Fragmento de libro
MATRIMONIO DE SOBREVIVIR A PROSPERAR
FRAGMENTO DEL LIBRO “MATRIMONIO DE SOBREVIVIR A PROSPERAR” AUTOR: Charles Swindoll
CINCO PRINCIPIOS QUE HACEN QUE UN MATRIMOIO PERMANEZCA
En Efesios 4 hallo no menos de cinco importantes principios mandatos, en realidad – que fortalecerán su compromiso al matrimonio y harán que persista. Pablo originalmente los aplicó a la comunidad de la iglesia, pero funcionan bien en muchos otros contextos, especialmente en el matrimonio. Los versículos 1-24 no contienen mandatos, ni imperativos. Luego, del versículo 25 hasta el fin el capítulo, ¡Pablo da once de ellos! Presento cinco principios que nos han ayudado a mantener un matrimonio razonable bueno… hasta aquí.
1. Cultive completa sinceridad (mas información pags. 78 – 80)
2. Exprese el enojo de manera apropiada y en el momento apropiado (mas información pags. 81 – 84)
3. No le robe a su cónyuge (mas información pags. 85 – 86)
4. Cuide escrupulosamente su habla (mas información pags. 87 – 88)
5. Sea amable (mas información pags. 89 – 91)
CUADRO DEL MATRIMONIO LLENA DE GRACIA
En última instancia, este pasaje está llamándonos a que ejerzamos gracia en nuestras relaciones personales, y estoy llamando la atención en particular a la relación matrimonial. Cultiven completa franqueza, expresen su ira apropiadamente y en el momento debido, no se roben el uno al otro, cuiden su habla, y busquen maneras de mostrarse amabilidad el uno al otro. Simplemente piense en lo fácil que sería permanecer comprometidos, cuán natural y honda se volvería la intimidad, si usted y su cónyuge en la vida obedecieran todos los días estos cinco mandatos sencillos.
Gracia. Es oxígeno para el matrimonio y demasiados están boqueando buscándolo. Instile vida en el suyo con estos cinco principios. Tómelos en serio y aplíquelos de cualquier manera singular que encaje con su cónyuge. Aplique la misma diligencia y creatividad a su matrimonio que aplicaría en una tarea asignada en su trabajo. Su recompensa no será sólo una unión larga y estable, sino también feliz y satisfactoria.
Paginas 78 a 93, libro: Matrimonio de Sobrevivir a Prosperar, Autor: Charles Swindoll
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FRAGMENTO DEL LIBRO “SE TODO LO QUE PUEDAS SER” AUTOR: John Maxwell
FRAGMENTO DEL LIBRO “SE TODO LO QUE PUEDAS SER” AUTOR: John Maxwell
UNA DOCENA POR DÍA
He aquí una docena de ejercicios que le ayudarán a hacer realidad su sueño.
1. Examine su vida tal como está en este momento. El primer paso para hacer realidad su sueño es descubrir dónde está ahora. Es necesario un estudio profundo.
2. Cambie todas sus pequeñas opciones por un sueño grande. Todo sueño tiene su precio.
3. Póngase en contacto con personas exitosas. Es cierto que “Dios los cría y ellos se juntan”.
4. Exprese su fe en sus sueños. Escríbalos o hable de ellos con frecuencia.
5. Tenga en cuenta que habrá oposición. Todo quisquilloso que no tenga un sueño propio se opondrá al suyo. Lamentablemente, hay diez quisquillosos por cada persona que tiene un sueño.
6. Haga su mayor esfuerzo, ponga toda su energía para la realización del sueño. ¡Pague el precio!.
7. Extraiga todo principio positivo que pueda de la vida. Esté contantemente en la búsqueda de cualquier cosa que haga crecer su sueño.
8. Excluya a las personas que piensan en negativo de su círculo de amigos íntimos. Tendrá algunos amigos que piensan en forma negativa, y sin duda algunos familiares suyos también lo harán.
9. Exceda las expectativas normales, para que su sueño se haga realidad. Si va a alcanzar su sueño, tendrá que hacer algo fuera de lo normal. Los sueños no se alcanzan si solo se usa la cantidad habitual de energía.
10. Demuestre confianza. Creo que si demostramos confianza exteriormente, tendremos más confianza en nuestro interior. La forma en que actuamos exteriormente influye en lo que somos interiormente.
11. Explore todas las posibles rutas para alcanzar su sueño. No permita que ningún desvío no calle sin salida lo detenga en el camino a un sueño que Dios le ha dado.
12. Extienda una mano de ayuda a alguien que tiene un sueño similar al suyo, y ambos podrán subir juntos.
Pagínas 70 a 72, libro: Se todo lo que puedas Ser, Autor: John C. Maxwell
Cuatro Principios Fuertes y Aplicaciones Sensatas
FRAGMENTO DEL LIBRO “MATRIMONIO DE SOBREVIVIR A PROSPERAR” AUTOR: Charles Swindoll
CUATRO PRINCIPIOS FUERTES Y APLICACIONES SENSATAS
Piense primero en su matrimonio y luego en su familia.
¡DESPIÉRTESE!
La condescendencia nos ciega a la realidad. Al dejarnos llevar por la corriente de nuestra cultura, siguiendo la senda de menos resistencia, no notamos la distancia creciente entre nosotros y el Señor. Es fácil trivializar el mal, ser indiferentes al mismo, tolerarlo, aceptarlo y finalmente abrazarlo.
¡Despiértese!
Mire lo que usted es en relación al Señor y determine enfocar eso realistamente.
Este no es tiempo para echarse a dormir. Si se trata sólo de usted y su cónyuge, permanezca despierte y alerta a las súplicas sutiles de los acomodos. Si tiene hijos pequeños en casa, sea proactivo para descubrir cómo la cultura de ellos puede estar influyendo en ellos. Si tiene adolescentes, invierta algún tiempo viendo los programas de televisión que ellos ven y oyendo la música que les gusta a ellos. Tal vez usted tenga que invertir, pero es mejor si usted entiende los mensajes que ellos están recibiendo, de modo de que el mundo no sea la única voz que sus hijos oyen.
No se deje engañar por el desenfado de ellos. Usted no puede silenciar al mundo, pero tampoco tiene que hacerlo. Sus hijos anhelan con ansias dirección en medio de lo que es para ellos un tiempo de confusión y cambio. Ellos simplemente pretenden descartar su consejo y su intervención. Es más, su palabra cuenta para ellos mucho más de lo que ellos están dispuestos a admitir. Bien pueden encogerse de hombros y entornar los ojos, pero le oyen.
¡ESCUCHE!
El conocimiento nos hace libres. El enemigo de nuestras almas se aprovecha de la ignorancia. En tanto y en cuanto Satanás, el príncipe de este mundo, pueda mantenerlo ignorante, puede mantenerlo ignorante, puede engañarlo con superstición y temor. Él tergiversará su teología a fin de mantenerlo persiguiendo soluciones erradas. ¡Las consecuencias de ese abandono son devastadoras! Su vida espiritual estará dominada por incertidumbres e inseguridades. Se hallará confundido en cuanto a quién es usted y a dónde se dirige.
Jesús dijo esto en cuanto a ser discípulo. “Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32). Cuando usted está creciendo en su conocimiento de la palabra de Dios, eso lo equipa para pensar claramente y ver el mundo en forma realista. Estudie las Escrituras Sagradas. Lea la Biblia diariamente, y memorice pasajes claves. Cada vez que me dedico a ese ejercicio, me asombra ver cómo se aguza mi discernimiento; y cuanto mejor enfrento las pruebas rutinarias de la vida.
Para leer los otros 2 punto, vea el libro de la página 19 en adelante…
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Sé Todo lo que puedas ser
LIBRO: Sé Todo lo que puedas ser
AUTOR: John C. Maxwell
CONTRAPORTADA:
“¡La única persona que puede impedir que llegue a ser lo que Dios quiere que usted sea… es usted!”
En un estilo ameno y conversacional, el Dr. John Maxwell señala las posibilidades que están dentro de cada uno de nosotros y luego ofrece sencillos planes para transformar estas posibilidades en realidades. Sus métodos prácticos para una vida exitosa, probados en su propia vida y ministerio, lo ayudarán a ser todo lo que usted puede ser.
“El Dr. Maxwell es verdaderamente una de esas personas inspiradas de nuestro tiempo, que edifica a los demás y pronuncia frases perdurables. Sé todo lo que puedas ser está cargado de prácticas palabras de aliento inspiradas por Dios, que fortalecen la fe, y que cumplen todo lo que el título promete… y mucho más. Es una lectura obligada para quienes están desalentados y para aquellos que están ambiciosamente insatisfechos con su presente y su futuro” – Zig Ziglar
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¿CUÁL ES TU PRECIO?
Fragmento del libro: Cuando Dios Susurra Tu Nombre, Autor: Max Lucado.
¿CUÁL ES TU PRECIO?
Asistir a un programa de entretenimiento no era tu idea de una actividad de vacaciones, pero tus hijos deseaban ir, así que cediste. Ahora que estás aquí, empiezas a disfrutarlo. La actividad frenética del estudio es contagiosa. La música es alegre. El escenario es colorido. Y los riesgos son altos.
“¡Más altos de lo que jamás han sido!” El anfitrión del programa se jacta. “Bienvenidos a ¿Cuál es tu precio?” Estás a punto de preguntarte a tu cónyuge si el cabello del animador era natural cuando este anuncia el precio: “¡Diez millones de dólares!”
El auditorio no necesita que lo estimulen; estallan en un aplauso.
“Es el juego más rico de la historia”, dice con orgullo el animador. “¡Hoy alguno saldrá de aquí con un cheque por valor de diez millones!” -No seré yo –le dices entre risitas a tu hija mayor-. Nunca he tenido suerte con el azar.
-Shhhh – susurra ella, señalando hacia el escenario-. Están a punto de extraer un nombre.
Adivina cuál nombre llaman. En el instante que lleva decirlo, pasas de ser el espectador a jugador. Tus hijos chillan, tu esposa grita y mil ojos observan cómo la muchacha bonita te toma de la mano y te acompaña hasta el escenario.
“¡Abran la cortina!”, ordena el animador. Te das vuelta y observas mientras se separan las cortinas y emites una exclamación ante lo que ves. Una carretilla color rojo brillante llena de dinero… rebosando de dinero. La misma señorita que te acompañó hasta el escenario ahora empuja la carretilla hacia donde te encuentras y la estaciona delante de ti.
-¿Alguna ves viste diez millones de dólares? – pregunta el anfitrión de dientes perlados.
-Hace bastante que no – contestas. El auditorio se ríe como si fueras un cómico.
- Hunde las manos – invita él-. Adelante, zambúllete.
Miras a tu familia. Un hijo está con la boca abierta, uno está orando y tu cónyuge te anima con los pulgares levantados. ¿Cómo negarte? Te hundes hasta la altura de los hombros y te levantas, aprisionando contra tu pecho un montón de billetes de cien dólares.
- Puede ser tuyo. Todo puede ser tuyo. La decisión es tuya. La única pregunta que deberás responder es “¿Cuál es tu precio?”
Vuelve a resonar el aplauso, toca la banda y tragas con fuerza. Detrás de ti se abre una segunda cortina, que descubre un gran cartel. “¿Qué es lo que estás dispuesto a entregas?”, está escrito en la parte superior. El anfitrión explica las reglas.
-Lo único que debes hacer es aceptar una condición y recibirás el dinero.
“¡Diez millones de dólares!” susurras para ti.
No un millón ni dos, sino diez millones. Una suma nada desdeñable. Lindo ahorro. Diez millones de dólares alcanzarían para mucho, ¿verdad? Los costos de enseñanza cubiertos. Jubilación garantizada. Abriría las puertas de algunos autos o de una nueva casa (o varias).
Se podría ser un gran benefactor con una suma tal. Ayudar a algunos orfanatos. Alimentar a algunas naciones. Edificar algunas iglesias. De repente comprendes: Esta es una oportunidad única en la vida.
-Escoja. Sólo elija una opción y el dinero es suyo.
Una voz grave desde otro micrófono comienza a leer la lista:
1. Ceda a sus hijos en adopción.
2. Prostitúyase por una semana.
3. Renuncie a su ciudadanía estadounidense.
4. Abandone su iglesia.
5. Abandone a su familia.
6. Mate a un desconocido.
7. Hágase un cambio de sexo quirúrgico.
8. Abandone a su esposa.
9. Cambie su raza
- Esa es la lista – proclama el animador-. Ahora haga su selección.
Empiezan a tocar la música lema, el auditorio está en silencio y tu pulso está acelerado. Debes tomar una decisión. Nadie te puede ayudar. Estás sobre el escenario. La decisión es tuya. Nadie puede decirte qué cosa elegir.
Pero hay algo que te puedo decir. Puedo decirte lo que harían otros. Tus vecinos han dado sus respuestas. En una encuesta nacional formularon la misma pregunta, muchos dijeron lo que harían. 7% de los que respondieron asesinarían por esa cantidad de dinero. 6% cambiarían su raza. 4% cambiarían su sexo.
Si el dinero es la medida del corazón, entonces este estudio reveló que el dinero está en el corazón de la mayoría de los estadounidenses. A cambio de diez millones de dólares:
25% abandonaría a su familia.
25% abandonaría su iglesia.
23% se prostituiría por una semana.
16% cedería su ciudadanía estadounidense.
15% abandonaría a su cónyuge.
3% cedería a sus hijos en adopción.
Aun más revelador que lo que los estadounidenses haría por diez millones de dólares es el hecho de que la mayoría haría algo. Dos tercios de los encuestados accederían a por lo menos una, algunos a varias, de las opciones. En otras palabreas, la mayoría no abandonaría el escenario con las manos vacías. Pagaría el precio necesario para ser dueño de la carretilla.
¿Qué harías tú? Mejor aún, ¿qué es lo que estás haciendo?
“Deja de soñar, Max”, dices tú. “Nunca he tenido la oportunidad de ganarme diez millones.”
Quizás no, pero has tenido la oportunidad de ganarte mil o cien o diez. El monto puede no haber sido el mismo, pero las opciones sí lo son. Lo cual hace que la pregunta sea aun más inquietante. Algunos principios morales por mucho menos de diez millones de dólares.
Jesús tenía una palabra para eso: avaricia.
Jesús también tenía una definición para la avaricia.
Decía que era la práctica de medir la vida según las posesiones.
La avaricia equipara el valor de una persona con su cartera:
1. Tienes mucho = eres mucho
2. Tienes poco = eres poco.
La consecuencia de semejante filosofía es predecible. Si eres la suma de lo que tienes, es necesario que seas dueño de todo. Ningún precio es demasiado elevado. Ningún pago demasiado costoso.
El programa de entretenimiento era ficticio, pero los hechos son verdaderos. Estás sobre un escenario. Te han entregado un premio. Los riesgos son altos. Muy altos.
¿Cuál es tu precio?
Libro: Cuando Dios Susurra tu nombre, Autor: Max Lucado, Paginas 67 – 74
PÓNGASE DE ACUERDO EN ESTO
Si está casado, póngase de acuerdo con su cónyuge en el presupuesto. Solamente esta frase exige por sí sola un libro que describa cómo lograrlo, pero la realidad es esta: si no trabajan juntos es imposible triunfar. Una vez que se llega a un acuerdo respecto al presupuesto y está por escrito, haga un compromiso serio de que nunca hará nada con su dinero que no aparezca en el papel. El papel es el jefe del dinero, y usted es el jefe de lo que se escribe en el papel. Pero tiene que ajustarse al presupuesto, o esto no es más que una elaborada teoría.
Libro: “Transformación Total de su Dinero” Pagina 113
LA DEUDA NO ES UN INSTRUMENTO
Transformación Total de su Dinero (Dave Ramsey)
¿Está usted comenzando a comprender que la deuda NO es un instrumento? Este mito y otros pequeños submitos se han extendido a lo ancho y a lo largo. Siempre mantenga en mente la idea de que si usted dice una mentira con suficiente frecuencia, en alta voz y durante mucho tiempo, el mito llegará a aceptarse como una realidad. La repetición, el volumen y la extensión tergiversarán y convertirán un mito, o una mentira, en una forma comúnmente aceptada de hacer las cosas. Ya no más. La deuda no es un instrumento; es un método para hacer ricos a los bancos, no a usted. El prestatario es verdaderamente un siervo del prestamista.
Su mayor activo para crear riqueza son sus ingresos. Cuando usted frena su ingreso, usted pierde. Cuando usted invierte su ingreso, usted se hace rico y puede hacer lo que le venga en gana.
¿Cuánto podría usted dar cada mes, ahorrar cada mes, y gastar cada mes si usted no tuviera pagos que hacer? Su ingreso es su mayor instrumento para hacer riqueza, no su debito. La Transformación Total de su Dinero comienza con una visión permanente cambiada de los mitos de la deuda.
Libro: “Transformación Total de su Dinero” Pagina 59
Dante Gebel La vida en diferido
Como a la mayoría de los argentinos, me gusta ver los partidos cuando juega la Selección Nacional. El tema es que por mi trabajo, (paso la mayor parte del día en la productora) a veces no puedo verlos en vivo.
Lo que hago entonces, es tratar de no enterarme del resultado y le pido a los que me rodean que no me cuenten nada. Entonces, cuando termina el día, llego a casa, y disfruto del partido en diferido.
Vibro cuando la pelota entra al área, me emociono con las jugadas, me enojo con el árbitro, sufro cuando el partido no se define y festejo cuando la pelota se clava en el ángulo. Aunque todo haya ocurrido hace varias horas, para mí todo es nuevo, lleno de adrenalina. Al no saber cómo termina el partido, el desfase de tiempo no logra quitarme la emoción del partido. El tema es que ya todo ocurrió. Ese penal no lo están cobrando ahora, ni hay millones de argentinos comiéndose las uñas porque el partido de va al alargue. Todo lo que yo veo en la televisión, ya pasó hace varias horas. Si ganamos o perdimos, es imposible cambiarlo. Aún así, al desconocer el final, me produce el vértigo que puede sentir cualquier hincha de la Selección.
Pasa exactamente lo mismo con nuestra vida: pensamos que estamos en vivo, pero la vivimos en diferido. Todo lo que hagamos, ya sucedió en la eternidad. Sólo que Dios nos deja disfrutar de la repetición, aunque creamos que está ocurriendo ahora.
La Biblia menciona que los tiempos están en sus manos y que antes que le hombre pecara, el pecado ya estaba resuelto en la eternidad. Es otras palabras, el sacrificio en la cruz, no fue el “plan B” del Creador, El ya sabía lo que iba a ocurrir y preparó la solución.
Quiero que lo pienses un poco: aunque tengas catorce años, Dios ya sabe con quien te casaste, conoce a tus hijos y hasta te vio bajar al sepulcro el día de tu muerte; ese es el “vivo”. Sólo que ahora te permite disfrutar del partido en diferido. Vas a emocionarte con tu casamiento, vas a llorar cuando alces a tu hijo y te vas a entristecer cuando las cosas no salgan tan bien como esperabas. Pero nada de todo eso, es nuevo en la dimensión de lo eterno. Ya todo ocurrió, El sabe lo que harás con tu libre albedrío y hasta cómo terminan tus días.
“Porque pensamiento de bien tengo para ti, y no de mal”, remata el Señor. Después de detenerte en esa verdad: ¿Te volverías a preocupar por algo? ¿Te llenarías de angustia por un penal errado? Claro que no, porque en Sus manos están los tiempos.
Pensar que cuando era adolescente me la pasé preocupado por mi futuro. Pensaba que nunca iba a casarme, que iba a ser un fracasado y que había nacido por accidente. De haber sabido que mi vida estaba en diferido, lo habría pasado de otra forma. Me hubiese esforzado por buscar a Dios, pero sabiendo que El ya había estado en mi futuro, y que nada podía salir mal. Hubiese confiado más en el Señor. Me doy cuenta que pude haber pasado una juventud mas relajada, de haber sabido que vivía en diferido.
Es bueno recordar esta pequeña apreciación la próxima vez que estés sufriendo por alguna crisis o un tema no resuelto. Todo lo que puedas preocuparte, no va a cambiar lo que ya sucedió en la eternidad. Y según lo que te prometió Dios, todo tu futuro es muy bueno y alentador. Así que relájate y disfruta.
Dante Gebel
Editorial Edición G
Visto www.dantegebel.com
Dante Gebel – Paralitico del Alma
Del Libro: Pasión de Multitudes
Autor: Dante Gebel
Todavia ME PARECE ESTAR VIVIENDO el momento de las tres famosas preguntas de la vida. Todos nos las hicimos alguna vez, O, por lo menos, todos tuvimos alrededor de trece años de edad., y un buen día las tres grandes interrogantes de la vida hacen que cualquier problema de las Naciones Unidas queden a la altura de un juego de niños. Esfuerza tu memoria y recuerda la mañana en que no te gustó lo que viste en el espejo, y entonces… las tres preguntas. Aparecen sin aviso y sin que las esperes, Es casi injusto que nuestra tranquila Juventud un día se vea perturbada por tres sencillas interrogantes que determinarán nuestro futuro: «¿A qué me voy a dedicar?» «¿Con quién me voy a casar?» y «¿Para que Dios me va a usar?» Trabajo. Matrimonio. Ministerio, Demasiado para una sola mañana.
Es posible que te hayas hecho estas preguntas al cumplir tus primeras dos décadas de existencia, o tal vez en la mitad de tu vida, pero inevitablemente has pasado por esa experiencia. A los trece… o a los cincuenta. Y para afrontar esas cuestiones, uno debe tener una estima de sí mismo saludable. Y ese no fue mi caso. Tengo varias preguntas que le haré al Señor cuando llegue al cielo, y ninguna de ellas tiene que ver con lo teológico. Una de ellas es por que razón tuve que padecer tantos complejos durante mi adolescencia; y aunque para algunos le suene a trivialidad, para mí significó, entre otras cosas, no poder responder a ninguna de dichas tres preguntas. Por alguna curiosa razón me costaba horrores engordar y gozar de un peso normal, lo que me transformaba en alguien extremadamente delgado; y si a eso le sumaba una nariz prominente, tenía frente al espejo a un acomplejado con el amor propio hecho trizas.
Todos los que pasamos por la escuela secundaria conocemos la regla número uno de la popularidad: ¡ser un genio en los deportes! A tus compañeros no les interesa si eres bueno en el examen de Historia o si logras una buena calificación en Trigonometría; lo que realmente impacta es que demuestres que el país esta gestando un futuro futbolista. Nunca entendí esa teoría estudiantil y mucho menos entendí el fútbol ni ningún deporte que implique un esfuerzo mayor a levantar un papel del piso; así que, como estarás suponiendo, no fui popular y nunca me eligieron para jugar ningún deporte. A la hora de armar los equipos de fútbol, siempre quedaba fuera de cualquier posible elección.
Así que yo no podía darme el lujo de pensar a qué iba a dedicarme; estaba demasiado preocupado por mi físico exiguo como para inquietarme por un oficio, un matrimonio o un ministerio.
Nunca olvidare esos días, y tampoco creo que Dios me permitirá hacerlo. Hoy puedo saber perfectamente cómo sufren las chicas con exceso de peso, los muchachos con anteojos, los demasiados altos para su edad, los de baja estatura, los de dientes con frenos o los muy delgados como yo. Cuando uno pasa por esas noches de autoestima destrozada, no las olvida con facilidad. Me ha tocado ministrar a personas con mas de cuarenta años que viven amarradas a
complejos del pasado. Son dueños de un potencial increíble, pero las heridas del pasado (superficiales o profundas) no les han permitido alcanzar la plenitud de sus vidas. Quizás pertenezcas a ese grupo, o conozcas a alguien que sufrió el ser diferente a la mayoría, pero cualquiera que sea tu situación, espera a que te cuente la historia mas inquietante que jamás hayas oído.
Del palacio al silencio
Esa mañana pudo haber sido una cualquiera. El niño se despertó en su cuna real y alguien le acercó su biberón real. Tenía cinco años de edad y todos en el enorme palacio decían que sería tan buen mozo como su padre.
«Y tan alto como el abuelo», comentaba un cortesano. Era un niño con un futuro prometedor, hijo del príncipe y nieto del rey, nada menos. Tenía un gran parecido con el Ricky Ricon de Hollywood; todo a sus pies, solo tenía que pedirlo.
Pero esa mañana algo interrumpió el desayuno real de nuestro futuro rey; una tragedia, algo inesperado. De pronto el palacio se transformó en un caos. Un mensajero con una mala nueva, y después lo impredecible; gritos, estupor y ruidos poco familiares que el niño de cinco años no alcanzaba a comprender.
«¡El rey y el príncipe han muerto en la batalla’» El niño no conoce el significado de la noticia, o por lo menos no percibe que su futuro va a cambiar de rumbo en los próximos minutos; después de todo, el no tiene por qué saber que ahora comenzará la cacería de brujas. Nadie jamás le dijo lo que podría suceder si su padre y su abuelo murieran el mismo día; es que esas cosas ni siquiera se comentan. .. hasta que suceden. El no entiende que, al morir el rey, su vida corre un serio peligro, así que no es sorprendente que en medio del alboroto siga jugando con sus juguetes reales.
Pero la nodriza entiende algo más sobre reyes, palacios y herederos al trono; así que toma al niño en sus brazos y corre desesperadamente hacia el bosque. El muchachito tiene cinco años y no tiene la culpa de que su padre y su abuelo hayan muerto en una batalla, un niñito no merece morir por intereses monárquicos.
Pero hubo un error. Un maldito error que el niño no olvidaría por el resto de su vida. La nodriza tropieza y el principito rueda por el piso. Un seco «crac» deja estupefacta a la mujer, y el niño no para de llorar: sus frágiles tobillos están ahora quebrados.
Esta no es una historia justa; el mismo día que queda huérfano de padre y abuelo, abandona el palacio y un tropiezo de quien lo transportaba lo transforma en un tullido, un lisiado, un minusválido por el resto de su vida.
La historia narra que jamás volvió a caminar y que tuvo que vivir incomunicado en el cautiverio, en un sitio llamado Lodebar, el lugar donde los sueños mueren y los reyes se transforman en mendigos.
Ahora ha pasado algún tiempo y el niño ya no tiene cinco años, posiblemente tiene trece o diecisiete, o tal vez treinta. Y llega la mañana de las famosas tres preguntas de la vida: trabajo, matrimonio, ministerio. Pero tampoco le gusta lo que ve en el espejo, y alguien le susurra en el oído que «carece de méritos para responder a las tres interrogantes. No califica.
Se pasó la niñez observando como otros niños jugaban fútbol, trepaban a un árbol o simplemente corrían detrás de un perro vagabundo. El estaba tullido por un error.
Los muchachos crecieron, tuvieron novias, alardearon sobre las chicas de sus sueños y dieron su primer beso. El apenas si podía imaginarlo, estaba minusválido porque alguien lo había dejado caer. Su vida social estaba dañada; pudo haber sido un rey que con solo chasquear sus dedos habría tenido un harén a su alrededor, pero era paralítico… de los pies y del alma. Se llamaba Mefí Bosset.
El relato nos sorprende porque posiblemente todos tenemos una historia triste para contar. Nuestra vida marcha correctamente hasta que un día, sin anunciarse y sin previo aviso, algo nos quiebra los tobillos y pretende cambiar el rumbo de nuestra vida. La niña descubre que ya no puede sonreír cuando su padrastro se aprovecha de su infancia y le roba lo mas preciado que una mujer puede tener; un muchacho siente que su corazón se destroza cuando su prometida lo abandona como si sus sentimientos fueran un juego de naipes; un hombre descubre que su socio lo esta estafando sin importarle todos los proyectos que tenían en común; una dama descubre que su esposo la engaña desde hace tres años con una mujer mas joven; una novia se siente morir cuando su prometido pretende manosearla; una esposa se siente violada por su marido en la noche de bodas y decide tener sexo sin alma por el resto de su vida matrimonial. «Crac». Es el sonido denominador común de todos los casos. Alguien de pronto nos hace caer, dejándonos tullidos del corazón, paralíticos del alma.
Sin duda lo mas doloroso es que en ocasiones las personas de quien mas dependíamos son las que nos dejaron rodar por el piso. De pronto la frase de una madre exasperada por los nervios nos sentencia en nuestra adolescencia: «¡Nunca cambiarás!» «¡Inútil!» «¡Torpe!» «¡Tú no eres como tu hermano!»; palabras que nos quiebran los tobillos dejándonos a la vera del camino. Parecen frases inofensivas y hasta justificadas, pero nos marcan a fuego y en ocasiones pretenden determinar nuestro futuro.
Recuerdo que dibujaba una sonrisa cuando alguno de mis hermanos comentaba: «Dante será cada vez más flaco», y hasta soltaba una carcajada cuando el profesor de Educación Física se burlaba de mis piernas endebles para los deportes; y también supe disimular cuando un líder me señaló con su largo dedo índice y sentencio: «Nunca Dios te utilizara, Él no usa a los rebeldes», pero por dentro sentía que esos «crac» intentaban arrancarme del palacio y transformarme en mendigo.
Claro que mi historia, como la de Mefi Bossct, no tiene un mal final. La Biblia narra en 2 Samuel 9 que una tarde el rey David (que había relevado en el trono a Saúl) pregunta .si acaso existe alguien de la antigua monarquía, de la casa de Saúl, que pudiese estar vivo, ya que el rey desea cumplir un viejo pacto hecho con su difunto amigo Jonatán. Alguien cercano al trono, llamado Siba, le comunica al rey David que, efectivamente, en Lodebar se encuentra el hijo de Jonatan, el nieto de Saúl, alguien a quien le correspondía el palacio… pero que vivía en el cautiverio. Y entonces ocurre lo impredecible, el rey quiere que busquen a Mefi Bosset y lo traigan a su mesa. David desea devolverle su condición de príncipe.
Ese día siempre llega para los minusválidos del alma. El vocero del Rey irrumpe un día en tu Lodebar, desenrolla un pergamino y lee en voz alta: «El edicto real proclama que regresas a tu lugar de origen, pasando por alto tus heridas y complejos. El Rey ha dispuesto que te sientes a la mesa junto a los demás comensales, a partir del día de la fecha».
Aquel que nadie quería en su equipo de fútbol de la secundaria, de pronto pasa a Jugar en las ligas mayores. El que fue llevado en brazos del palacio al silencio, ahora regresa en brazos del silencio al palacio. Mefi Bosset ha vuelto a casa, a sentarse a la mesa real, donde las gorditas olvidan su peso y los de baja estatura se sienten gigantes; donde los tobillos cicatrizan y la caída solo es un recuerdo del pasado.
Cicatrices que perduran
No podría terminar este capitulo sin agregar algo fundamental que oí de un hombre de Dios llamado Italo Frígoli: «Las heridas sanan, pero no te avergüences de la cicatriz; recuerda que hay Alguien que lleva cicatrices en sus manos y no se avergüenza de tenerlas».
Cuando teñía unos quince años me accidenté en una carpintería y me lastime los dedos de la mano derecha; me hicieron una pequeña operación y me colocaron un yeso. El medico dijo que cuando me quitaran las vendas tendría que ejercitar los dedos hasta recuperar la movilidad normal, y así sucedió. Pero ocurre algo curioso con mi mano hasta el día de hoy. Cuando hay humedad en la atmósfera, siento un leve dolor en los dedos; la molestia me recuerda que hace quince años algo le sucedió a mi mano derecha. No hay nada defectuoso en ella, pero en los cambios de temperatura me doy cuenta de que alguna vieja molestia aún perdura. No hay infección ya que pasó mucho tiempo, pero la marca se hace sentir de tiempo en tiempo.
Todos los que estuvimos alguna vez en Lodebar hemos sido restaurados en la mesa del Rey, pero nos enojamos cuando regresan los recuerdos del cautiverio, nos molesta que Dios no nos haya borrado de la mente el día en que alguien nos dejó caer. Ya no esta en el corazón, aunque en ocasiones regresa a la mente.
He orado muchas veces respecto a este tema. Una noche, luego de una reunión que celebramos en Uruguay, el Espíritu Santo me mostró de manera clara que los cristianos tenemos aproximadamente un año de «vida fértil», ese famoso tiempo del «primer amor», en el cual le predicamos a todo el mundo. Casi no podemos creer que Dios nos haya rescatado de nuestro Lodebar, así que queremos hacer por otros lo que hicieron por nosotros; vamos en busca de los Mefi Bossct, de los otros paralíticos del alma. Luego de un tiempo, nos transformamos en religiosos y nos olvidamos de los quebrados. Los demás tullidos dejan de ser almas necesitadas del amor de Dios para transformarse simplemente en «los mundanos», y olvidamos que nosotros también una vez necesitamos de alguien que nos fuera a buscar.
Es que la mesa del Rey es tan confortable, que se nos hace frágil la memoria. Por eso el cambio de clima evoca tu vieja herida. Ese recuerdo del pasado regresa por un instante para que rememores que mientras lees estas líneas, hay otros que sueñan con volver al palacio y sentarse a la mesa.
El deseo del Rey es que nunca te sientas demasiado cómodo como para desistir de ir a buscarlo.
Visto | Certeza Joven
ELEVATE (Wayne Cordeiro)
Fragmento del libro: ELEVATE (Wayne Cordeiro)
UNA PALABRA DIARIA CON DIOS
Reconstruir a la manera de Dios es imposible sin un manual del usuario. Por eso Dios nos dio la Biblia. Alguien, cierta vez, describió la Biblia como las instrucciones básicas antes de dejar esta tierra.
Cuando Anna y yo estábamos de novios yo estaba recién aprendiendo acerca de Dios, por lo que me tenía que aferrar a su Palabra y su justicia para permanecer puro y verdadero. Era mi única esperanza:
“Estoy completamente desanimado, yaciendo en el polvo. Reavívame por tu palabra. Me sujeto a tus mandamientos y los sigo tan de cerca como puedo. Señor, no me dejes echar a perder todo. Si tan sólo me ayudas a querer tu voluntad, entonces yo seguiré tus leyes aun más de cerca.” (Salmo 119:25, 30-32, Biblia al Día)
Cuando estés echado en el polvo, con tu vida diezmada por lo que tú u otra persona hicieron, hay sólo una esperanza: la Palabra de Dios. Las escrituras nos recuerdan que si nos aferramos fuerte a los mandamientos de Dios, Él nos puede ayudar a cumplir su voluntad.
EL ÉXITO SIGNIFICA CONSTANTEMENTE RECONSTRUIR
La mejor manera de reconstruir es hacerlo de acuerdo al diseño de Dios. Nunca lo lamentarás. Cuando salgas de un mal pasado o de una mala situación, el Señor te tomará justo donde estás y comenzará su proceso de reconstrucción. Recuerda los tres pasos no negociables para la reconstrucción:
1. Toma la decisión de reconstruir.
2. Escoge ir primero.
3. Reconstruye de acuerdo con la palabra y a la manera de Dios.
No hay otra manera. Entonces ¿por qué no hacerlo?
“Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.” (1 Corintios 2:9)




