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Lucas Leys – Ministerios que crecen VS ministerios que mantienen
Por Lucas Leys
Estaba leyendo Mateo 16.18 en la versión antigua, donde dice de la Iglesia que “las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.” y mientras leía me imaginaba a Satanás golpeando con unas enormes puertas a una pobre iglesita blanca de película que usaba toda su fuerza para tratar de mantenerse erguida. Recuerdo estar orando, cuando una nueva imagen se dibujó en mi mente. Era Jesús, que tomaba a la iglesia en sus manos y golpeaba con violencia las puertas del infierno para liberar a los millones que estaban detrás de ellas.
La iglesia estuvo demasiado tiempo preocupada solamente en subsistir y eso todavía nos afecta. Por muchas décadas la consigna era defenderse de un mundo que la tenía rodeada por todos lados y para eso había que cerrar la puertas del castillo y ocuparse de los que estaban adentro. Parecerse en cualquier aspecto a los que estaban afuera se consideraba un acto de insubordinación o carnalidad. Ser santo era tener un vocabulario y una vestimenta distinta; eran pocos los que pensaban en la santidad como estar separados con el propósito de extender el reino de Dios, transformando la sociedad y tomando una presencia activa en la cultura. Hace apenas unas décadas, ¿quién pensaba en estrategias, guerra espiritual, adoración contemporánea o en tomar ciudades? El interés principal era protegerse y mantener al “pequeño pueblo muy feliz.”
El sueño de quienes trabajamos en Especialidades Juveniles es que se levante una generación de líderes cristianos decididos a mostrar compasión por los que se pierden y entiendan que esa es la consecuencia de una vida de adoración. El nuevo milenio nos regala la oportunidad de tener una iglesia interesada en construir el reino en la tierra. Sólo cuando tenemos este propósito en mente podemos vivir la vida cristiana con emoción y entusiasmo. Vivir solamente para mantenernos “puros e inmaculados” o solamente abstraídos en momentos de éxtasis colectivos y cuidar lo que ya tenemos es egoísta y aburrido.
¿Mantener o construir?
En varias ocasiones que doy talleres para líderes de jóvenes hablo acerca de las diferencias entre mantener un grupo de jóvenes y construir un ministerio juvenil. Cuando hablo de este tema uso el siguiente cuadro:
Manteniendo un grupo de jóvenes
1) Motivados por actividades
2) Visión poco clara
3) Foco introvertido- contentos con una elite
4) Crecimiento cíclico
5) Ocupados en defenderse del mundo
6) Todo ronda un área ministerial
7) Mantener las tradiciones
Canto congregacional
Construyendo un ministerio juvenil
1) Motivados por propósitos
2) Clara Visión
3) Foco extrovertido – Compasivos con los perdidos
4) Crecimiento consistente
5) Enfocados en equiparse para el reino de Dios
6) Programa Integral
7) Ser efectivos
Vidas de adoración
Este cuadro también se aplica a la Iglesia en general y a tu vida personal. La primera diferencia que muestra el cuadro es que los que “mantienen” sólo se motivan por ciertas actividades. Un congreso o un campamento nos levantan el ánimo y crece el grupo; pasa un tiempo sin una actividad importante y nos vamos al suelo. ¿Por qué? Porque la motivación viene más de afuera que de adentro. Necesitamos actividades dinámicas que nos estimulen pero, más que eso, necesitamos una conexión real con el Señor que nos motive desde lo secreto e interior a alcanzar su propósito para nuestra vida. Cuando hacemos una actividad y estamos convencidos de que sirve para superarnos espiritualmente, no importa tanto que la actividad termine porque el propósito sigue. Si el propósito no está impregnado en lo que hacemos, todo termina cuando termina la actividad programada.
Otra diferencia es que los que tienden a mantener se enfocan en algún grupo selecto de personas populares y buscan conformarlas a ellas; los líderes que quieren construir ponen su foco en los necesitados. Los que simplemente mantienen no planean estratégicamente cómo crecer. Les gustaría crecer pero no hacen planes correctamente, y entonces crecen sólo porque crecen en edad los chicos de la iglesia.
Yo crecí en una iglesia donde el único índice de crecimiento era el de natalidad. Si nacían muchos hijos en una generación, la iglesia tenía buen pronóstico. Si nacían pocos, el futuro de la iglesia estaba en peligro.
Otra diferencia es que los que tienden a mantener se ocupan más de defenderse y señalar los pecados del mundo que de prepararse para extender el reino de Dios en el mundo. Muchas veces llegamos a olvidarnos de lo maravillosa que es la alternativa de Dios. Pensamos en la salvación como un pasaporte al futuro y cantamos: “Qué lindo cuando estemos en el cielo y estemos así, juntos, cantando eternamente.”
Yo escuchaba eso cuando era adolescente y me quería ahorcar. ¿Acaso la única alternativa a los placeres de este mundo es soñar con cantar en el más allá? Gracias a Dios, no. Hacer una diferencia en este mundo es la mejor satisfacción que podemos tener en la vida, de eso también se trata la adoración y Dios quiere equiparnos para eso. Los líderes que facilitan la tarea de extender el reino de Dios son los más amados, respetados y admirados por los que tienen cerca.
Otra diferencia entre los que mantienen y los que construyen es que los primeros tienden a hacer girar todo en torno a algo que les gusta y les es más fácil, en tanto que los segundos prestan atención a distintas áreas que son necesarias para un crecimiento consistente. En algunas iglesias el programa de jóvenes gira exclusivamente alrededor de un grupo de alabanza; en otros, del deporte, del estudio bíblico o de la recreación. Por ser ese su único punto de atracción, los primeros van a tener mucho éxito con aquellos jóvenes que les gusta cantar o sueñan con tocar algún instrumento; y así con cada interés en particular. El problema es que hay muchos otros jóvenes y adolescentes a los que cada iglesia debería alcanzar, pero no se sienten atraídos por esos intereses exclusivos. Recuerda que como leíste antes en este libro el canto es una posible expresión de la adoración pero la que es en espíritu y en verdad va mucho más allá.
Otra de las características de los líderes que se ocupan de mantener es como se apegan a las tradiciones. Los que construyen son los que constantemente están evaluando si lo que hacen está ayudando a alcanzar el objetivo que persiguen. Estas personas se preguntan: Hace décadas que votamos por un líder de jóvenes por año, ¿sirve o no sirve? Las reuniones de domingo por la noche son para evangelizar pero rara vez se convierte alguien, ¿hay algo mejor que podamos hacer? Todos los ministros de jóvenes se visten de traje, ¿qué comunicamos a los jóvenes con esto? Los que predican en mi iglesia son siempre hombres, ¿seríamos más efectivos si también les diéramos lugar a mujeres?
Por ultimo, específicamente respecto a cuando tratamos el tema de la adoración, los grupos orientados a mantener tienen líderes que creen que la adoración solo pasa por el canto congregacional en vez de enseñar o vivir una vida de adoración. Por eso crean una mentalidad de dos planetas: el del culto y el real. Así los chicos solo dependen de que el culto “esté bueno” para disfrutar de la adoración o no, aunque pronto se aburren porque es solo un asunto que rara vez tiene consecuencias prácticas.
De renovación a revolución
Muchos jóvenes se sienten frustrados porque piensan que sus líderes no les dan espacio para servir al Señor. Algunos se frustran porque saben que lo suyo no es predicar ni dirigir la alabanza, pero parecería que la iglesia no les ofrece otra cosa para hacer. Desde Pentecostés la historia no había registrado un movimiento de alabanza y adoración comparable al de nuestros días. Miles de personas en todos los continentes están orando por avivamiento. Iglesias enteras ayunan para que veamos un tiempo de cosecha como nunca antes se vio y esto es sensacional. Pero si entendemos que es la adoración toda esa renovación tiene que traducirse en una revolución de valores, de ética y de justicia social. En esto tu generación juega un papel principal y tú tienes un papel protagónico. Entablar con dialogo con el Dios creador del universo el cual quiere redimir su creación y en especial a la humanidad significa que Él comienza cambiando a quienes entran en esta relación. Entonces sí, la renovación de la iglesia traerá la revolución que el mundo necesita. La clave para esta revolución está en sacar nuestra vida de adoración de los templos y demostrar que el reino de Dios no consiste en palabras sino en poder para modificar nuestra sociedad.
Dejando de jugar al ministerio juvenil
El ministerio juvenil no es juego, aunque sea divertido. Esto es así porque hay vidas involucradas. Por esto debemos siempre evaluar objetivamente el proceso que llevamos adelante. Pocos tienen esta capacidad de repensar el servicio o se hace desde “adentro”. Lo que no nos permite ser objetivos y se pierden grandes posibilidades de crecer como ministerio y como seres humanos.
Por esto, creo que “dejar de jugar” es de alguna manera repensar el ministerio juvenil y evaluar si estamos recorriendo el camino que trazamos o estamos perdidos. Los siguientes puntos representan algunas reglas que nos pueden servir para desarrollar un ministerio sano, con mayor apertura hacia la misión que tenemos: la sociedad juvenil.
1. Embarazado (Proceso). Gálatas 4:19
Uno de los fuertes principios posmodernos es que cada compromiso es a “corto plazo”, nada a “largo plazo”. Esto a perjudicado el ministerio juvenil y como consecuencia hoy no podemos entender que la espiritualidad del joven es un proceso que debemos respetar. Muchas veces abortamos este proceso de conocer a Jesús.
Es por esta causa que los ministerios juveniles no son espacios para “pecadores evidentes”, sino sólo para aquellos “maduros” y que ahora saben pecar sin ser tan evidentes. En la iglesia no tenemos fumadores, prostitutas y pecadores sinceros porque no soportamos el proceso. Abortamos el nuevo nacimiento y perdemos todos. Somos aguafiestas del cielo. Creo que si Pedro hubiera sido miembro de una de nuestras iglesias lo hubiéramos tildado de muchas cosas y no hubiéramos esperado el proceso que esperó Jesús para verlo nacer de nuevo y crecer.
“Nada a largo plazo” significa moverse continuamente, no comprometerse y no sacrificarse. Los ministerios juveniles están preocupados por ser dinámicos y enfatizan la movilidad continúa, pero poco se preocupan por ser comprometidos y sacrificados con las necesidades de los jóvenes. He visto ministerio hermosos, que tienen grandes encuentros, fantásticos campamentos y grupos eficientes, sin embargo he visto pocos ministerios que apuestan al compromiso con la realidad del joven, lo entretienen pero no lo acompañan en los momentos de dolor o simplemente en su diario vivir.
Creo que para impactar a los jóvenes de hoy debemos tener ministerios slow. Pero lento no quieren decir muertos, sino que tengamos como premisa los siguientes puntos:
I. Reflexionar, no buscar el éxito por la celeridad de los eventos, sino por el proceso. Crecer, madurar es cuestión de tiempo. Debemos darle tiempo a los jóvenes y no exigirles adelantar este proceso. Podría traer como consecuencia un nacimiento debilitado, prematuro. La iglesia primitiva respetaba mucho el proceso de discipulado. Adiestraba a los catecúmenos y tenían un maestro, un referentes que los acompañaba. Hoy debemos hablar de mentores que acompañan el proceso seriamente y buscar el crecimiento sano de cada joven. Los jóvenes más que eventos necesitan nuestra presencia en el proceso de su fe. La clave es no ser abortivos. El ministerio juvenil no es coercitivo, avasallador, combativo, sino más bien suave y delicado como una partera porque sabe que dar a luz lleva su tiempo y que no se puede apurar sin causar un posible daño letal (metáfora de Kierkegaard, citado por Brian McLaren en Más preparado de lo que piensas, Ediciones Kairós). Cuando respetamos el proceso de espiritualidad en el joven, ganan todos, el joven mismo y el ministerio, ambos crecen sanos y se desarrollan. Los eventos no pueden compensar los procesos.
II. Desarrollar vínculos fuertes y comprometidos. No débiles como aquellos que cita Sigmun Bauman en Amor Líquido donde la tecla delete nos permite matar una relación, donde las relaciones son de bolsillo, las sacamos cuando las necesitamos. Hoy sólo nos juntamos con aquellos que piensan igual que nosotros y nos ha cortado la posibilidad de hablar un idioma universal, neutro para que todos nos entiendan, esto corto la comunicación (ej. La Gran Comisión, Cruzadas, Campañas, ganar almas, apartados, convertidos, pescadores de hombres, etc.) ¿Qué sucede si uno de tus jóvenes anda por la calle con una remera que diga “soy pescador de hombre”? Opción 1: celebrarías su acto de fe y su compromiso con la Gran Comisión. Opción 2: dudarías de su identidad sexual y pensarías en armar alguna charla sobre el tema homosexualidad. Una vez le pregunté a un grupo jóvenes que simpatizaban con el cristianismo y a otro grupo que no lo siguiente: ¿qué significa para vos la frase “Gran Comisión”? ¿Qué es lo que viene primero a tu cabeza? Respuesta de los cristianos: evidentemente se refiere al gran mandato de Jesús de predicar a todas las personas del mundo. Respuesta de los no cristianos: creemos que se refiere a una gran venta y que como resultado de haber vendido algo recibís una gran comisión. Sobre este tema saca tu conclusiones.
El ministerio juvenil es un ghetto cerrado donde todos deben pensar como todos y quien no es igual es un candidato a ser eliminado implícita o explícitamente.
Los ejércitos de la OTAN tienen la característica de mantener su cultura a pesar de vivir en diferentes países. Los soldados se encierran en sus cuarteles y tiene su música, su comida, su lenguaje, etc. Y no tiene contacto con el mundo exterior. Por esto son llamados ratas de cuartel.
Muchos cristianos se han convertido en ratas de iglesias. Tiene su lenguaje, su música y todas las demás cosas “no contaminadas”, santas, no mundanas o paganas.
Está perspectiva de la vida en comunidad ha cortado el diálogo con la sociedad. Hoy somos visto como gente encerrada en sí misma y la estructura edilicia de la iglesia nos ha servido para refugiarnos del mal, pero no para ser luz en medio de las personas
2. Sensible (audacia – no moldearse)
En el mundo posmoderno se vive siendo esclavo de la celeridad. Corremos de uno lado a otro, buscamos cumplir con todos los compromisos y aún así no os alcanza el tiempo. No podemos dormir pensando en lo que tenemos por delante el próximo día.
Los tiempos no se han acortado, nuestras vidas se han sobrecargado y por ende, limitado. Y nada contribuye a tomaros un descanso y reflexionar sobre lo que vivimos.
Como resultado de esto el ministerio juvenil se ve afectado. En primer lugar, la celeridad no nos permite apreciar los detalles del servicio que estamos realizando y específicamente, no nos permite ver el potencial de los jóvenes. En segundo lugar, nos volvemos inflexibles por temor. Esto ocurre cuando creemos que todo se nos va de las manos, lo que refleja que queremos tener todo en nuestras manos y como consecuencia nos amoldamos a lo que siempre hicimos, a lo que el molde nos determina. Y en tercer lugar, no nos permite reflexionar, evaluar, cuestionar lo que hacemos.
Romanos 12:2 nos da algunas pautas que nos pueden servir para comenzar a ver lo que nuestros ojos no nos permiten a causa de la celeridad posmoderna en la que estamos sumergidos:
1. No se amolden al mundo actual. Pierre Bourdieu (sociólogo y antropólogo francés, autor de La reproducción, no temas leer este libro) afirma que todo modelo que busca legitimar el poder y perpetuarse es perverso. Los moldes no son naturales, son dados para limitar el accionar del libre pensador. Los moldes han debilitado la iglesia. En mi experiencia pastoral he visto que en el momento que se quiere copiar un modelo ministerial se ha fracasado. Cada grupo juvenil tiene sus características particulares, sus necesidades concretas y su contexto socio-cultural. Amoldarse es acomodarse y estar cómodos es uno de las mayores tentaciones del cristiano. Un cristiano cómodo no gravita en su comunidad y como consecuencia no desarrolla la misión que tiene por delante. Hoy existe una adicción a los modelos de éxito, sin embargo los que se han desarrollado de forma sana y han logrado sus objetivos son aquellos que se gestan dentro del mismo grupo, bajo un serio análisis de las necesidades de la comunidad juvenil y el servicio que se le podía prestar, sin dobles intenciones.
• Ejemplo: los coordinadores del ministerio Operación Jc (un ministerio juvenil de la zona urbana de Buenos Aires) decidieron seguir con el modelo anterior. Sin embargo, no tuvieron en cuenta que los chicos eran diferentes, habían crecido, se habían renovado el grupo y además, ellos no eran como los coordinadores anteriores. Finalmente, el grupo terminó siendo una parodia de lo que era el modelo anterior.
2. Transformados mediante la renovación de su mente. En el imaginario eclesiástico la palabra renovación tiene que ver con aquellas manifestaciones carismáticas contemporáneas y con cambiar las formas de la liturgia. Sin embargo, renovar significa llevar eso viejo a nuevo, no significa cambiarlo. Cuando Pablo habla de renovar se refiere a sacudir el polvo y restaurar algo. El ministerio juvenil necesita ser sacudido, sacarse el polvo, necesita ser restaurado. Jesús vino a sacudir varias cosas que estaban llenas de polvo, miremos algunos ejemplos:
- El trato hacia las mujeres.
- La estructura del poder religioso.
- El liderazgo político.
- La historia.
¿Qué cosas deberías renovar en el ministerio juvenil que se han alejado del propósito de Dios? ¿Qué cosas responden a un interés personal y no al interés divino? ¿Te echaría Jesús del ministerio juvenil o estás a tono con su espíritu?
¿Daría vuelta Jesús nuestro ministerio como lo hizo con la mesas de los comerciantes en el templo?
Jesús no tuvo temor de desarrollar un ministerio fuera del molde tradicional, que cuestionó aquellas cosas dadas que iban en contra del propósito de Dios y comprobó la voluntad de Dios en el potencial de los discípulos, creyendo en ellos, a pesar de ellos. Jesús no tuvo un ministerio discreto y dócil. Tuvo un ministerio osado, audaz. Con un objetivo: cambiar lo que no era inspirado en el amor a Dios y el prójimo.
3. Creíble (autenticidad)
Este es uno de los mayores obstáculos que presenta la iglesia hoy. Hay muchos ilusionados con fulano o mengano, pocos ilusionados con Dios. Todos somos buenos viejos pecadores y nadie sabe que somos potencialmente desilusionadores. Para que nuestros ministerios sean creíbles los coordinadores o facilitadores debemos ser creíbles.
Sé autentico, genuino, no trates de mostrar algo que no sos. No formes una imagen incorruptible y competente, sino frágil, imperfecto. Sólo así los demás podrán resistir el temblor que provoque tus caídas. Sólo así te verán como uno más que necesita ser restaurado, levantado, ayudado.
Los especialistas en comunicación dicen que la autenticidad es el rasgo más poderoso
de una persona que se presenta frente a un público. Nada puede sustituir su credibilidad.
Jesús fue auténtico:
- Exhibía una extraordinaria vulnerabilidad:no oculto en su bolsillo trasero los bordes desordenados de la vida y las emociones que la mayoría esconde cuidadosamente: la aflicción y el júbilo, la dependencia y el cariño, la angustia y la necesidad. Los siervos de Dios son sensibles y vulnerables, no tienen temor de mostrar aquellas cosas que podrían “hacerlo real”.
Ejemplo: Uno de los chicos del ministerio juvenil en la iglesia donde colaboro comenzó el año transmitiendo su deseo sobre las expectativas que tenía: él quería conocer gente de carne y hueso y aprender a serlo.
El regalo de la vulnerabilidad es que tus palabras serán como bálsamo para la vida de tus oyentes. No sucederá así si despiertas sospechas, enojo, temor o amargura. Cuando eres vulnerable creas una atmósfera de sanidad, no de culpabilidad.
- Hablaba con sorprendente franqueza y sus palabras transmitían constantemente amor sincero y un sentimiento profundo de piedad. Pero cualquiera fuera su mensaje Jesús no abandonaba su franqueza.
Ejemplo: Lucas, de 15 años, me dijo: poco son los lugares donde puedo hablar con franqueza sin que me juzguen por lo que digo. ¿Te puedo hacer una pregunta? Dios ¿violó a María para que tenga a Jesús?
El regalo de la franqueza es la confianza. Somos francos cuando reconocemos la posibilidad de estar equivocados. Y esto nos capacita para ser gente de confianza, porque somos capaces de reconocer nuestros errores.
- Se hacía sorprendentemente accesible. Hoy dicen que la familiaridad produce desdén. Los grandes hombres exitosos de Dios son los menos accesibles, sin embargo Jesús fue terriblemente diferentes a ellos. Era tan accesible que los niños se le colgaban, las prostitutas le lavaban los pies, los enfermos le tocaban la ropa. Él se ubicaba continuamente con la gente.
Ejemplo: los grandes compromisos nos han apartado de la gente, es la peor tentación del coordinador. No dejes que nada te parta de la gente, con ellos es donde desarrollas el ministerio juvenil.
El regalo de ser accesible es la intimidad. Ser cercanos nos permite estar cerca de la gente en momento importante de sus vida y esto da como resultado que las personas entreguen su intimidad ya que saben que eres franco.
4. Nosotros (comunidad).
El ministerio juvenil debe estar caracterizado por el pronombre nosotros. Pero no como un simple deseo de transmitir una cierta horizontalidad, sino como parte de la visión que Jesús nos transmitió en su vida. Miremos algunos puntos que nos reflejan la idea de Jesús de desarrollar un grupo de personas que pensaran en nosotros, no en yo o ellos:
a. Compañeros de viaje: Jesús eligió a los doce para que estuvieran con él. Esto nos habla del propósito comunitario de su ministerio. Nos enseñó la importancia de ir de dos en dos en la misión de predicar, nos mostró en el Getsemaní la importancia que toma la compañía del otro en tiempos de sufrimiento. Los compañeros de viaje son aquellas personas que están a nuestro lado, que nos brindan un espacio de confesión, de apertura y nos desafían a seguir adelante. Son aquellas personas con las cuales compartimos nuestras flaquezas y no nos juzgan, sino que nos permiten escuchar un perspectiva sin dobles intenciones. Jesús no hizo su trabajo solo, aunque podría haberlo hecho. Nosotros no podemos viajar en un ministerio sin un grupo de personas que nos ayuden a encontrar el rumbo. La soledad del líder es uno de los mayores peligros para su integridad.
b. Perdernos entre nosotros. En Mateo 26:47-56 vemos a Judas entregando a Jesús. Si nos acercamos al relato con mayor detenimiento vemos a un entregador dando una señal o contraseña como dice la NVI: un beso. Frente a esto debemos preguntarnos, ¿acaso no era identificable Jesús? ¿No lo conocían todos? ¿No era el que se destacaban entre los discípulos? Evidentemente vemos en la respuesta de Jesús a Judas un principio para destacar. Jesús le respondió Amigo, ¿a qué vienes?: Jesús se perdió entre los discípulos a causa de un liderazgo amistoso. Este clase de liderazgo no busca destacarse sino que los demás se destaquen, no busca que le laven los pies sino lavarlos, no busca el reconocimiento pero tampoco tiene falsa humildad. Tiene seguridad y realización en algo mayor, en el mismo Jesucristo.
c. Jesús formó una red, no un grupo de líderes individuales. Estamos acostumbrados a un liderazgo vertical, o también conocido como liderazgo de botella. Todo debe pasar por el cuello, sino se pasa por el líder nada puede salir o suceder. Esto habla de una falta de confianza en los demás y miedo a que las cosas no se hagan a la manera de uno. Creo que Jesús estableció un grupo con la confianza suficiente para decir barbaridades, un grupo donde la posibilidad de equivocarse no constituía una tragedia.
d. Potenciar. Los adolescentes son el tesoro del ministerio, son lo que le dan vida y sentido. No los pastores o los líderes. Es triste ver el showman en el escenario y los adolescentes debajo elevando el ego con aplausos y manifestaciones, en el mejor de los casos. El ministerio debe ser fundamentado en la igualdad y permitir que sea el adolescente quien se desarrolle en todo su potencial. El punto aquí es lograr que el ministerio no sea un pretexto para la realización personal del líder, sino las del adolescente. Ellos debe ver que nos necesitan, pero que ellos por sí solos valen mucho y que también nosotros los necesitamos; que son parte de nuestra vida. Debemos comenzar a descubrir el potencial. Debemos ver como Jesús veía en Simón una roca, debemos ver como Dios ve, no las apariencias, sino el corazón.
El ministerio entre adolescentes debe tener una perspectiva de potencialidades. Lograr que cada adolescente sea conducido en su camino y alcance los propósitos que Dios tiene para su vida. Esto implicará:
1. Alentar el desarrollo de la diversidad de dones: en su preciosa diversidad Dios ha establecido diferentes dones para el desarrollo del cuerpo comunitario. Cuando un ser humano puede, libremente, desarrollar sus dones se siente completo y útil. Dejemos que los chicos desarrollen sus diversos dones. Para esto debemos crear espacios y tiempo para que cada uno sirva al prójimo.
2. Espacios de participación: participar en una comunidad nos hace sentir parte de ella. Los adolescentes son parte del grupo que los hace partícipes. El ministerio entre adolescentes debe ser un taller donde ellos alcancen un alto grado de participación. Ellos, recuerda que, por lo general, están libres de prejuicios históricos y de temores. Por esto vendrán con las ideas más disparatadas, vos como ministro deberás jugarte por ellos y sus ideas. No las apagues y recuerda las ideas poco comunes que Dios dio a sus hombres en la historia. Sal de la barca segura y mójate los pies.
3. Responsabilidades compartidas: otro paso de confianza para los chicos es que le compartas responsabilidades. De menos a mayor, en lo poco has sido fiel en lo mucho te pondré. Asegúrate que nadie quede relegado a esta posibilidad, de lo contrario te habrás ganado la apatía de uno cuantos. Los ministerio que más pronto han fracasado son aquellos que tienen como punto de partida y de llegada un líder orquesta. Compartir las responsabilidades no sólo te mantendrá en perspectiva sino que dará motivación a tus chicos. Pero implicará también delegar autoridad.
4. Delegar autoridad: es fácil compartir responsabilidades pero es muy difícil compartir la autoridad. Naturalmente deseamos tener cada vez más poder, nunca pensamos en disminuirlo. Tampoco esto es popular en la subcultura evangélica, algunos aducen que es irrevocable la autoridad y que no se puede menguar para que otros crezcan. Pero, la delegación de autoridad responde al espíritu bíblico. Dios ha delegado autoridad en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, la historia humana nos muestra que el ser humano no ha delegado poder sino que lo ha mal usado para propósitos personales. Los adolescentes deben ver que nuestra confianza en ellos es importante. Como la que Dios tiene hacia cada uno. Delegar es sano, aunque el otro se equivoque no haga las cosas como queremos, ya que le permite darse cuenta sobre sus errores y desarrollar la creatividad, muchas veces mejor que la nuestra. Nuestra función será tener una autoridad que guíe y aliente al desarrollo de las potencialidades del adolescente.
“Menguar para que ellos crezcan” debe ser el lema del equipo pastoral entre adolescentes. Veamos esto detenidamente en la siguiente perspectiva:
Los jóvenes necesitan más que la frase “Puedes cambiar el mundo”. Ellos necesitan ver de vos que estás dispuesto a cambiar, a experimentar nuevas sensaciones, a mirar lo que otros no ven, ni sienten.
Muchos jóvenes está repitiendo la celebre frase de Martin Luther King…
Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo hoy todavía plantaría un árbol.
Dales el espacio de tierra que necesitan.
5. Aprender (humildad).
• Todo lo que sabemos lo hemos aprendido. Una de las marcas de los ministerios que se toman las cosas enserio es la capacidad de entender que ha habido personas y circunstancias que nos han enseñado. Esto nos permitirá entender que tenemos mucho que aprender todavía, que nunca dejamos de ser aprendices, discípulos.
• Nunca dejemos de aprender de todos, aún de aquellos que pensamos que no tienen nada que enseñarnos. Todos tienen una historia que les ha permitido aprender. Como ministerio juvenil debemos respetar la historia de los jóvenes, sus éxitos, sus fracasos y sus esperanzas. Aprendamos a escuchar al otro, sin juzgarlo por lo que aparenta. Nunca dejemos de aprender de otros ministerios. Un de las marcas de los ministerios sanos es que crecen por la experiencia propia y de la de otros también.
• Aprender como estilo de vida te hace crecer. Aprender es una de las acciones continuas de la persona humilde. Actualización, capacitación, lectura, investigación, etc. Son algunos elementos de los cuales podemos aprender.
6. Integridad (cuidado)
Hace unos meses, después de terminar de dar clases, me senté en un café muy conocido en el Mcmundo. Pedí un café mediano y me preparé para leer un libro. De repente una sombra vino sobre mi. Era la sombra de una persona grande. Levanté mi mirada y no podía creer lo que veía. Hacía años de aquel último encuentro de jóvenes. Era mi líder juvenil. Ella y su esposo había marcado mi vida con su servicio en la iglesia, donde concurrí cuando era adolescente. Sin su labor de amor, hubiera sido difícil seguir adelante. Sin embargo, cuando la ví en aquel café, no era la misma. Estaba cambiada, su semblante no era la de una persona segura y feliz. No sentamos a charlar y entendí varias cosas de su aspecto. Ella y su esposo estaban en el proceso de divorcio. Él la había engañado en varias ocasiones, aún siendo parte del equipo pastoral. Ellos habían adoptado dos bebés y luego de esto, la separación. A raíz del engaño, ella intentó suicidarse cinco veces y había estado internada en un hospital neurosiquiátrico. Por esta razón, corría inminente peligro perder a los dos chicos. Yo estaba impactado, pocas eran las palabras que balbuceé. Pero en un momento de lucidez le pregunté: ¿qué hizo que se alejaran el uno del otro? ¿Cuál fue la causa de la ruptura? A lo que ella contestó: nos agotamos en el ministerio. Ese cansancio sumado a las exigencias continuas provocaban en nosotros irritación. Sumado a una relación con Dios que iba en baja. Pensábamos que servirlo era igual a estar cerca de Él.
Lamentablemente los ministerios juveniles pueden ser una de las causas de falta de integridad. Líderes o coordinadores han engañado sus fundamentos con el mismo ministerio. Se han ido con “otra” y esa otra es la pasión desmedida por ocuparse del servicio a los jóvenes y descuidar otros aspectos que son fundamentales de todo accionar ministerial:
1. La relación constante con Dios.
2. Cuidado y atención a la familia.
En mi experiencia veo que bajo el lema “hagamos la cosas con excelencia” abandonamos los dos vínculos fundamentales de la vida: la relación íntima con Dios, el tiempo a solas con aquel que renueva nuestras fuerzas y nos transmite su ánimo para seguir adelante. Dios junto a nosotros es la clave del no agotamiento. En segundo lugar, la familia. Los hijos y las esposas de líderes sienten que el ministerio o la iglesia “les robó” a su padre o esposo. El resentimiento y la falta de atención que provocamos en nuestros hijos no es fácil de sanar. Nunca verán al ministerio o a la iglesia como “algo bueno” si cansa, agota y trae problemas a mi esposo/a, mamá/papá. Y menos aún si se los roba.
vía | Especialidades Juveniles





