el Bunker

Ya entendí por qué nos dan ganas de abandonar el ministerio

Escrito por Howard Andruejol

A todos nos ha pasado, ¿no es cierto?  El pensamiento de irnos (de largarnos) nos ha cruzado por la mente más de alguna vez.  En cierto sentido, es normal, porque es verdad que el ministerio puede ser agotador, desgastante, difícil, doloroso, frustrante.  Sin embargo, quiero animarte a considerar una razón superior que puede ayudarte la próxima vez que te veas a punto de tirar la toalla.

En II Corintios conocemos de manera muy personal al apóstol Pablo. Contra los falsos maestros que buscaban desacreditarlo, él defiende su ministerio, y abre con mucha franqueza su corazón ante la iglesia que tanto amaba (iglesia que él mismo fundó).  Y en ese diálogo, aprendemos qué se siente estar en el ministerio de Pablo.

Busca en tu Biblia los siguientes pasajes para descubrir las circunstancias adversas que enfrentaba el apóstol: 1:4 (tribulaciones); 1:5,6 (aflicciones); 1:8 (tribulación, pérdida de esperanza de conservar la vida); 1:9 (sentencia de muerte); 2:1 (tristeza); 2:4 (mucha tribulación y angustia, lágrimas); 2:13 (sin  reposo en su  espíritu); 4:8 (atribulados en todo, en apuros); 4:15 (padecimientos); 4:16 (hombre exterior desgastándose); 5:4 (gemidos con angustia).  ¿Qué te parece la lista?  ¿Alguna vez te has visto en circunstancias similares?

Para rematar con broche de oro, te invito a leer dos relatos más: 6:4,5,9,10 y  11:23-28.  ¡Estas son adversidades al extremo!

Posiblemente nuestros problemas en el ministerio no se comparan a las aflicciones de Pablo.  Sé que muchos líderes juveniles enfrentan la falta de apoyo por parte de sus pastores o de los padres de familia; luchamos con crisis financieras, tensiones sentimentales, problemas familiares, y la lista podría seguir.  Nos desanimamos, nos desgastamos.  Lloramos y nos angustiamos.

Pero quizás podamos identificarnos con Pablo y aprender de su motivación para no claudicar en el ministerio.

¿Qué era lo que impulsaba a ese hombre a seguir a pesar de todo lo que le rodeaba en su contra?  ¿Por qué no perdió la visión?  ¿Por qué no sucumbió en depresión?  ¿Por qué hace lo que hace?

Al seguir leyendo II Corintios llegué al capítulo 5, donde creo Pablo responde la pregunta.  Con mucha firmeza y convicción, él declara que su motivación no se encuentra en las circunstancias externas, ni siquiera en su propia personalidad, carisma o habilidades.  Con mucha humildad (hablando en plural cuando realmente está refiriéndose a él mismo), el apóstol declara: “porque el amor de Cristo nos constriñe” (5:14).

¡Allí está la clave!  La motivación de Pablo brota desde lo más profundo de su interior.  Es una convicción que lo controla hacia la acción, no le deja otra alternativa.  ¡Se siente impulsado a responder al amor de Cristo!

“Cristo me ama” es la razón por la cual Pablo hace lo que hace.

No es “Cristo te amo”.  No es algo que brota desde nuestra fragilidad.  Es “Cristo me ama”.  Es algo que se fundamenta en el llamado, la elección, el sacrificio, el amor de Cristo.  ¡Eso sí es poderoso!

La próxima vez que se te acabe el entusiasmo, que las cosas no salgan bien, o cuando nadie te agradezca, o si te quitan del puesto, no dejes que tu ministerio se derrumbe.  Asegúrate que no sean recompensas o logros externos (circunstanciales, temporales, frágiles) los que dirijan tu llamado. Que sea más bien una persona, y su amor por ti.

Fuente | El Bunker


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Saturday, July 24th, 2010 Articulo 3 Comments

¿No sé si debo cambiarme de iglesia?

…o si debo seguir luchando contra las molestias que tengo.  He tenido problemas con los líderes de la iglesia porque no estoy de acuerdo con ciertas cosas que hacen, y ciertas malas actitudes que veo en ellos.  La otra vez les hablé de esto, y desde entonces han dejado de tomarme en cuenta y más bien me han comenzado a llamar “rebelde” y “oveja descarriada”.  ¿Hice mal?  ¿Debo hablarles nuevamente?  ¿Debo quedarme o es mejor que cambie de iglesia?

Alguien me dijo una vez “donde hay personas, hay problemas”, y en efecto, a lo largo de mi carrera en el ministerio he comprobado esto.  Muchas veces yo soy el problema, en otras ocasiones quizás son los demás.  La buena noticia es que esto no escapa del control y la sabiduría de Dios.  Él conoce muy bien lo difícil que pueden ser las personas, pero enfáticamente quiere también recordarnos cuánto aprecia y anhela que desarrollemos las mejores relaciones del mundo.

CINCO CLAVES PARA TOMAR UNA BUENA DECISIÓN

1.  Recuerda que iglesia significa personas y no cultos religiosos.

Hebreos 10:24,25 nos explica la razón para congregamos: invertir en nuestras relaciones, especialmente en lo que se refiere a nuestra vida espiritual.  Muchas veces perdemos esto de vista, y creemos que asistimos a un templo simplemente para cumplir con algún requisito religioso, o solamente escuchar un buen discurso.  La verdadera razón es estimularnos unos a otros a llevar una vida que honre a Dios.  Por consiguiente, en cualquier lugar que estés (cualquier congregación) deberás lidiar con las personas, y ojalá juntos puedan edificarse mutuamente.

2. Haz todo lo posible para estar en paz con tus líderes y demás miembros de la iglesia.

Antes de tomar la decisión de un cambio, procura tomar los pasos correctos, de forma prudente, para tratar de resolver los problemas que estén sucediendo.  Simplemente marcharte no ayudará a  que las dificultades sean superadas; la madurez muchas veces se mide cuando tenemos conflictos y podemos mantener el control del Espíritu para lidiar con ellos.  Así que no te apresures, más bien se paciente hasta donde sea tu responsabilidad.  Los siguientes pasajes te ayudarán en este sentido: I Tesalonicenses 5:12,13; Romanos 12:17,18; 14:19; Efesios 4:3.

3. Debes velar por tu crecimiento espiritual.

No pretendo que esto parezca una afirmación egoísta, pero la verdad es que no podemos andar por la vida sin crecer espiritualmente (II Pedro 3:18).  El crecimiento personal debe ser algo importante en tu vida cristiana, y por supuesto, la iglesia juega un papel clave.  Juntos podemos animarnos a crecer, y corregirnos si es necesario (I Tesalonicenses 5:11).  Cuando no estamos creciendo ni recibiendo apoyo para ello, entonces, quizás es tiempo de movernos.  De igual forma, cuando en nuestra vida estamos involucrados en actividades o hábitos que nos impiden crecer espiritualmente, entonces es hora de cambiar.

4. Tampoco olvides que eres alguien llamado a dar y servir a los demás.

Al mismo tiempo que tenemos que buscar intencionalmente formas de crecer (recibir) también tenemos que encontrar decididamente maneras de servir a otros (dar).  Seríamos totalmente personas sin balance si solamente recibimos y no damos, o si únicamente damos y no recibimos.  Gálatas 5:13,14 pone en claro que ahora somos libres para escoger servir a otros y no a nosotros mismos.  Quizás en tu iglesia no encuentras un ministerio en el cual involucrarte, y lo mejor sería hablar con tus líderes para pedir que te tomen en cuenta.  Es posible (lamentablemente) que no te tomen en cuenta, pero es no querrá decir que no existan formas de servir a otros.  ¿Acaso necesitamos tener algún nombramiento para ser personas de intercesión, o amar a otros, o dar a los necesitados?  Hay más de 20 ministerios que tú puedes hacer en tu iglesia (se mencionan en el Nuevo Testamento con expresiones “los unos a los otros”, como hospedarnos, saludarnos, animarnos, etc.).  Es importante que estés en una congregación donde puedas dar a los demás, y no convertirte en una persona centrada en sí misma.

5. Toma tiempo para orar por tus líderes.

Nadie dijo que los líderes son perfectos, que nunca se equivocarían o que no tendrían problemas.  Por lo tanto, nadie dijo que no necesitarían apoyo y oración.  Es más, los buenos líderes piden oración de los demás (Hebreos 13:17,18).  Así que considera seriamente ser de soporte espiritual para tus líderes por medio de la intercesión.  Generalmente esperamos que ellos oren por nosotros, pero ¿quién orará por ellos?  Si puedes tomar el tiempo disciplinadamente para esto, quizás te des cuenta que la lucha no es contra ellos sino contra el enemigo que procura destruir la unidad de la iglesia (Efesios 6:12).

Cambiar de iglesia es una decisión importante, que no se debe tomar a la ligera.  Por el contrario es importante tomar el tiempo para buscar la sabiduría de Dios.  Al fin de cuentas, a él debemos nuestra lealtad, no precisamente a una iglesia local.  Pero, por la misma razón, debemos ser buenos miembros y jugar el papel que nuestro Señor espera dentro de nuestras congregaciones.

Haz tu mejor esfuerzo para que las cinco claves que te he compartido se cumplan y te orienten hacia la mejor decisión. ¡Que Dios te ilumine en cada paso de tu vida!

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Thursday, June 11th, 2009 Articulo 3 Comments

El pecado me brinda placer, pero no satisfacción

Día a día soy tentado.  Día a día tengo que vencer.  Día a día me cuesta.  A veces lo logro, a veces fracaso.  No obstante, sigo me gustaría compartirte dos grandes lecciones que tú y yo debemos aprender.

MIS DESEOS PECAMINOSOS Y LOS TUYOS NO SERÁN SACIADOS

Por si aún no lo habías notado, cada vez que cedemos a una tentación, recibimos cierta dosis de placer.  Lastimosamente se trata de una muy pequeña, pasajera, efímera, enfermiza y mentirosa.  Es cierto: el pecado nos hace sentir bien, pero hay un engaño detrás.

Leí una vez la historia de unos astutos cazadores de lobos.  Para atrapar a sus víctimas, estos hombres idearon una manera efectiva, sencilla y fatal.  Aprovechando el deseo insaciable de los animales, pensaron en colocar un cuchillo en el suelo con sangre fresca.  Al verse atraídos, los lobos llegaban a lamer tan deliciosa sangre, deleitándose en tan exquisita trampa mortal.  Querían cada vez más, y seguían lamiendo.  Por supuesto, sus lenguas se cortaban y comenzaban a sangrar por sí mismas, alimentando la ansiedad de los animales, satisfaciendo su apetito por sangre fresca.  Después de tiempo, el mismo animal había lamido su propia sangre hasta la muerte.  El cazador no tuvo que cazar, sólo esperar.

Tú y yo podemos ser igual de necios como estos animales y caer en la trampa fatal del pecado.  Una pequeña dosis no produce satisfacción, sino que incrementa el deseo por más.  No nos saciamos, necesitamos un poco más.  Más placer.  Sólo un poco más.  Cada vez más.

Poco a poco, nos esclavizamos, nos volvemos adictos, nos encerramos, nos enterramos, nos enredamos en una espiral sin salida.  Siempre es más difícil decir “NO” la siguiente vez.  Debemos huir hoy, no mañana.

JESÚS SÍ PUEDE LLENAR MIS NECESIDADES Y LAS TUYAS

Las trampas engañosas del pecado atacan en nuestros puntos débiles, van al acecho de nuestras necesidades.  Y dicho sea de paso, nuestras necesidades son reales y son buenas.  Son buenas, porque debieran acercarnos a aquel que puede satisfacerlas con gracia y verdad.

Stephen Arterburn, en su libro “Tome control de lo que lo controla” (un pequeño libro que te recomiendo leer), detalla los diferentes apetitos que buscamos saciar en la vida.  En cada caso, ya sea que se trate de apetitos sexuales o de cualquier otra índole, debemos recordar que Dios nos creó con estas necesidades para que Él pudiera satisfacerlas.  Lastimosamente, nosotros nos descarriamos y procuramos satisfacer nuestros deseos con impostores que nos hieren, avergüenzan, atormentan y asesinan.

Hace unos días decidí tomar el curso de pureza sexual de Libres En Cristo (un curso gratuito en línea, en www.libresencristo.org) para fortalecerme y animar a otros a mantenerse firmes en integridad.  En la segunda lección fui recordado del fantástico dialogo de Jesús con la mujer samaritana, en Juan 4.  Ni el agua del pozo, ni las múltiples relaciones maritales que había tenido, saciaban por completo sus apetitos.  Pero Jesús le dio el agua viva, sació sus necesidades, transformó su vida y le brindó esperanza eterna.  Esa misma oferta, sigue vigente el día de hoy, para ti y para mí.

¿QUÉ HACEMOS ENTONCES?

Tú y yo no necesitamos el pecado para llevar una vida plena, exitosa.  No necesitamos el pecado para llegar a ser quien Dios anhela que seamos.  No necesitamos ceder a la tentación para disfrutar la vida al máximo.  Lo que necesitamos es dejar que Jesús sea quien llene nuestro ser y satisfaga cada uno de nuestros apetitos.

Estoy seguro que tú y yo necesitamos hacer cambios radicales en nuestra vida.  Quizás sea difícil lograrlo.  De hecho, decir “NO” al pecado tal vez no produzca placer; pero el dolor de la sanidad siempre será mejor que el dolor de la enfermedad.  Que Jesús satisfaga y transforme tu vida y la mía todos los días.

Visto | El Bunker


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Monday, May 18th, 2009 Articulo, Jovenes 2 Comments

¿Cómo enfrentás la adversidad?

Visto en  El Bunker

Leí una vez esta historia, y nunca la he olvidado. Pensé que podía servirte en medio de situaciones difíciles. Saludos.

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida.

Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro. Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.

La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias, y las colocó en un bol. Sacó los huevos, y los colocó en otro bol. Coló el café y lo puso en un tercer bol. Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?” “Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias.

Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego, le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café.

Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?” Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente.

La zanahoria llegó al agua fuerte, dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido.

Los granos de café, sin embargo, eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“¿Cual eres tú?”, le preguntó a su hija.


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Thursday, December 18th, 2008 Articulo No Comments


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