Ensancha 2009
Otoniel Font – La experiencia de la Fe – Ensancha 2009
La paz y prosperidad en tu vida dependen de los altares que edifiques para que el Señor te permita abrir pozos donde encontrarás los ríos de agua viva.
Génesis 26:1-3 Después hubo hambre en la tierra, además de la primera hambre que hubo en los días de Abraham; y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré. Habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré;
Isaac, hijo de Abraham nos ofrece una lección de fe en medio de la necesidad. Todas las generaciones pasan por tiempo de crisis pero el Señor no da la misma solución a todas. Los problemas se superan basándose en principios.
Génesis 26: 12-14 Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová. El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso. Y tuvo hato de ovejas, y hato de vacas, y mucha labranza; y los filisteos le tuvieron envidia.
Tan pronto Isaac recibe el principio de la siembra y cosecha vienen los problemas. Nota que la bendición de Dios no lo eximió de conflictos, al contrario, cuando prosperas siempre vienen momentos hostiles provocados por la envidia. Entonces no puedes quedarte en esta primera dimensión de fe que es sembrar y cosechar. Abraham había prosperado abriendo pozos y heredó esa profesión a su hijo. Imítale y busca las corrientes de la vida en la profundidad.
Génesis 26: 23-24 Y de allí subió a Beerseba. Y se le apareció Jehová aquella noche, y le dijo: Yo soy el Dios de Abraham tu padre; no temas, porque yo estoy contigo, y te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia por amor de Abraham mi siervo.
Beerseba significa el lugar de la promesa. Nota que Dios le habló en el momento más oscuro. Isaac ya había prosperado pero sentía temor. Muchas veces nos encontramos en momentos similares, estamos recogiendo la cosecha pero nos falta paz y reposo. La verdadera experiencia de la fe no acaba en la prosperidad sino en el fin de los conflictos.
Génesis 26: 25: Y edificó allí un altar, e invocó el nombre de Jehová, y plantó allí su tienda; y abrieron allí los siervos de Isaac un pozo.
Ese era el secreto de la bendición de Abraham. Él no necesitó ejércitos como David o grandes milagros como Moisés. Su método era edificar altares porque sabía que mientras más alto llega la ofrenda más profundo se pueden buscar las fuentes del Espíritu Santo. Si construyes altares Dios te permitirá abrir pozos para que descubras lo que ha puesto dentro de ti y encuentres los ríos de bendición. Esa es la combinación perfecta para prosperar y no tener conflictos.
Génesis 26: 28: Y ellos respondieron: Hemos visto que Jehová está contigo; y dijimos: Haya ahora juramento entre nosotros, entre tú y nosotros, y haremos pacto contigo,
Después de edificar el altar, Isaac recibió la visita de aquellos que le había rechazado y que en ese momento querían reconocerlo. Cuando vives una real experiencia de la fe, el Señor rebela al mundo quién eres.
Génesis 26: 32 En aquel día sucedió que vinieron los criados de Isaac, y le dieron nuevas acerca del pozo que habían abierto, y le dijeron: Hemos hallado agua.
Finalmente Dios le dio paz representada en esa agua que encontró en las profundidades. De nada sirve cosechar si te encuentras en batalla y aflicción. No queremos solo prosperidad, anhelamos la paz para poder disfrutar del fruto de nuestro trabajo. El mundo puede darte prosperidad pero nunca paz. Por el contrario Jesús quiere dártela de una forma tan impresionante que sobrepasa todo entendimiento. Todo lo que debes hacer es alcanzar una experiencia de fe que logre la conexión entre el altar y el pozo. Si buscas la gracia profunda de Dios primero edifica sobre el altar. Todos queremos que los ángeles bajen, pero primero debe subir nuestra ofrenda.
Busca llegar a la dimensión más alta de la fe, no te quedes en la siembra y la cosecha, edifica altares para poder abrir pozos que te revelen los dones del Espíritu Santo. Dios quiere prosperarte y sobre todo darte la paz.
Pastor Guillermo Maldonado – El temor de Dios – Ensancha 2009
Adora, respeta y ríndele honor a tu único y verdadero Dios. El santo temor de no ofenderle debe ser la motivación de todo cuanto hacemos.
En Isaías 11: 3 leemos: Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni por lo que oigan sus oídos
El Espíritu Santo tiene siete facetas y una de ellas es la del temor de Dios. Para comprender esta faceta debemos hablar de las tres motivaciones de los creyentes. Nos impulsan la voluntad de Dios, el amor y temor hacia Él. En nuestro matrimonio, negocios y vida familiar, muchas veces hacer Su voluntad es suficiente; en otras situaciones basta el amor a Dios, pero hay momentos cuando lo único que puede motivarnos a obrar con rectitud es el temor de Dios.
Génesis 22: 12 dice: Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque ya conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste tu hijo, tu único.
Abraham ofrendó a su hijo porque temía y respetaba a Dios, no solo porque le amaba y quería cumplir Su voluntad. Ese temor es un terror santo que se desata en nuestras vidas para que hagamos lo correcto.
No es el temor natural que sentimos en situaciones extremas como cuando estamos en peligro de muerte. Tampoco es temor de cobardía que tiene cuatro características: proviene de Satanás, nos paraliza, atormenta y hace huir. Dios no te da espíritu de cobardía sino de autoridad para confrontar tu situación.
El temor de Dios tampoco es aquel religioso superficial que procede del hombre y esclaviza. Mucho menos puede confundirse con el temor a los hombres que los hace ver más poderosos que el mismo Dios, que es opuesto a la confianza en Él y no promueve la obediencia al Padre. Entonces, el temor de Dios es la reverencia y respeto que le tenemos y evita que le ofendamos.
Éxodo 20:2-3 nos recuerda: Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí.
Dios es el dueño de toda preeminencia. Somos sus criaturas y es justo que le demos el primer lugar en nuestras vidas. Aquello que más temes es lo que se convierte en tu dios, así que témele a Él, que te dio la vida y se sacrificó para darte la salvación. Las crisis, enfermedades y pecados no pueden sustituir Su lugar. No temas más al diablo que a Dios. Es momento de darle la honra a quien la merece. Este es un tiempo donde la fe de los cristianos está siendo probada.
El temor de Dios debe motivarnos a llevar una vida santa. Cuando el amor ya no funciona el temor debe inspirarnos respeto.
La base fundamental de donde proviene la sabiduría es del temor de Dios. Uno de los dones que admiro en el pastor Cash Luna es su sabiduría que proviene de esa integridad y temor que tiene de Dios. Los pastores tenemos debilidades, somos humanos pero el temor nos guarda de caer en pecado y tentación. Pido por el temor en mi vida y en la de todos los hombres justos. La inteligencia es educación pero la sabiduría viene de un corazón que teme al Señor. Si quieres derramamiento y gloria debes estar preparado. Corrige tu conducta y busca la santidad.
Es tiempo de arrepentirnos. La iglesia solamente crece y se edifica en el temor de Dios. Lo que crece bajo mentira es superficial. El temor es respeto y reverencia. Recuerda que puedes temerle hasta que reconozcas Su santidad.
La santidad es el atributo y esencia del Señor y lo que debe moverte a temerle con reverencia. Si has perdido el temor de Dios clama para recuperarlo en tu boca, en tus ojos, mente y corazón para luchar por lo bueno y santo.
Marcos Witt – Cuatro preguntas parte II – Ensancha 2009

Todos somos diferentes, tenemos un llamado y unción especial. Para lograr la unidad del cuerpo de Cristo debemos respetarnos e integrarnos como hijos del mismo Padre.
Gracias a Dios somos distintos y en esa diversidad podemos construir la unidad. Al respecto hay cuatro preguntas sobre cómo buscar la integración: ¿cuándo entenderemos que somos distintos?, ¿cuándo entenderemos que tenemos distintas capacidades?, ¿cuándo entenderemos que nuestra congregación es sólo una parte de todo lo que Dios está haciendo? Recuerda que Su iglesia es universal, regional, local y personal. Él está edificando y somos parte de ese crecimiento. Entendamos que otras congregaciones también están siendo utilizadas.
La cuarta pregunta es muy importante: ¿cuándo tendremos la seguridad personal para saber quienes somos y dejar de compararnos el uno con el otro? El Espíritu Santo debe darnos la gracia de descubrir y comprender nuestra propia identidad. Un líder inseguro de su identidad es peligroso. Puede ser un dictador o un insípido que nunca confronta a nadie. La única forma de lograr balance es saber quién eres. Si tienes que reclamar tu autoridad es porque ya la perdiste.
2da. Carta a los Corintios dice: “Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos, con algunos que se alaban a sí mismos, pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos y comparándose consigo mismos, no son juiciosos”.
Es falta de sabiduría compararnos entre nosotros. Cuando Dios te ilumine con la verdad de quién eres predicarás tan bien como sabes hacerlo. Ese día será de libertad y gloria.Dios no ha hecho distintos y debes comprenderlo. La multiforme gracia nos usa de forma muy particular. Se tú mismo, deja de intentar ser otro.
El Señor no quiere que seamos uniformes, quiere que tengamos unidad y debemos luchar por ella aunque cuesta sudor, lágrimas y humillaciones. Para promover la convivencia en unidad podemos practicar seis principios básicos:
Primero: respeta el hecho de que somos diferentes. Es necesaria la tolerancias a las diversas formas de vivir en Cristo. Efesios lo dice: “soportándoos los unos a los otros”. Es fácil amar a las personas agradables, pero es difícil amar a las personas difíciles. Si abrazas un espíritu de respeto lo lograrás. Benito Juárez dijo “El respeto al derechos ajeno es la paz”. Trata a todos por igual, con simpatía y deferencia.
Segundo: evita el juicio y señalamiento. No sembremos algo que no queremos cosechar. Si no te parece que Dios use a una persona ten por seguro que hay alguien que no le agrada que te use a ti. El que murmura de su hermano juzga la ley y nadie tiene derecho a hacerlo. No somos nadie para emitir juicios.
Tercero: bendice con tu boca y con tus acciones. Quien ofrece bendición nunca pierde, siempre gana. Defínete como instrumento de vida, consuelo y misericordia. Que ninguna palabra corrupta salga de tu boca.
Cuarto: no reciba el mal reporte y el chisme. Sin tanta habladuría y murmuraciones habría más unidad en el cuerpo de Cristo.
Quinto: alégrate cuando la gente conoce a Cristo sin importar dónde lo conocieron. Busca avivamiento aunque no sea a través de tu iglesia. Lo grande es que las almas sean ganadas para el Señor. Cuando una vida se entrega al Dios debe haber fiesta en el cielo y en tu corazón.
Sexto: conózcanse como amigos. Romanos 12: 10 dice: Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros. Genuinamente puedes tener la gracia de amar a tu hermano aunque sea de otra congregación. El amor fraternal debe prevalecer entre los cristianos.
A través de nuestras acciones estropeamos el trabajo del Espíritu Santo. Él quiere que el mundo crea y conozca al Señor pero con nuestras actitudes, juicios y murmuraciones lo complicamos todo. Ama a tus hermanos, promueve e invierte en la unidad del cuerpo de Cristo porque formas parte de Él.
Fuente
Marcos Witt – Cuatro Preguntas 1ra. Parte – Ensancha “2009″
Todos formamos parte del cuerpo de Cristo y debemos luchar por la unidad de la iglesia.
Nuestra iglesia latinoamericana está dividida. La fragmentación es un cáncer que nos inunda. Cada uno de nosotros funcionamos en forma única y el esfuerzo comunitario es importante para alcanzar las naciones para Cristo.
Juan 17: 20-23 dice: Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.
El mundo no cree porque hablamos de unidad, perdón y amor pero no lo vivimos. El evangelio debe predicarse y vivirse diariamente. Dios no pide que seamos iguales, pide que tengamos unidad. Para descubrir las dificultades que implica hagámonos cuatro preguntas:
¿Cuándo entenderemos que somos distintos?
1ra. de Pedro 4:10 habla: Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios.
El plan divino es que tengamos diferentes formas de ser, trabajar, pensar y expresarnos. El mismo Creador nos hizo a todos, tanto a los altos y delgados como a los gordos y bajitos. Nuestro Señor es un Dios de variedad, multiforme en su gracia y hay que celebrarlo. Ni siquiera adoramos de la misma forma. Unos se postran y gritan, otros no. Evita juzgar a las personas diferentes. Somos como una orquesta sinfónica donde cientos de músicos con diferentes instrumentos se unen para interpretar la misma melodía. Tanto los violines como las trompetas son necesarios. Levantemos un sonido sinfónico para adorar.
¿Cuándo entenderemos que tenemos distintas capacidades?
1ra. de Corintios 12:5-6 nos comparte: Hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
Tenemos dones diversos. Puedo hacer cosas que otros. Oremos porque el Señor nos de la honestidad de encontrar el método que será efectivo para llevar nuestra comunidad a Sus pies. Por mucho que quiera, no predico como el pastor Cash Luna porque soy único.
1ra. de Corintios 12: 15-16 dice: Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo? Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo, ¿por eso no será del cuerpo?
Encuentra tu lugar. Tus dones son diferentes a los de otros, no son mejores ni peores, son complementarios así que gózate de ellos. Hay muchos métodos para llevar las almas a Cristo y al final todas funcionan. Es como comer con cuchara o tenedor, se logra lo mismo pero de forma diferente. Tus capacidades te equipan para cumplir tu llamado personal.
¿Cuándo entenderemos que nuestra congregación es sólo una parte de lo que Dios está haciendo?
En 1ra. de Pedro 2:5 leemos: Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.
Hay cuatro iglesias: la universal a la que todos pertenecemos, La regional como esta latinoamericana donde tenemos grandes desafíos. La local que está en cada congregación y es donde se identifican más problemas de unidad porque no es fácil dar gloria a Dios por lo que sucede en otras iglesias dentro de nuestra misma ciudad. La cuarta iglesia es la personal. Dios la edifica porque todos somos pastores y profetas que Él debe usar. Es arrogancia decir que mi iglesia es la única porque Él se sirve de todas en diferentes formas. A tu alrededor hay preciosos miembros del cuerpo de Cristo que debes valorar y bendecir. Es necesario que nos esforcemos para que el mundo crea que Jesús es la única respuesta. Pídele que te ayude a trabajar en favor de la unidad, como Él y el Padre son uno.




