas para buscar la paz. No basta escuchar la Palabra, hay que leerla y estudiarla. Cuando Dios habla, la paz viene.

Juan 14:27 comparte: La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Tenemos paz en el mundo por agentes externos, pero es superficial si no buscamos la que Dios nos ofrece. El mundo no puede hacer la paz entre Dios y los hombres, solamente el Señor Jesucristo tiene esa capacidad.

Romanos dice que el Reino de Dios no consiste en comida o bebida sino que es justicia, paz y gozo en el Espíritu.  Repítelo: justicia, paz y gozo. Nota que dos de tres son sentimientos.  El 66% del Reino se evidencia en la paz y el gozo que tengamos en nuestra vida. Jesucristo fue justicia al derramar su sangre por nuestros pecados y darnos la vida eterna.  En lo personal y a nivel de nación, la justicia es precursora de la paz y el gozo. Oremos porque haya justicia en nuestro país.

Paz interna y externa

Si tienes paz interna puede haber una guerra alrededor que tu ánimo mantiene la calma. Por el contrario, aunque vivas en un lugar tranquilo, si no tienes paz interior, vivirás en constante zozobra y ansiedad. Por ejemplo, Japón es un país con bajos niveles de criminalidad, sin embargo tiene altos índices de suicidio. Las estadísticas indican que al año 27 de cada 100,000 personas se suicidan, nadie les quita la vida, ellos se matan solos. También es impresionante la gran cantidad de personas que padecen enfermedades mentales en Europa, a pesar de ser países relativamente seguros y sin mayores dificultades económicas.  Busquemos la paz interna que sólo Dios puede ofrecernos, así lograremos la ansiada paz externa.

Filipenses 4:6-8 nos dice: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.  Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.

Si tienes afán debes pedir y descansar en el Señor. Siempre que ores y ruegues, no te olvides de pedir. La paz que sobrepasa todo entendimiento viene si la pedimos. Las personas que no confían en Cristo Jesús no comprenden esa paz que los cristianos demostramos en momentos de crisis. Así como tampoco logro entender a quienes dice tener a Cristo en su corazón y no tienen paz para ofrecer a los demás.

Cambia tu forma de pensar y llena tu mente de buenos pensamientos que generen buenos sentimientos. Sientes como piensas. La mente es un territorio que debemos sembrar bien para poder cosechar paz.

Confianza en el Señor

En Isaías 26:3 leemos: Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.

La paz del Señor es completa. Para alcanzarla debemos perseverar en el pensamiento y confianza hacia Dios.

Salmo 4:8 nos dice: En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.

El rey David se atrevió a escribir este Salmo en medio de una guerra. Si no duermes bien significa que debes perseverar aún más en el Señor y alimentarte de su Palabra. Pero no te confundas, confiar no significa ser temerario. La Biblia dice que no tentarás al Señor tu Dios. Aunque Él guardará tu salida y tu entrada debes alejarte del peligro.  No mal interpretes las Escrituras a tu conveniencia y corras en tu carro a 180 Km/hora (110 millas/hora)  creyendo que los ángeles protegerán tu imprudencia.

Dios no puede hacer algo por nosotros cuando violamos sus reglas. Está mal despreocuparte y permitir que tus hijos salgan tarde en la noche porque dices confiar en que Dios los protegerá, también está mal firmar un cheque sin fondos pensando que Él te proveerá. Si actúas así, ¡claro que te proveerá pan y agua cuando estés en la cárcel o cuidando de tus hijos en el hospital! Aprende a no tentar al Señor por más que confíes.

Salmo 91:2-8 recuerda: Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. No temerás el terror nocturno,  Ni saeta que vuele de día, Ni pestilencia que ande en oscuridad, Ni mortandad que en medio del día destruya. Caerán a tu lado mil, Y diez mil a tu diestra;  Mas a ti no llegará. Ciertamente con tus ojos mirarás Y verás la recompensa de los impíos.

Muchas personas dejan abierta la Biblia en este Salmo como amuleto pensando que así Dios los protegerá, pero están equivocados. Las supersticiones no te protegen del diablo. Si no eres cristiano de fe, no habrá vaso de agua sobre tu mesa de noche o limón partido en cruz que te salve. Trabaja, estudia y vive confiado en el Señor pero también busca la paz.

Sé un prudente instrumento de paz a tu alrededor. No contribuyas al pánico colectivo. Hay una anécdota que cuenta como dos enfermedades se encuentran, una felicita a la otra por haber matado a 25,000 personas en un pueblo. Entonces ésta le dice a la que le felicitó: realmente maté a 500,  el resto se murieron del susto. Muchas veces el daño se multiplica con la actitud alarmista de todos. Aprende a compartir con gente de paz y tendrás tranquilidad.

Responsabilidad de todos

Salmo 29:11 afirma: Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.

Dios otorga poder que puede construir paz si se ejerce correctamente. Oremos para que nuestros gobernantes asuman su liderazgo y nos traigan paz ejerciendo el poder que se les ha conferido.

Salmo 120:6-7 advierte: Mucho tiempo ha morado mi alma. Con los que aborrecen la paz. Yo soy pacífico; Mas ellos, así que hablo, me hacen guerra.

Hay personas que no son de Dios y aborrecen la paz. No nos equivoquemos, los malos no son los gobernantes, los malos son los criminales. Es cierto que necesitamos autoridades fuertes y capaces, pero no son ellos los que violan la ley. Oremos por lograr un sistema de justicia que ofrezca paz.

Romanos 13:1-6 revela: Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. Porque los magistrados no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo. Por lo cual es necesario estarle sujetos, no solamente por razón del castigo, sino también por causa de la conciencia. Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo.

Los gobernantes están para ordenar y servir, los magistrados están para infundir temor al que hace el mal, pero la paz es responsabilidad de todos. Si las calles están sucias, no culpemos a la municipalidad que debe recoger la basura, empecemos por no tirarla.  Los malos son los que comenten los errores, no aquellos que intentan pero no pueden buscar las soluciones.  Es peor ensuciar que no limpiar, así como es peor matar que no castigar al asesino. Así que cumple tu parte y deja de criticar al sistema porque la violencia es un reflejo de cada uno de los ciudadanos.  Deja de quejarte y conviértete en un constructor de la paz.

Si no tributas, no reniegues de la incapacidad del gobierno en combatir la terrible situación que vivimos. El robo constante de no pagar los impuestos ha traído una maldición de violencia en nuestro país. Todos somos responsables, cumple con tu parte.

Vivir quieta y reposadamente

1ra. de Timoteo 2:3 dice: Exhorto ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad. Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador.

Dios quiere que oremos por nuestros gobernantes. Pídele al Señor Jesús por tu país. Recuerda que nación somos todos, tanto ciudadanos como gobierno. Respetar las leyes y trabajar por la paz es una responsabilidad compartida para vivir quieta y reposadamente.

Busca la paz en tu pequeño círculo.  Combate la violencia en tu hogar, no maltrates a tus hijos ni a tu pareja, honra a tus padres, sé un amigo y ciudadano honesto. Cada noche hay más golpeados en los hogares que fuera de ellos. No puede existir perdón entre los combatientes de una guerra si no existe perdón entre hermanos, miembros de una misma familia. Nuestro país sangra y es consecuencia de los actos de cada persona. Antes de pedir por la paz de tu nación,  pide perdón por la violencia que provocas y erradícala de tu vida. El Señor dice en 2da. de Crónicas 7:14: Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

Humíllate y pide perdón para luego interceder por tu país. Piensa que si tú hubieras vivido alguna de las traumáticas situaciones que han vivido las personas violentas, tal vez actuarías de la misma forma o peor.  Recibe al Príncipe de Paz en tu corazón y llévalo contigo para que acompañe a tu familia y a tu nación.


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Friday, April 10th, 2009 Articulo, Cash Luna 22 Comments

¿Dios Contesta Tus Oraciones?

A cuantos de nosotros nos ha pasado algo similar al video, Dios siempre contesta nuestras oraciones nosotros somos los que nos hacemos los sordos y no queremos escuchar reflexiona.


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Saturday, January 26th, 2008 Articulo No Comments

¿Recuerdas la primera vez que te enamoraste?

¿Recuerdas la primera vez que te enamoraste?
Dios ama a adoradores que le adoren
Tomado Del libro Cara a Cara en su presencia (Jaime Fernández Garrido-Deanhollingsworth)

Las escrituras describen a Dios como nuestro novio y esposo: alguien
que nos ama con ardor y pasión. Nosotros amamos a Dios porque estamos locamente enamorados de El. No lo podemos remediar. Se nos escapa de la boca en cada conversación, en cada pensamiento. Dios ama escuchar el sonido de verdaderos adoradores que expresan su amor. Para El, los sonidos que brotan del corazón de un verdadero adorador son un incienso aromático, un sacrificio de alabanza.(Heb 13:10).Hablando de amor
¿Recuerdas la primera vez que te enamoraste?Te sentías raro. Tenías un nudo en el estomago. Incluso comenzabas a sudar cada vez que comenzabas a pensar en esa persona especial. No podías quitártela de la mente; y cuando entraba por la puerta,!ah! no importaba lo que estuvieras haciendo o diciendo. Esa persona era tan especial, tan querida, que no existía mas en el mundo en ese momento. Cuando amamos alguien parecemos realmente tontos. Hacemos tonterías y suspiramos.
Escribimos poemas y perdemos horas y horas simplemente pensando, contemplando y disfrutando la presencia de nuestro ser querido. ¿por qué? Porque Dios nos ha hecho para expresar amor. Esto es una parte inherente de su imagen implantada en nosotros. ¡Amamos amar! Amamos soñar con la expresión del amor, sentir amor, beber de su belleza. Eso es Dios en nuestro interior.
Nosotros le amamos a El,PORQUE EL NOS AMO PRIMERO. (1Juan 4:19).

NO HE ADORADO VERDADERAMENTE HASTA QUE HAYA INVOLUCRADO TODO MI SER,
TODO MI CUERPO, TODO DE TODO EN UNA ENCARNACIÓN DE MI PROFUNDO AMOR.


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Tuesday, January 8th, 2008 Articulo 2 Comments

¿Cómo puede el hombre ser aceptado por Dios?

Cualquiera sea la religión que el hombre profese, sea nueva o antigua, se caracteriza fundamentalmente por la forma en que enseña a sus seguidores a acercarse a Dios.

O bien les enseña a acercarse por sus obras, o bien les enseña a acercarse por la fe; por sus propios méritos, o por medio de una justicia externa.
Hay en la Biblia dos hombres, hermanos entre sí, que representan estas dos posturas, estas dos formas de presentarse ante Dios.
Uno es Caín y el otro es Abel. Ambos, hijos de Adán y Eva.

Tanto Caín como Abel nacieron fuera del huerto, luego de la caída de sus padres. Ambos habían heredado la misma naturaleza pecaminosa de aquéllos. Los dos eran igualmente pecadores. Aunque Adán fue salvo, porque creyó en el Salvador tipificado por el animal inmolado, no podía transmitir a sus hijos la fe. Se pueden transmitir los rasgos genéticos de los padres a sus hijos, pero no la fe, porque “lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que nacido del Espíritu, espíritu es.” La naturaleza carnal es engendrada por la carne; pero las cosas espirituales (y la fe es una de ellas), son engendradas por el Espíritu de Dios.

De manera que Caín y Abel eran iguales en cuanto a su naturaleza. La caída de Adán había afectado a los dos por igual. Sin embargo, a la hora de presentarse ante Dios (porque al hombre siempre le llega la hora en que tiene que presentarse ante Dios) ellos asumieron actitudes diametralmente opuestas. Estas diferentes actitudes determinaron que recibiesen de parte de Dios una respuesta también diferente.

La Palabra de Dios dice claramente que la diferencia no estribó en la distinta naturaleza de estos hombres, ni en ninguna otra circunstancia humana, sino sólo en las ofrendas que presentaron. La ofrenda hablaba claramente acerca de lo que había en el corazón de ellos.

En Hebreos 11:4 dice: “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella.” Aquí se señala claramente que la diferencia entre estos dos hombres no consistió en el carácter de cada uno de ellos, sino en el carácter de sus ofrendas; no era una diferencia entre los adoradores, sino en su modo de adorar.

La ofrenda de Caín

Caín ofreció a Dios el fruto de la tierra. Esto, que pudiera parecer loable, no lo era, por cuanto la tierra estaba maldita. Por causa de la caída de Adán, Dios había declarado su juicio sobre la tierra y sobre todo lo que había sido contaminado por el pecado. De manera que, al ofrecer una ofrenda de la tierra, él desconocía maliciosamente esa maldición. Dios había sacrificado un animal para cubrir a Adán y Eva, declarando la insuficiencia de los delantales confeccionados por ellos.

Ahora, Caín menospreciaba la forma como Dios atribuía justicia al hombre, presentando una ofrenda incruenta, como si el hombre nunca hubiera pecado, y como si Dios nunca hubiera declarado su juicio hacia ellos.

Dios había tenido que derramar sangre para cubrir a los primeros padres, pero Caín consideró innecesario ofrecer un sacrificio sangriento. La Biblia dice en Hebreos que “sin derramamiento de sangre no se hace remisión”. Caín era pecador, y entre él y Dios se interponía la muerte. Sin embargo él ignoró todo esto. Él trató a Dios como si fuera su igual, quien podría aceptar la ofrenda del campo maldito y pasar por alto su pecado no confesado.

Por tanto, no fue meritorio que Caín presentara una ofrenda producto de su trabajo. Dios enseñó desde el principio que es necesario un sacrificio de sangre para que el hombre pueda entrar hasta su santa Presencia. El Señor Jesús tuvo que morir en la cruz para que el velo del templo se rasgara, y quedara abierto el acceso al Lugar Santísimo para todo pecador.

La ofrenda vegetal de Caín, como todo sacrificio sin sangre, no sólo era inútil, sino también abominable. Su ofrenda demostró la ignorancia de Caín respecto de su condición caída, y respecto del carácter santo y justo de Dios.

Dios no puede recibir de nuestra mano, sino sólo aquello que Él nos ha dado. El no es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo. Nuestra ofrenda es la alabanza que traemos luego de creer en el Hijo de Dios.

La ofrenda de Abel

Consideremos ahora el sacrificio de Abel. Abel trajo de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Abel comprendió que se había abierto un camino hasta Dios por medio del sacrificio de Otro, y que las demandas de la justicia y santidad de Dios fueron satisfechas mediante la sustitución de una Víctima sin defecto.

Esta es la doctrina de la cruz, la única que Dios ha aprobado, y por medio de la cual el pecador halla perdón y paz. Esta es también la única manera en que Dios es glorificado.

Abel entendió que ninguna de sus buenas obras podían permitirle el acceso a Dios. Así también es como cree todo hombre que ha sido tocado por Dios para ver su extrema insolvencia y para ver, al mismo tiempo, el agrado con que Dios mira el sacrificio de su Hijo. Cristo satisfizo por completo todas las demandas divinas, y quitó de en medio el pecado.

Este sacrificio perfecto de Cristo quedó simbolizado en la ofrenda de Abel, quien no hizo nada por disminuir su culpa ni ocultar su condición pecaminosa. Simplemente, se presentó delante de Dios como pecador, y presentó como su sustituto la vida inocente de su víctima para que ésta cubriera sus faltas.

Abel merecía la muerte y el juicio, pero fue salvo porque se valió de un sustituto. Así también, toda alma quebrantada halla en Cristo su sustituto por excelencia, quien tomó su lugar en el juicio sobre la cruz. Ella sabe que ni los más ricos frutos de sus manos podrán quitar una sola mancha de su conciencia.

Al confiar en la obra perfecta de Cristo, hallará perfecto descanso para su alma.
No es cuestión de sentimientos, sino que es un asunto de fe. “Justificados, pues, por la fe tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Rom.5:1). “Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín” (Heb.11:4).
Caín no tuvo esta fe y, por lo tanto, no trajo sacrificio de sangre. Abel tuvo fe y ofreció la sangre y la grosura, que es la vida y excelencia de la persona de Cristo.

Caín y Abel fueron identificados por Dios con su respectiva ofrenda. En ambos casos, Dios no consideró la persona del que adoraba, sino el carácter de su sacrificio. Por eso dice la Biblia que “Dios dio testimonio de sus ofrendas”. Dios no dio testimonio acerca de Abel, sino de lo que él traía como ofrenda.

El corazón del hombre tiende a pensar que hay algo en nosotros que nos hace aceptos por Dios. El creyente, en cambio, debe considerar que se ha identificado plenamente con Cristo y ha sido aceptado por lo que Cristo es. Si Cristo ha sido aceptado por Dios, entonces también es aceptado el creyente.

La respuesta de Dios y la reacción del hombre

Ante esta verdad, el hombre no regenerado, se siente humillado, y entonces manifiesta su hostilidad. Porque en la justificación, Dios es el todo y el hombre es nada. Por eso, Caín “se ensañó en gran manera y decayó su semblante”. Lo que llenó a Abel de contento, despertó en Caín el enojo.

El camino de Caín ha tenido muchos seguidores a través de la historia y los sigue teniendo hoy. Caín es el religioso lleno de justicia propia, que persigue y mata al testigo fiel, al hombre que ha sido y se sabe justificado. Luego, al ser confrontado por Dios, no pide perdón, sino que se aleja para construir una ciudad, y levantar toda una civilización basada en las habilidades humanas. Desde ese día hasta hoy se esfuerza por mejorar el mundo y convertirlo en otro paraíso placentero, pese a la maldición que ha caído sobre la tierra, y al hecho de que él mismo es un fugitivo.

Los seguidores de Caín son personas religiosas, pero que tienen una religión sin sangre, que no toman en cuenta los caminos de Dios. Ellos piensan que pueden acercase a Dios a su manera. Su religión es una interpretación particular y obstinada acerca de cómo agradar a Dios. Ellos tienen a Dios en sus bocas, pero en verdad no les interesa. Su religión es sólo un ritual, que sirve para acallar la conciencia, o para ser aceptado socialmente. Es una religión sin Dios y sin Salvador.

¿Con cuál de estos adoradores se identifica usted? ¿Puede ver que sus sacrificios por obtener el agrado de Dios son inútiles? ¿Puede ver que el sacrificio de Cristo, en cambio, es perfecto, y del total agrado de Dios?

Mientras usted confíe en sí mismo y en sus obras, no podrá ver la preciosidad del sacrificio de Cristo, ni hallar descanso de sus obras. Crea en el Señor Jesucristo, y alcanzará la perfecta paz con Dios. Podrá usted pasar toda su vida haciendo obras en su intento por agradar a Dios y ser aceptado por Él, pero nunca conocerá la paz perfecta que halla el alma que reconoce su pecaminosidad y se acoge a la justicia de Dios que es por la sangre de Jesucristo.

Si usted se aferra a su propio camino de justicia, menospreciará el sacrificio perfecto del Señor Jesús. No lo haga más. No hay ninguna forma religiosa, ni sistema de ritos que valga la pena conservar si eso significa menospreciar al Hijo de Dios, que murió en la cruz por nosotros. Vuélvase hoy mismo a Dios y tome la senda correcta. Sólo en Cristo hay justicia y salvación eterna.

Le invito a que oremos:
“Padre, te damos gracias por mostrarnos el camino de Cristo y de la fe en su obra. Renunciamos al camino de Caín, y nos acogemos al poder de la sangre de Jesucristo parta ser aceptados por ti. Gracias, Padre, porque tú ya nos has recibido en tu amado Hijo. Amén”.

Visto | Sigueme


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Sunday, January 6th, 2008 Articulo 1 Comment


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